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Entre el desánimo y la perplejidad.




Ha pasado poco más de una semana de la celebración de unos comicios que nunca debieran haber tenido que celebrarse. Se perdió una oportunidad histórica para desalojar a esa asociación de malhechores trufados de filofranquistas que es el PP, y haber dado un importante paso para que este país saliese de la corrupción, la caspa, la estulticia y la mediocridad.

Mas los políticos de izquierdas no supieron entenderse. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se empecinó en pactar con un partido de derechas como Cs, impidiendo un pacto con Podemos, que a su vez se negó a cualquier negociación en la que estuviesen presentes los de Rivera. Si había razones para ese empecinamiento tal vez lo sabrán los protagonistas del imposible pacto que abocó en la celebración de unas elecciones que permitieron que el PP aumentase en catorce sus diputados, y que Podemos perdiese más de un millón de votos.

No fue ajena a ese resultado la colaboración de unos medios dispuestos siempre a arrimar el ascua de su mendacidad a la sardina de su servilismo. Desde el fin de la campaña nadie habla ya de los problemas de Venezuela y la maldad del régimen de Maduro, ese que, según los voceros de la derecha, dijeron que impondría Podemos si llegase a gobernar. Los jueces deciden, tras la celebración de los comicios, que el Informe Pisa (Pablo Iglesias S.A.) no era más que una delirante falacia y que de financiación ilegal del partido morado nada de nada. Aunque es posible que parte de ese millón de electores que dejó de votar a Podemos creyeran las mentiras de la prensa. O tal vez decidieran castigar a la formación de Pablo Iglesias por no haber sido capaz de entenderse con Pedro Sánchez y no haber evitado una segunda vuelta electoral que, hábiles ellos, le dio la victoria al PP con su abstención.

El resultado electoral, con un Raxoi crecido y con la obligación de gobernar, aunque no tenga ni mucho menos una mayoría que le permita las iniquidades perpetradas en la legislatura 2011-2015, resultó descorazonador. Y Raxoi, crecido, inmediatamente después de la celebración de la consulta electoral, sin consensos y sin mayoría, decidió asaltar la hucha de la SS y subir la luz con efecto retroactivo.

¿Qué llevó a los ciudadanos a votar como lo hicieron, absolviendo al partido de Raxoi de todas sus corrupciones e imposiciones? ¿Por qué castigaron al PSOE y a Podemos, y premiaron al partido más corrupto y ultraderechista de toda la historia de esta pseudodemocracia que no acaba de educar a un pueblo desnortado y masoquista?

Era entonces y ya no se puede repetir ese ‘es ahora’ que tanto ilusionó a millones de electores, aunque no los suficientes para dar un giro copernicano a la situación política y social de un país arruinado por un partido corrupto y servidor de la oligarquía.

¿Qué pasó por las mentes de esos casi ocho millones de electores para dar al PP la oportunidad de seguir gobernando, imponiendo y robando descaradamente a un pueblo que parece no tener dignidad, ni siquiera sentido de la supervivencia, y que prefiere que gobiernen quienes no tuvieron la menor consideración con un pueblo al que arruinó en cuatro años de gobierno al servicio del IBEX y una UE dominada por los banqueros alemanes?  

Quiénes son los responsables del contradiós de un resultado electoral que posibilitará que siga gobernando el inicuo registrador de Santa Pola, es algo que es difícil discernir. ¿Los partidos que no supieron hacer calar su mensaje? ¿La prensa mendaz y manipuladora? ¿Un electorado cobarde y mostrenco? Hasta el presente nadie supo señalar certeramente a un resultado electoral que condena a este país a saber a cuántos años más de poder de un derecha ladrona y abusiva.

La variopinta oposición sigue sin saber cuál será su voto y su papel: el PSOE, dividido y desideologizado sigue desojando una imposible margarita, ¿apoyar o no apoyar a un gobierno de derechas? Y ¿a cambio de qué? Entre tanto Podemos renuncia a asaltar los cielos y se resigna a ser un mero testigo de los abusos de la casta de la que parece haber asumido que ha de formar parte, perdida la ilusión y la capacidad de ilusionar.

Entre el desánimo y la perplejidad esta bloguera no entiende nada.

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