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Las doblemente oprimidas (Reflexiones del 8 de Marzo)




“La mujer es la doblemente oprimida en el sistema capitalista”, dejó dicho el escritor y político alemán August Bebel (1840-1913), del que Lenin dijo a la dirigente feminista Clara Zetkin que “todo cuanto pudiese decirse sobre la mujer ya lo había planteado el filósofo alemán”. Del que existen datos poco conocidos que dicen que una gran parte de su obra fue escrita por su mujer, que jamás recibió el reconocimiento intelectual del que gozaba su marido. Es más, es imposible encontrar su nombre en las biografías del político alemán.

La historia de la liberación de la mujer nace tímidamente en la Revolución Francesa, y más tarde Marx y Engels hablarán de las mujeres en su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado’, al escribir: "La mujer es un ser libre e inteligente, y como tal, responsable de sus actos, lo mismo que el hombre; pues, si esto es así, lo necesario es ponerla en condiciones de libertad para que se desenvuelva según sus facultades. Ahora bien, si relegamos exclusivamente a la mujer a las funciones domésticas, es someterla, como hasta aquí, a la dependencia del hombre, y, por lo tanto, quitarle su libertad. ¿Qué medio hay para poner a la mujer en condiciones de libertad? No hay otro más que el trabajo".

La verdad es que las palabras de los padres del socialismo suenan de plena actualidad cuando en el presente el salario femenino es entre un 17 y un 30% más bajo que el de los hombres, y el paro femenino alcanza en nuestro país más del 50% de la población trabajadora. Y sin independencia económica es imposible que haya liberación de la mujer ni de otra ninguna minoría. Y resulta chocante, e indignante, que las mujeres seamos consideradas en el sistema capitalista como una minoría a proteger, cuando en realidad somos el 52% de la población mundial y tendríamos que estar dominando el mundo por superioridad numérica.  

El viaje al pasado hecho en los primeros párrafos de este artículo pone de manifiesto que la emancipación de las mujeres realmente avanzó muy poco en relación con otros asuntos sociales. La mujer sigue siendo considerada en muchos países, incluido el nuestro, como mano de obra barata en el sector servicios.

No hace muchos años, en una rueda de prensa protagonizada por el entonces diputado socialista y anteriormente líder de CCOO, Antonio Gutiérrez, esta escribidora le preguntó qué pensaba él que se podía hacer para reducir el paro entre las mujeres. El sindicalista, no sé condicionado por el hecho de ser oriolano, hijo de una ciudad más murciana que valenciana, o porque en el mundo sindical el feminismo suele brillar por su ausencia, me respondió que había que ‘fomentar la participación de las mujeres en el sector servicios, en la limpieza, cuidado de ancianos, dependientes, niños…” La machista idea no difería mucho de la que propugnaba la Sección Femenina de la Falange fascista de la dictadura. Se lo hice saber, y le pregunté por la igualdad en la dirección de las grandes empresas, en la política, en el mundo científico y de la investigación… Respondió un breve y avergonzado, o de fingida vergüenza, ‘bueno eso también’, pero no supo por dónde salir. El lance que relato sucedió hace muy pocos años.

Mi propósito al referir la sonrojante anécdota protagonizada por el ex Secretario General del CCOO, es que las cosas no han cambiado mucho en nuestra sociedad en los últimos cien o ciento cincuenta años. Las mujeres seguimos siendo, en palabras de Bebel, las doblemente explotadas en la sociedad capitalista, que explota a los trabajadores y estos, víctimas de jefes negreros, abusan laboralmente de sus compañeras, o de sus parejas. Las cifras de las víctimas del terrorismo machista avalan este aserto.

Desde que se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que Clara Zetkin inspiró en 1910, este aniversario no deja de ser un fuego de artificio, una celebración que sirve a políticos machistas, damas burguesas explotadoras de trabajadoras, maltratadores en potencia o sempiternos practicantes de micromachismos, para aparentar su convencimiento de que son respetuosos con la igualdad por acudir a concentraciones, o regalar flores o bombones a sus parejas o subordinadas.

Mas como cualesquiera efemérides que se celebran para halagar a cualquier minoría no es sino la evidencia de que existe esa discriminación. Porque dejaremos de ser las doblemente explotadas cuando desaparezcan los clichés del capitalismo salvaje y el machismo, cuando haya en puestos de responsabilidad tantas mujeres inútiles y torpes como hombres pasean en la actualidad su poquedad intelectual por altos cargos, consejos de administración o poltronas del poder.  




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