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Informe Chilcot: La constatación de lo que sabíamos en 2003.




El informe de sir John Chilcot, destacado miembro del Consejo Privado del Reino Unido y presidente de la comisión independiente creada para investigar la participación del Reino Unido en la Guerra de Irak de 2003, no hace sino confirmar lo que muchos ya sabíamos entonces, cuando salíamos a la calle a clamar ¡NO A LA GUERRA! Ni hubo armas de destrucción masiva ni Bush, Blair y Aznar hicieron nada para evitarla, si no más al contrario, maquinaron, mintieron y manipularon con el objeto de llevar a cabo una invasión ilegal, inmoral e injusta.

Las razones del trio de las Azores fueron, sobre todo, económicas. Más allá de la locura vengativa de un orate que ostentaba la presidencia de EEUU, y que quiso acabar con Sadam porque según él, en su obsesión de trastornado, “quiso atentar contra su papá”, lo que impelió a la esa guerra irrazonable y de nefastas consecuencias fue, sobre todo, en lo que se refiere a los políticos españoles, única y exclusivamente, la ambición dineraria.


Esta periodista devenida en bloguera, recuerda aún la sensación de horror y asco que le produjeron las palabras de la entonces Ministra de AAEE, Ana del Palacio, argumentando que la guerra iba a permitir la bajada del precio del petróleo, como si esa sinrazón crematística justificase la muerte de cientos de miles de personas, entre ellas, niños, mujeres y ancianos. De hecho, en las manifestaciones se clamaba que no se quería cambiar sangre por petróleo. Dio igual, el criminal trio de las Azores estaba decidido a consumar su fechoría llevado por la ambición.


Los inicuos artífices del desaguisado, Bush, Blair y Aznar, con la inestimable ayuda de Durao Barroso, anfitrión del aquelarre en el que los criminales de guerra firmaron la invasión y la destrucción de un país que, al cabo de trece años, sigue sin reconstruirse y padeciendo atentados sin fin y la muerte de constante de sus habitantes, estaban empeñados no en destruir a Sadam por ser un dictador -de hecho EEUU protegió a muchos a lo largo de la historia, empezando por el dictador genocida español, Francisco Franco o Pinochet entre otros muchos-, sino en invadir Iraq porque resultaba rentable para sus intereses.


Hasta ahora sabíamos que la razón de Aznar fue económica: participó en la locura de la
guerra de Iraq a cambio de las prebendas que le ofrecía Rupper Murdoch, el empresario mediático de cabecera de George W. Bush. Su ambición le hace responsable de la muerte de trece españoles en Iraq, once militares y dos periodistas -uno de ellos, José Couso, asesinado por las tropas americanas para escarmentar a la prensa y hacerla marcharse para que no hubiese testigos de las atrocidades que llevarían a cabo tras la ocupación-. Anteriormente había fallecido otro periodista, Julio Anguita Parrado, enviado del diario El Mundo, empotrado en las tropas americanas.


Aznar es, igualmente, corresponsable, junto con los terroristas yihadistas, del atentado del 11M. Más se desconocía, hasta ayer mismo, que otros miembros del PP, como Gustavo de Arístegui, se enriquecieron con comisiones de contratos en los que concursaron empresas españolas. Lo hicieron sin importarles la sangría espantosa que supuso, y aún sigue suponiendo, las consecuencias de la invasión de Iraq. Pero a cierta gentuza no le importan los muertos inocentes si están en juego unos cuantos millones. En concreto, y en el caso de Gustavo de Arístegui, 13.5 millones de dólares. 


El informe Chilcot revela, tras siete años de investigaciones, como el trío de 
las Azores mintió, tergiversó, manipuló a los medios y a algunos escasos ciudadanos. El informe no deja lugar a dudas sobre la actuación de los tres implicados en un drama que no solo no ha cesado, si no que sigue haciendo sufrir las consecuencias de la invasión: Atentados en todo el mundo por parte de unos fanáticos que justifican su crímenes por la intervención irrazonable e injustificable de Iraq, y la destrucción del Estado iraquí, sometido desde entonces a la anarquía, la pobreza, la ignorancia, el integrismo religioso y el machismo represor que no existía en ese país antes de la invasión.


En resumen, un pueblo destruido, empobrecido y condenado a la miseria moral y económica a causa de la ambición irresponsable y lunática de tres políticos que no debieran pasar a la historia sin sentarse ante el Tribunal de la Haya. 

Porque ya no queda duda de que los tres son criminales de guerra. Y pidan perdón o no, como si hicieron Blair y Bush, aunque no el arrogante Aznar, unas palabras de arrepentimiento no pueden exonerarles de sus crímenes.  


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