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El PP defiende el franquismo y la religión como paradigma de españolidad.


Unamuno saliendo del Paraninfo salmantino entre fascistas

Oyendo a los dirigentes del PP hacer una defensa cerrada de personajes tan siniestros y de infausta memoria para nuestro país como aquel “despojo humano”, como le llamó Unamuno en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, cuando el fundador de la Legión, José Millán Astray, proclamaba histérico su eslogan preferido, paradigma del fascismo ágrafo y brutal: “¡Abajo la Inteligencia! ¡Viva la muerte!”, no se comprende cómo aún hay personas, civilizadas y con ciertos conocimientos históricos, que puedan votar a un partido que es claro sucesor de personajes, entre otros, como el desafortunado y vil Millán Astray, al que le cabe el honor de haber creado un cuerpo violento que, a pesar de haber transcurrido ochenta años desde el fin de la guerra civil, aún repiten sus abusos sin tino y sin razón, imbuidos de su impunidad.

Que miembros del PP defiendan a Millán Astray, como vienen haciendo desde hace semanas, desde que se conoció la intención del Ayuntamiento de Madrid de, en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, eliminar del callejero los nombres de militares golpistas y notorios fascista, no puede sorprender si se tiene en cuenta que ese partido se viene negando reiteradamente, tanto es España como en Europa, a condenar el franquismo genocida.

La expresidenta de la Comunidad de Madrid, y actual portavoz del PP en el consistorio de la Villa y Corte, Esperanza Aguirre, expresó su rechazo a que despareciese del callejero el nombre de Millán Astray intentando presentárnoslo como representante de una ONG pacifista y benéfica cuando la real biografía del creador del siniestro eslogan que caracteriza a La Legión, recoge capítulos de represión, el comportamiento salvaje de los integrantes del cuerpo que creó, y sus méritos como jefe de Prensa y Propaganda de la dictadura franquista. De esa época, se cuenta del ‘demócrata’ que defiende Aguirre, que dirigiría la oficina de prensa como un cuartel, obligando a los periodistas a cuadrarse y alinearse al tocar el silbato.


Tampoco se debe olvidar que el cuerpo que creo, La Legión, participó activa y brutalmente en Andalucía y Extremadura, a las órdenes del temible asesino general Yagüe. La brutalidad del cuerpo, creado por Millán Astray, no cesó con la llegada de una supuesta paz -de los cementerios- que duró cuarenta años, y tampoco remitió en la democracia, como recoge un artículo en una página web titulada “A las barricadas” en la que se recogen agresiones y actos delictivos de numerosos legionarios *, con la anuencia y protección de sus superiores y hasta los ministros de Defensa.    

El respeto, o temor, a los llamados ‘héroes’ de la dictadura genocida y la represión fascista pervive aún en este país nuestro que parece no poder librarse de la caspa. Porque si el PP se dedica a loar y respetar la memoria de todo cuanto golpista se significó asesinando y reprimiendo ciudadanos, desde la izquierda existe un a modo de temor de llamar a las cosas por su nombre y a los asesinos como tales. No en vano ha tenido que ser una jueza argentina, María Servini, la que escuchó las reclamaciones de las víctimas del franquismo fascista a las que en su propio país nadie se atrevió a dar respuesta a sus reclamaciones. El único que osó investigar el genocidio perpetrado por el franquismo, el Juez Garzón, se vio apartado de la carrera judicial por una falaz cuestión de procedimiento en otro caso, aunque la raíz de su expulsión estuvo en su afán de perseguir a los abuelos, putativos o no, de los actuales gobernantes del PP.

Y si hay alguien que se ha significado como ministro clónico que aquellos de la dictadura es Jorge Fernández Díaz que, con sus declaraciones y sus actos, reproduce con suma fidelidad la imagen de aquellos siniestros personajes de un régimen que se perpetúa disfrazado de demócrata, aunque cada día sean capaces de engañar a menos gente, gracias a las redes sociales y los periódicos digitales que recogen las salidas casposas y las actitudes ademocráticas de algunos representantes del PP, en particular del citado Fernández Díaz, que cuenta con escaso pudor a la hora de hacer declaraciones que, como poco, mueven a risa, cuando no indignan.

Y si hace unos días el peor Ministro del Interior de la pseudodemocracia, manifestaba, ofensivo y fascistoide, que ‘algunos quieren ahora ganar la guerra que perdieron hace ochenta años’ en estos días se ha descolgado con una frase digna de figurar en los anales de la casposería retrógrada y beata, porque no se le ocurrió mejor argumento que afirmar: “Digan lo que digan los papeles, no se puede ser español de verdad sin ser católico”.

Es el argumento similar al que esgrimió Esperanza Aguirre, y utilizan cafres sin cuento, cuando señalan que quien no goza con la sádica tortura de los espectáculos taurinos no es español.

Son la misma cosa, fascistas, beatos, ágrafos e incuros, defensores de golpistas, vírgenes de palo y espectáculos crueles y sádicos con los animales.

Sorprendentemente aún queda en este país gente decidida a votar a semejantes elementos.


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Comentarios

  1. Querida Luis, estoy hastiado de todo esto de esta pandilla de ladrones y encima les votan. Verás que mis escritos han dado un giro. Ya no soporto más escribir para el desierto. No entienden nada. Han conseguido lo que querían desde siempre.
    Un abrazo grande.

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  2. Pues eso es lo que no tienen que conseguir, ya he visto que transitas por otros ámbitos, yo estuve semanas sin escribir del cabreo que tenía, pero no estoy dispuesta a que lo logren, a aburrirme y dejar darles caña. Aunque mis posteos los lean a veces menos de cien personas. Besos mil.

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  3. El ministro, que es un fascista redomado no ha dicho las declaraciones que aquí se afirman, dichas declaraciones de una broma de hace dos años, aquí la fuente:
    http://falsascistas.blogspot.com.es/2014/12/jorge-fernandez-diaz.html

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