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Ciegsa una cueva de ladrones que hurtaron el derecho a la Educación de los jóvenes valencianos



Ciegsa: El gran negocio de los corruptos a costa de la Educación del País Valencià




Envuelta en la sospecha y el silencio, la empresa Ciegsa se creó el cinco de febrero de 2001, a modo de Convenio de Colaboración con la Conselleria de Educación, que en aquellos años dirigía el Conseller Manuel Tarancón Fandos, con el objeto de “regular la realización y financiación de las obras y estructuras educativas”. En realidad, Ciegsa fue, durante años, una fuente ilegal de financiación y enriquecimiento de individuos carentes de ética que se hicieron millonarios a costa de hurtar a los escolares valencianos una educación de calidad. Ciegsa, ahora en el punto de mira de la operación Taula y del nuevo Govern de izquierdas, se está desvelando como un pozo sin fondo de la corrupción que hurtó derechos esenciales a los escolares valencianos. 

La desviación entre el presupuesto de adjudicación de obras realizadas por la empresa pública valenciana dedicada a la construcción de infraestructuras escolares Ciegsa y el coste real de las actuaciones llegó a alcanzar, en algún caso, un 151%. Así fue, en el caso de un colegio de Tárbena (Alicante) en 2006 -cuando Máximo Caturla, una de las personas detenidas era consejero delegado-, que pasó de los 177.775 euros previstos inicialmente a más de 446.000, una diferencia superior a 268.000 euros. Caturla, una de las veintinueve personas investigadas por un presunto amaño de contratos a cambio de comisiones ilegales en varias administraciones públicas de la Comunitat Valenciana, fue secretario autonómico de Educación y consejero delegado de Ciegsa desde 2004 a julio de 2007. Posteriormente, sería vicepresidente de la Diputación de Valencia.

Gente como Caturla, entre otros, propiciaron la existencia de colegios de barracones -el conseller Font de Mora, siniestro personajillo que estuvo a cargo de la Conselleria de Educación de 2004 a 2011, prefería que se llamasen a las cajas metálicas e inhóspitas ‘aulas prefabricadas’ y en alguna ocasión reprochó a la prensa que se utilizase el término real de ‘barracones’-, su alquiler constituyó, durante muchos años, una fuente inagotable de ingresos para los corruptos políticos que metieron las zarpas en Ciegsa, a la vez que la construcción de colegios de ladrillos disparaban sus precios, según ha descubierto la UDEF y la Generalitat de Ximo Puig. Colegios a precio de pisos de lujo y de construcción tremendamente deficiente. Se calcula que con todas esas sinvergonzonerías Ciegsa arrampló con más de mil millones de euros en la construcción de colegios y alquileres de barracones. 

La realidad es que esa opaca empresa, que no daba cuentas de su gestión a la Conselleria de Educación, constituía, como se está comprobando, un cártel de delincuentes que utilizaron la Educación Pública para ‘forrarse’, fin que parece muy común a muchos políticos del PP del País Valencià, como se está comprobando en las últimas semanas, en las que ya nadie duda de que esa formación era, en muchos casos, una asociación de malhechores. 

Máximo Caturla no dudó nunca en utilizar de forma extravagante, cuando no ilegal, el dinero de una empresa destinada a construir centros docentes, al emplearlo en comprar un automóvil Audi A6 para que le transportara en los viajes de la empresa de construcción de colegios. Además, contrató a un chófer para ese vehículo, que, según fuentes de la Ciegsa en la época, era utilizado, por el ahora investigado, para temas personales. Todo era gratis para los delincuentes de la trama mafiosa que disponía de los fondos destinados a la Educación del País Valencià.

Cuando muchas voces lamentan que, según el Informe PISA, los jóvenes españoles están menos preparados que los finlandeses, por ejemplo, y cargan las culpas en los propios jóvenes y en el profesorado, a las leyes educativas y a la falta de ‘espíritu de sacrificio’ son tremendamente injustos. Al menos lo son en el País Valencià. Porque ese espíritu de sacrificio que el conseller Font de Mora alababa en sus discursos de moral judeocristiana de cara a la galería, de nada hubiese servido a los estudiantes porque una banda de ladrones hurtaba sus más primarias necesidades que, es de sospechar, ese Conseller debía conocer perfectamente. 

Las culpas que muchos vierten sobre jóvenes y profesores son tremendamente injustas, porque no es que los docentes fuesen ineptos o el alumnado torpe y perezoso, la realidad es que la mala educación no fue de los alumnos ni de sus profesores, si no de quienes hurtaron el dinero para laboratorios, bibliotecas, aulas informáticas o cualesquiera otras dotaciones necesarias para desarrollar un buen aprendizaje. Esta periodista, devenida en bloguera, recuerda con toda claridad el discurso de Font de Mora sobre el sacrificio y esfuerzo que tenían que hacer los jóvenes para alcanzar el triunfo profesional y social, discurso que pronunció, engolado, en la inauguración de un IES en el que se colocaron decenas de ordenadores para que los viese la prensa, y que luego serían retirados, sin que los alumnos pudieran contar con ellos para realizar sus estudios. 

Toda esa asociación de malhechores que se enriqueció, a la vez que financiaban las campañas electorales de su partido, el PP, que derrochó el dinero destinado a formar a los jóvenes en sus negocios, caprichos y obscenidades, tendrían que contar con una pena complementaria, porque no solo robaron dinero público, robaron el derecho a una buena educación y el futuro de miles de jóvenes valencianos.

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