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La responsabilidad de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.



Una vez que el Jefe del Estado propuso a Pedro Sánchez para la investidura, después no haberlo hecho con Raxoi, que desde que se celebraron las elecciones y a la vista de que la gran coalición -una copia de la Große Koalition alemana, recomendada sin duda por la fhüreresa Merkel- sería un imposible, la obsesión del presidente en funciones, de su partido y de la prensa a su servicio, fue desear la convocatoria de nuevas elecciones. Una solución que resultaría una burla para la democracia y para el pueblo que votó lo que tuvo a bien votar. Y el resultado fue que la suma de los partidos de izquierdas, en millones de votos, superan en cuatro millones al PP. Resulta muy evidente que formación de Raxoi lo que quiere es que se vuelva a votar con la esperanza de que unos nuevos comicios le den una mayoría absoluta como con la que contó durante los últimos cuatro años, para gobernar a golpe de Real Decreto, imponiendo leyes cuya derogación ya se está tramitando en las Cortes. En síntesis, pareciera que el PP aspira a que haya nuevas elecciones tantas veces sean necesarias para que el resultado sea el que ese partido desea.

Más la ciudadanía de este país ha crecido mucho en los cuatro años de Gobierno del PP, y los perroflautas que ocupaban las plazas, aquellas gentes del 15M que se pronosticaba moriría de consunción, siguieron el consejo de dejarse de acampadas y asambleas que les daba la derecha, más como provocación que como indicación, y formaron un partido, Podemos, que en su primera convocatoria electoral en unas generales cosechó más de cinco millones de votos, trescientos mil menos que el PSOE que, durante los últimos años viene sufriendo una sangría de votos debido al conservadurismo de los últimos tiempos de Zapatero y las declaraciones de algunos de sus barones y varias de sus viejas, en todos los sentido, glorias.

La responsabilidad de Sánchez es tremenda, porque se juega no solo su futuro político, sino el de su partido que, de llegar a un acuerdo con Cs y PP, dejando de lado una coalición con Podemos e IU, y algún partido de los llamados nacionalistas, hundirá al PSOE porque, que no se engañen ni hagan caso a las proclamas de la derecha que auguran el hundimiento del PSOE si ‘abandona la centralidad’. Del mantenimiento de esa ‘centralidad’ que, durante años, han propugnado algunos dirigentes de ese partido y los consejos envenenados del PP, data la sangría de votos que viene sufriendo porque, que no se engañen, el votante del PSOE es votante de izquierdas que lo abandona cuando lleva a cabo políticas de moderación que no le llevan a cosechar votos de centro o de derechas, porque los votantes de esa ideología votan al PP, y en los últimos comicios de Cs, pero nunca votarán a un PSOE de centroderecha.

Mas la responsabilidad de formar un Gobierno de Progreso, que saque a este país de la sima de la desigualdad y la desprotección social y laboral, del paro -cuyas cifras han aumentado después de la campaña de Navidad que hizo lanzar las campanas al vuelo al PP- y de la pérdida de libertades, no es solo de Pedro Sánchez y los socialistas, sino y también, de Podemos. Aceptar lo posible antes que lo irrealizable es lo que marcará la diferencia entre salir de una situación insostenible como la actual, con pérdida de derechos y libertades, o recuperar lo que el pueblo desea: un gobierno de progreso que, además, no esté manchado por la insoportable corrupción que enfanga al PP a todos los niveles.  

Los ciudadanos habremos de estar curados de espanto en las próximas semanas en las que unos medios al servicio de los intereses de los banqueros y las empresas del IBEX se dedicarán, día sí y día también, editorial a editorial, magacín matutino a magacín matutino, informativos y tertulias, en los que se emplearán a fondo a criminalizar y difamar a los partidos que negocian un gobierno de progreso, a contar falacias, a publicar falsas encuestas para dinamitar la ilusión de un pueblo que aspira a liberarse de la injusticia, la corrupción, la privatización de todo lo público en beneficio de los negocios de amiguetes, a bombardear negociaciones y hacer todo lo posible para que los partidos que puedan formar una coalición de progreso acaben rompiendo las negociaciones y se celebren, como quiere la derecha, nuevas elecciones a ver si sale lo que ella quiere.

Aunque puede ser un riesgo para el PP, porque puede salirle el tiro por la culata y unas nuevas elecciones dar la victoria a opciones más de izquierdas. En estos momentos en una cadena cavernaria habla el ministro de AAEE, García Margallo, augurando grandes males para el país si no gobiernan ellos. Esta mañana, ese mismo ministro declaraba que si gobiernan PSOE y Podemos no se llevarán a cabo políticas contra el terrorismo yihadista, a falta de poder llamarlos etarras ya que ese terrorismo está prácticamente acabado y no precisamente por méritos del PP. A continuación cargó, con su vocabulario más rancio, contra las opciones ‘bolivarianas, anticapitalistas, antieuropeas’ y todo el arsenal de falacias acuñadas por la caverna.  

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