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PSOE: De la renuncia de Sánchez a las conspiraciones y desvergüenzas.



Ayer sábado se consumó la ignominia y la traición al pueblo y la democracia que creíamos existía en este país. El grupo socialista, tras un Golpe de Estado en el seno de un partido con 137 años de historia supuestamente de izquierdas, se abstuvo dándole el poder a un político gris y de trayectoria en absoluto brillante, al frente de un partido podrido por la corrupción y en el que prima la ideología de ultraderecha, por mucho que intenten describirse como ‘de centro’.

Aún quedan muchos ciudadanos, millones de votantes, miles de militantes, que se preguntan por qué el PSOE cayó en tal traición a sus afiliados y a quienes le otorgaron su voto. Y no faltan por ello quienes, con mayor o menor acierto, cuentan supuestas historias de conspiración y ucases monárquicos que pretenden explicar la razón de tal traición. Intereses personales aparte de algunos líderes de ese partido de los que, desde hace años, se conoce su traición a una formación que utilizaron y utilizan para enriquecerse y hacer negocios más o menos espurios.

Para cortar esa avalancha conspiración, Pedro Sánchez, debiera hablar con claridad, ahora que ya no tiene que callar ni en razón de su cargo ni en su compromiso, roto ayer, con el Grupo Parlamentario de su partido.  En tanto guarde silencio las historias de conspiración o las elucubraciones no cesarán dejando a los ciudadanos con el amargo sabor del desconcierto y la derrota inevitable y la, dramática, certeza de que este no es un régimen democrático y hagamos lo que hagamos y votemos lo que votemos tendremos que resignarnos a sufrir el avasallamiento de una mafia del dinero y el poder, de la que nunca podremos librarnos.

Hoy mismo, el periodista Ernesto Carratalá, en Diario16**, pretende explicar en un artículo un tanto confuso, utilizando poco menos que conjeturas, que desde Ferraz -sede nacional del PSOE- algunas fuentes, que piden permanecer en el anonimato, aseguran que, después de las elecciones de junio, a antiguos dirigentes del PSOE, la Casa Real se les hizo llegar una serie de mensajes en el sentido de que el rey, Felipe VI, estaría recibiendo “fuertes presiones” por parte de estamentos “económicos y militares” en el sentido de que había que acabar con esa situación. ¿De verdad a estas alturas siguen existiendo “estamentos militares” capaces de presionar en las decisiones políticas? Más creíble es que esas fuentes sean económicas, el IBEX, las grandes fortunas y, obviamente, dirigentes socialistas que cabalgan en la actualidad a lomos del poder de los consejos de Administración y negocios más o menos dignos o limpios.

Que en el PSOE se produjo un Golpe de Estado contra Pedro Sánchez es algo que nadie duda, que ese golpe de fuerza estuviese inspirado por “estamentos militares” resulta un tanto increíble. Pero ha de ser Sánchez el que aclare las razones por las cuales fue defenestrado cuando estaba a punto de cuajar un Gobierno que nos hubiese librado de aguantar las políticas reaccionarias de un PP, conducido por un político de escasa transparencia e inclinaciones fascistoides, como es Mariano Raxoi Brei.

Porque si el citado Carratalá dice la verdad y, cuarenta y un año después de la muerte física del dictador, sus sucesores, el rey emérito, jubilado o derrocado a causa de sus aventuras amorosas y económicas, y su efectivo sucesor, Felipe VI, tienen ese poder para borbonear y colocar gobiernos a su gusto, o a sus inclinaciones, cediendo a presiones, habrá que plantearse la utilidad y garantías de democracia que puede suponer la monarquía a estas alturas.

Con todo, el devenir de la historia, o su perspectiva, suele ser lenta. Cuando millones de españoles nos preguntábamos, desconcertados, por qué Aznar se había lanzado a apoyar, sin razón aparente alguna, una guerra inmoral, indecente, injusta e ilegal como la de Iraq, tardamos años en constatar que detrás de su política internacional lo que tan solo había era una maniobra de intereses personales que, a día de hoy, le reportan más de trescientos mil euros anuales por su pertenencia al consejo de Administración de los medios de ese remedo de William Randolph Hearst* llamado Rupert Murdoch, que le enchufó en ellos como agradecimiento a su apoyo al loco de Bush.  

Años después, recuerdo haber pasado horas, hasta la madrugada, especulando con una inteligente mujer, cuáles eran las razones que habían llevado a la crisis de 2008 y quiénes iban a ser sus beneficiarios. Tendrían que pasar algunos años, y la aclaración del millonario Warren Buffet, cuando afirmó que la crisis “claro que es una guerra de clases y somos los ricos los que la estamos ganando”.

Ocho años después está claro para que se urdió una crisis que cayó sobre el mundo occidental como un meteoro adverso y acabó con derechos laborales por los que se peleó durante siglos, y acabó, de un plumazo, con todo lo conquistado -¿o regalado?-durante los años de los Estados del Bienestar, por miedo a que los trabajadores occidentales se pasasen al bando comunista si occidente tensaba la cuerda de las desigualdades que, tras la caída del Muro de Berlín, no tuvo ya freno ni cortapisa para acabar con una supuesta igualdad y relegar a quien se creía miembro de las clases medias a la vieja y humillada clase del explotado proletariado.

Sobre todo, en esta España que, por mucho que nos contasen, no vivió transición alguna tras la muerte del dictador. Y si aún alguien duda ahí están los resultados de una votación a favor de un Presidente reaccionario, protector de corruptos, beato y filofascista.

Especulaciones o conspiraciones aparte, la realidad es que quienes dieron el Golpe de Estado en el PSOE, Felipe González y Susana Díaz como máximos inspiradores, uno por defender sus negocios millonarios y la otra por su ambición personal, que no queda nada claro que no haya quedado, afortunadamente, dañada para los restos, coreados y apoyados por una serie de barones vendidos a intereses económicos inadmisibles para la ideología socialista, la realidad es que quienes se hicieron con el poder en el PSOE a principios de octubre, representan lo más desvergonzado, traidor y reprobable de un poder corrupto que, desde Suresnes, ha ido deteriorando a un partido, creado hace 137 años, con el fin de proteger a los trabajadores y mantener con dignidad ideas de izquierdas, convirtiéndolo en una triste y miserable caricatura de sí mismo. 

Para desesperación de sus afiliados y votantes.


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