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El abucheo a González y Cebrián en la Autónoma y la obsesión contra Podemos.



Nada hay más sano para una sociedad que unos jóvenes protestones. Cuando la juventud no se rebela y acepta como borreguillos todo cuanto le cocinan los adultos esa sociedad tiene un futuro, como poco, muy triste. Los jóvenes que hoy se opusieron a que dos representantes de un sistema adulterado por el dinero, la corrupción, la falta de libertad y la mediocridad estudiada de los medios de comunicación, conferenciasen en su facultad no hacían si no diagnosticar el talante de dos santones del régimen del 78 al que poco hay que agradecerles y mucho que reprochar.

Felipe González, al que los jóvenes estudiantes de la facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid señalaron como “asesino”, fue, lo nieguen o no, culpen a Pablo Iglesias del rechazo que provoca o atribuyan a Julio César o Julián Cerezas la reacción de los estudiantes llamándole a él y a Cebrián ‘fascistas, fue la X del terrorismo de Estado que campó a sus anchas en la época en la que gobernaba el que hoy es asesor de un millonario venezolano, conseguidor de contratos millonarios y mediador de negocios entre individuos de poca ética y dictadores de diverso pelaje. El hombre que inició la desolización del PSOE, convirtiéndolo en lo que es hoy: un apéndice penoso de un partido corrupto y filofascista como el PP.

Hace falta tener muy poco respeto por los jóvenes que hoy se negaron a que dos personajes siniestros del régimen del 78 expusieran su propaganda ultracapitalista, alejada de cualesquiera pensamientos favorables a la democracia, la libertad y la igualdad en una sociedad que ellos, González y Cebrián, quieren amordazada y sumisa, para decir lo manifestado por el portavoz de la gestora del PSOE, Mario Jiménez, que acusó al secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, de haber "señalado" al expresidente del Gobierno, Felipe González, con las acusaciones que profirió durante el debate de investidura de Pedro Sánchez, al llamarle “señor de la cal viva” en alusión al terrorismo de Estado que se daba en los años en los que ETA asesinaba con tremenda frecuencia y nadie pensó en acabar con el problema como lo hizo Zapatero, si no a base de hacer del Estado lo mismo que los asesinos de la banda.

Como si fuese necesario que Pablo Iglesias hubiese pronunciado la alusión para que cientos de miles de ciudadanos lo recordasen, y no fuesen conscientes, como lo son los alumnos de la facultad de Derecho, de la calaña de un tipo del que lo menos que puede decirse es que engañó durante decenios a la militancia socialista, y que, en el presente, trabaja para aquellos que son los enemigos de las ideas socialistas, como hizo hace pocos días, interviniendo de forma torticera para impedir a Pedro Sánchez que formase un gobierno de progreso para, de ese modo, mejor servir a sus intereses y los de sus amigos millonarios.

Mas hay una obsesión senil, en el caso de González, contra Podemos que se materializa en señalarle continuamente como amigo del régimen venezolano al que tanta enemiga expresa, entre otros motivos porque no ayuda a su señor Carlos Slim a hacerse aún más rico o responsable de cualesquiera de los males que obsesionan a los defensores de este sistema injusto en el que tan bien les va al expresidente o al correoso Consejero Delegado de Prisa, cuyo salario de bastante más de seis cifras ha costado la libertad de expresión al diario creado por Polanco.

La monomanía de los enemigos de Podemos, tanto González como el manipulador Cebrián, director durante años de El País,  y en el presente Consejero Delegado del Grupo Prisa, les lleva a culpar al líder de la formación morada de cualquier mal que aqueje a los representantes del conservadurismo clasista, factótum de la desigualdad y la brecha social, responsables de la permanencia de un establishment injusto e, incluso, asesino, que permite que la gente muera por falta de medicación sufragada por la SS, por pobreza energética o por el abandono de las instituciones a las personas en riesgo de exclusión, que se multiplican horrorosamente desde que Raxoi llegó a La Moncloa.

El malo, la raíz de todas las desgracias y la reacción de unos jóvenes que pusieron pie en pared ante la presencia de dos significados representantes de lo peor y más injusto de un sistema que carga ya con demasiados muertos por las medidas inicuas tomadas durante la crisis, es, cómo no, Pablo Iglesias, según los miembros de un partido que de socialista tiene tan solo las siglas, o de los responsables de un periódico vendido descaradamente a los intereses más abyectos de los mercados y a un sistema que tan solo se interesa en los dividendos e ignora, sistemáticamente, los problemas de los ciudadanos al manipular la información y la opinión de modo intolerablemente abyecto en una supuesta democracia.

No ha sido Pablo Iglesias el responsable de la protesta contra esos dos santones del injusto régimen del 78, ese que hace posible que haya partidos a los que conseguir un diputado le cuesta cincuenta mil votos menos que a otras formaciones, a causa de una ley electoral cuyo propósito fue, y es, garantizar un bipartidismo similar a un Jano bifronte y al servicio de los mismos intereses, carente de diferencias ideológicas, porque, se llamen como se llamen, su propósito es común, servir al mismo señor; el capitalismo salvaje y depredador.

Los estudiantes de la Facultad de Derecho, seguramente hartos de injusticias y manipulaciones, de mentiras y corrupción, reaccionaron ante la presencia de dos individuos que, con su sola presencia, mancillan lo que ha de ser la Universidad; el templo de la razón y el afán de justicia y de cambio de la sociedad para mejorarla.

Los estudiantes de la Autónoma hacen tener esperanzas en un cambio social cuando ellos sean los responsables políticos, relevando a personajillos como González o Cebrián. 



 



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