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Cuando un homo neardenthalesis es académico.




En alguna ocasión se me dijo que era sectaria por mostrar mi rechazo a Félix de Azúa que siempre me pareció un tipo pedante, tanto en su forma de escribir como en el discurso de sus artículos en los que pontificaba, y aún pontifica, sus argumentos como si él y solo él estuviese en posesión de la verdad absoluta.

En sus declaraciones sobre la alcaldesa de Barcelona se ha retratado como el homo neardenthalesis que es, un retrógrado de la vieja escuela, un franquista trufado de anticatalanismo, clasismo de la peor especie, y ofensivamente machista. Sus apreciaciones sobre la alcaldesa de la Ciudad Condal no se limitaron a la boutade sobre a qué debería dedicarse, si no que al contrario de rectificar, abundó en su clasismo y machismo al manifestar, columpiándose como suelen columpiarse los machistas, sobre la formación de la primer edil barcelonesa, al decir que ella no sabe qué significa la palabra misoginia porque es inculta.

Acusar a una mujer, cualquier mujer, de no saber, ser inculta o no estar preparada es una reacción típica del machista de libro. A lo largo de mi extensa vida topé con muchos de esos neandertales ágrafos que argumentaban que no les podía llevar la contraria porque yo no sabía nada. Por lo general esa actitud partía de los más ágrafos de los machistas, de aquellos que carecían de formación académica, de una mala licenciatura o un mínimo bachillerato. Lo que sorprende es que todo un señor académico utilice los mismo erróneos argumentos que cualesquier zotes de barrio. Aunque no debiera tampoco sorprendernos.

La Academia de la Lengua, esa que hace que nuestro idioma esté limpio, brillante y esplendoroso, o simplemente aseadito, es un reducto machista, que siempre cerró la puerta a las mujeres para dejar sentarse en sus suntuosos sillones no a los mejores entre escritores o lingüistas, si no a quienes se muestran más afectos al conservadurismo. No recuerdo en este momento la lista de los sesudos varones que conforman la Academia de la Lengua, pero me parece que entre los ocupantes de los sillones de letras mayúsculas o minúsculas no hay ningún significado hombre o mujer, poquísimas en la Academia, que sean de izquierdas.

Sí recuerdo nombres de escritores que una no entiende qué hacen en el sagrado templo de la lengua española, como Pérez Reverte, Juan Luis Cebrián o el propio Azúa, articulista insufrible y pedante como pocos de los que ilustran las páginas del periódico por excelencia, ese El País que se cree con derecho a decir con quién han de hacerse pactos de gobierno o a quien no se debe votar, y si para evitarlo hay que inventarse noticias lo hace como, no hace mucho, con el currículo de Juan Carlos Monedero.

Entre esa cuadra de escritores, no se me malinterprete, en el mundo de las publicaciones se califica así a la cantidad de escritores que publican en una determinada editorial, Félix de Azúa ha representado siempre lo más clasista y pedante que publicaba en El País. Dicen que escribe bien, pero hacerlo para decir patochadas descalifica a quien maneja bien un lenguaje que utiliza para decir sandeces u ofender a los demás, o intentarlo. Azúa se ha desvelado estos días como un señorito franquista y clasista, un neandertal machista y con complejo de inferioridad, que se revela a través de sus insultos a quienes no piensan como él. Decir de Ada Colau que no sabe qué significa misoginia o que Pablo Iglesias es un inculto, cuando hasta sus enemigos le reconocen su bien armado currículo académico, le retrata como lo que es, un acomplejado pedante, que se agarra al brazo de su sillón académico para poder dar coces.

Dice, resentido, que está harto del mundo literario y político, de los catalanes, los de Podemos, de Ada Colau o de cualquier persona que represente ideas que le son antipáticas a su ideología reaccionaria. Y como se siente incómodo con esa situación anuncia que se irá a su jardín a cuidar flores.

Puede igualmente irse a escardar cebollinos, se lo dice una mujer que conoce perfectamente el significado de la palabra misoginia, que describe muy bien esa faceta zafia de su pedantería.  



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