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¿Transición?: Libros censurados por el franquismo y manifestaciones fascistas bendecidas por Interior.




Hoy, sábado, 24 de septiembre de 2016, dos noticias dan cuenta de que el franquismo represor no se ha ido, ni nadie pone interés en que desaparezca,  como si a nadie, exceptuando cuatro locos miembros de las asociaciones de Memoria Histórica y media docena que no nos resignamos a que no nos resarzan de sus muchos crímenes y abusos a los descendientes de los represaliados por la dictadura, no parece importarle a nadie que se produzcan ciertas hechos que a los mencionados ‘resentidos’, como aún nos llaman los hijos, putativos o no, del franquismo, nos sacan de nuestras casillas.

El digital El Boletín publica una noticia sobre la censura franquista que aún perdura en las ediciones de grandes obras literarias. Así lo ha constatado Jordi Cornellà, profesor de español y de estudios hispánicos en la Universidad de Glasgow, que llevó a cabo una profunda investigación acerca del asunto: Muchos de los libros de autores extranjeros que se editan en el presente mantienen la versión censurada por Franco. Así, obras de Ernest Hemingway, George Orwell, James Baldwin, Muriel Spark o Ian Fleming, entre otros, siguen editándose con las limitaciones impuestas por los censores de la dictadura a los que cualquier referencia a España que no fuese laudatoria para el régimen del dictador genocida eran suprimidas. Las editoriales se justifican argumentando que desconocían que hubiesen sido censurados, el Ministerio de Cultura tampoco se preocupó del asunto, y la incuria e indiferencia por la cultura y la libertad hicieron el resto. Franco pervive en las editoriales…

Y con ser grave ese asunto, aún lo es más que las autoridades del PP permitan que representantes del régimen franquista, como son los legionarios, acompañados de cuatro nostálgicos ancianos y gritones, se manifiesten en la Plaza Mayor de Madrid, profiriendo gritos contra la alcaldesa Manuel Carmena por ir a quitar el nombre del jefe de prensa y propaganda de Franco, el Goebbels español, José Millán Astray, aquel despojo intelectual y humano que deseaba la muerte de la inteligencia y el triunfo de la muerte.

El diario El País, otrora paradigma de un periodismo honesto e imparcial titulaba con descaro: “Cientos de legionarios protestan en Madrid por la retirada de la calle General Millán Astray”. Luego, en el cuerpo de la noticia precisa que los cientos eran tres. Cosas de las redacciones, los profesionales hacen su trabajo y los jefes titulan a conveniencia de sus amos.

La delegación del Gobierno, dependiente del Ministerio de Interior bendijo con su autorización la convocatoria que un país democrático se hubiese prohibido ¿O imaginan en Berlín una manifestación a favor de mantener una calle con el nombre de un jerarca del nazismo? ¿O en Lisboa una similar a la de Madrid convocada por los admiradores de Oliveira Salazar? Aunque debemos tener claro que aquello que el ministro franquista Manuel Fraga ideó como un eslogan publicitario más pareciese una maldición, o un meigallo que din os galegos: Spain is different.

Han transcurrido casi cuarenta años y la impresión, y la triste realidad, es que la transición, por mucho que nos cuenten, no fue sino una filfa, una monumental estafa solo parangonable con crisis bancaria sufrida en los últimos años que, igualmente comprobamos que era una estafa urdida por la misma ideología que urdió la falsa transición que nos dijeron era buena y la mejor salida a los problemas, que otros cambios habrían encorajinado a los fascistas que mantenían el poder, y que arrancárselo de las manos podría suponer una regresión, una dictadura peor de la que teníamos y mucho peor que la transición que nos ofrecían.

El cuento lo aceptaron los partidos ilegales hasta aquel momento, incluido el entonces poderoso PC, que llegó a engalanar su sede con la que todos los de mi generación aún identificamos con la bandera fascista y no arranca en nosotros ni el menor temblor patriotero. No es nuestra bandera, y esta transición no es, ni mucho menos, la transición por la que luchamos durante muchos años algunos incautos.

Es verdad que, entonces, muchas cosas no se pudieron hacer porque los milicos fascistas aún mantenían mucho poder y los tanques. Mas al cabo de casi cuarenta años aquellos militarotes fascistas se han ido muriendo, y los que comparten su ideología no tienen el mismo poder que sus antepasados, o, mejor dicho, no disponen de tanques, aunque sí de la presidencia de grandes empresas del IBEX, ahora, al cabo de casi cuarenta años de la muerte del dictador los militares ya no cuentan, ahora reprime la plutocracia.

Este país no es una democracia ni una dictadura en el sentido clásico de la palabra, es una plutocracia que ha expoliado a la clase media hasta la miseria y robado los derechos de los trabajadores con la misma intensidad que la dictadura.

Y nunca hizo nada por borrar en este país la infausta memoria de la dictadura fascista.

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