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El patrioterismo taurófilo del Tribunal Constitucional: Todo vale para fastidiar a los catalanes.



La prohibición de las corridas de toros en Catalunya tuvo lugar tras una iniciativa popular que contó con la participación de miles de personas contrarias a la salvajada de los espectáculos taurinos. Muchos animalistas, sin vivir en Catalunya ni ser independentistas, firmamos miles de veces en contra de los sádicos espectáculos taurinos. Sin embargo, que el Parlament de Catalunya aprobase la prohibición puso en marcha toda la maquinaria del PP y de ‘su’ Tribunal Constitucional, presidido por Francisco Pérez de los Cobos, un jurista especializado en Derecho Laboral, donante y afiliado de base del Partido Popular, elegido por esa razón por el PP para contar con alguien de su confianza que dicte las sentencias del alto tribunal siempre a gusto del partido gobernante.

Lleva el Tribunal garante del cumplimiento de la Constitución innumerables sentencias en contra de las decisiones del Parlament catalán en una deriva impulsada por el gobierno de Raxoi, consistente en fabricar cada día más independentistas a fuerza de criminalizar cualesquiera decisiones que tomen en esos territorios. Nadie como el PP ha venido dando tantas razones a los catalanes para querer dejar de pertenecer a una España casposa, retrógrada y cruel, la España del PP que considera, torpe y estultamente, que los espectáculos de tortura de bóvidos indefensos son arte y, sorprendentemente “un bien inmaterial de la Humanidad’, calificación que tan solo se apoya en este esperpéntico país, a impulso del no menos esperpéntico exministro Wert, miembro de un gobierno igualmente extravagante, que identifica ‘lo español’ con la crueldad de un mundillo, el de los tauricidios, machista, zafio, inculto y que, en algunas ocasiones, roza la delincuencia.

El Govern catalán reaccionó diciendo que por mucho que el Tribunal Constitucional diga, los espectáculos tauricidas seguirán prohibidos en esos territorios. Más razón les asistiría si, a la vez, prohibiesen otra salvajada de otra mal llamada tradición: los bous encordats.
 La imposición que pretende el TC llama la atención dado que existen otros territorios en los que la salvajada patria está igualmente prescrita, como en las Islas Canarias, donde nadie osa reprochar la restricción. La razón por la que quieren imponer esos espectáculos basados en la tortura irracional de un animal indefenso está en la manía persecutoria del Gobierno del PP y, en consecuencia, del Tribunal Constitucional, compuesto a sus hechuras y deseos, por una mayoría de magistrados afines al más retrógrado de los conservadurismos, contra todo lo que suene a independentismo catalán.

Ya se sabe que el PP y los conservadores españoles no tienen nada que ver con sus homólogos europeos, a quienes se parece el PP es a los partidos de extrema derecha de Austria, Francia, o cualesquiera países donde esa lacra de la reacción más extrema está escalando posiciones en la otrora Europa de las libertades.

Si los jueces del Tribunal Constitucional fuesen personas civilizadas no solo no habrían dado la razón al PP, sino que hubiesen aprovechado la ocasión para reprochar al gobierno esa absurda declaración de ‘bien inmaterial’ que no se atreven a presentar ante organismos internacionales porque saben que encontrarían la crítica y el reproche unánime del resto de países civilizados. No se debe olvidar que la UE, a petición de los belgas, tras una decisión de su parlamento, aprobó no dar a España fondos destinados a esa brutalidad que los más zafios e ignaros de los españoles califican de arte, cuando, cualquier persona con dos dedos de frente sabe que la tortura no tiene nada que ver con el arte, y que esta es creación y no destrucción y barbarie.

Mas los más reaccionarios y conservadores de este país se empeñan en identificar la tortura contra indefensos seres, cachorros en muchas ocasiones, con su patria y su cultura. Y es preciso aclarar que se trata de una visión partidaria de un país donde más del sesenta por ciento abomina de tales crueldades con las que se identifican, tan solo, los más reaccionarios de los españolitos, carentes de sensibilidad, ética y cultura, que confunden las esencias de la españolidad con lo más cutre de un país en el que un reducido sector de talibanes del patrioterismo defiende la caspa y la crueldad, con argumentos estúpidos y reaccionarios en contra de los animalistas, convencidos de que la vida de los animales no es objeto de protección o respeto a causa de un beato sentimiento antropocentrista, al considerarse, como seres ‘creados a imagen y semejanza’ de un dios inventado, con derecho sobre la vida del resto de seres que pueblan el planeta.

La decisión del TC de obligar a los catalanes a tener que ver en sus territorios esos abyectos espectáculos -que morirían de consunción si un gobierno reaccionario no los subvencionase-, forma parte de la política del PP de encabronar a los catalanes con cualesquier motivos, retroalimentando torpemente un separatismo que muchos entendemos tan solo porque si de lo que se trata es de librarse de Raxoi y el PP, cualquier medio es bueno.

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