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No habrá Ave Fénix que pueda remontar el vuelo de las cenizas del PSOE.



Tras el golpe de Estado protagonizado, según el irónico e inteligente Josep Borrell, por “ni siquiera por un sargento chusquero, sino más bien por un cabo furriel”, los golpistas defensores de las puertas giratorias y las privatizaciones, de los repartos de poder, sinecuras, privilegios y diversas fechorías perpetradas con candor junto al PP, los socialistas pusieron al frente de la Gestora a un desagradable y poco honesto individuo del que nos hemos enterado de algunas cosas gracias a un clarificador vídeo lanzado a las redes por Pablo Echenique, de Podemos.

El medio que lo publica, ‘esdiario’, dirigido por el exmilitante del PP Antonio Martín Beaumont, conocido por su presencia como tertuliano en La Sexta siempre defensor del partido en el que militó, titula, no sin resentimiento y con una notable ingenuidad “Podemos rescata un vídeo sobre la cara B de Javier Fernández para hundirle” (el entrecomillado es de este blog). Desde luego el vídeo es clarificador sobre quién representa en la actualidad la máxima autoridad del PSOE: chalaneos y reparto de poder con el PP, trabas a pactos con partidos más progresistas dejando gobernar al Foro Asturias, de Álvarez Cascos, maniobras poco claras sobre el Musel, el puerto de Gijón que da pingües beneficios a los corruptos en perjuicio del pueblo asturiano.

El vídeo, lanzado a las redes por Podemos, resulta enormemente clarificador de lo que está siendo la política del PSOE en los últimos años, un complemento del PP, ni siquiera el yin y el yang, sino la misma cara de una moneda oxidada y herrumbrosa con la que los viejos dirigentes de ese partido pretenden que los ciudadanos compren sus programas, más allá de la decencia y la razón.

Javier Fernández es un tipo que disfraza de pragmatismo sus malas decisiones, contrarias, incluso a la legislación europea, con el fin de ganarse la voluntad de sectores que, en un país democrático y civilizado, tendrían que estar más controlados y vigilados: los cazadores y ganaderos que falsean la realidad para cobrar seguros por la pérdida de ganado que, dicen,  matan los lobos, cuando son ellos mismos los que sacrifican a los desdichados animales con el fin de recibir indemnizaciones y forzar, como hicieron los cazadores, la autorización de la masacre del lobo ibérico, aun cuando se trata de una especie protegida en toda la UE y a la que accedió inicua e inexplicablemente Javier Fernández.  

Ese detalle, que podría considerarse menor en la biografía de un gobernante, pone de manifiesto la ausencia de sensibilidad ecológica que debiera mostrar quien rige un partido presuntamente de izquierdas. Mas, tristemente el PSOE ya no es un partido de izquierdas, quizá ya no es ni un partido, si no el apéndice deforme de otra formación dedicada a explotar y esquilmar al pueblo, como es el PP.

Hace unos días, entre la miríada de artículos que se han escrito sobre la falsa crisis del PSOE -no hubo una crisis si no un golpe de Estado dado por la fracción más reaccionaria y vendida al sistema, encabezada por Felipe González y Susana Díaz, y todo el coro de dinosaurios como Corcuera, Bono, Leguina, etc.- alguien se preguntaba para qué hacía falta un PSOE como el actual que no representa ya la mínima opción de cambio de ideología, para qué, se preguntaba el autor del artículo, que lamento no recordar, “¿qué falta hace en España dos partidos iguales de centro derecha?”.

Qué es lo que quiere hacer Fernández con el PSOE, un segundo partido de centro derecha que cierre el paso a cualesquiera formas de progresismo y liberación de una economía opresiva e injusta de recortes y desigualdades. Ya lo dijo, a la hora de valorar las políticas de Pedro Sánchez, al definirlas como de ‘voluntad de ‘podemizar el PSOE’, precisamente lo contrario de lo que están haciendo quienes dieron un Golpe de Estado en las estructuras del PSOE, que pretenden pepeizar  esa formación hasta convertirlo en tan solo un apéndice inocuo de un falso sistema democrático de turnos que no representan nada diferente, manteniendo siempre a los mismos en un poder omnímodo en el que nunca nadie plante cara a las injusticias y el perverso reparto del dinero público, del de todos los ciudadanos que, sin el menor respeto por las leyes, reparten a su albedrío, entre grandes empresas, al perdonarles impuestos, o a la secta católica, porque sí,  y cuantas acciones les proporcionan beneficios a ellos.

Con todo lo sucedido en los últimos días en el PSOE, y la realidad, admitida con total desfachatez en la cavernaria emisora del clero, 13TV, cuando un conocido periodista, Ramón Jáuregui, reconoció que “Había que hacer algo porque Sánchez estaba a punto de cerrar las negociaciones de un Gobierno Frankenstein”, Gobierno en el que hubiesen estado PSOE, Podemos y otras formaciones poco proclives a mejor servir al IBEX y a la derecha, facilitando, de alguna manera, que la ciudadanía recuperase sus derecho y su dignidad.

Tal y como han sucedido y se están desarrollando los hechos, a tenor de declaraciones de algunos periodistas bocazas a los que, sin darse cuenta se les escapa la realidad, es fácil deducir que, durante muchos, muchos años, de las cenizas que han quedado del PSOE tras la rebelión de los vendidos al IBEX no habrá Ave Fénix que permita que la formación ahora regida por ese asesino de lobos y defensores de acuerdos impresentables, pueda remontar vuelo alguno.

Pasarán lustros… Ojalá me equivoque.  

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