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Recetas para un suicidio político: Las recomendaciones de Felipe González y los barones socialistas.



Felipe González, Presidente del Gobierno durante años con las bendiciones de la CIA, la UE y la Trilateral, paradigma de usuario e impulsor de puertas giratorias, representante y comisionista de millonarios y narcos, con doble nacionalidad española y colombiana -por algo será- representante y amigo de políticos de ese país marcado por la corrupción y los manejos de los narcos, quiere que su partido -del que aún no ha sido expulsado, aunque la dirección debiera hacerlo-, que el PSOE se abstenga porque, según su criterio, lo aconsejable en la actual coyuntura política sería un Gobierno del PP con Ciudadanos, que pudiese gobernar con la abstención del partido creado hace más de ciento treinta y seis años por Pablo Iglesias Posse.

González quiere que siga gobernando la derecha que ha propiciado la mayor desigualdad en un país europeo, que sigan produciéndose desahucios, pobreza energética, muerte de miles de personas por desesperación o por falta de atención sanitaria ,como los enfermos de hepatitis C y que los trabajadores, a los que la historia cuenta, supuestamente, defendía en sus tiempos de abogado laboralista, sigan horros de derechos y libertades, que los sindicalistas sigan siendo encarcelados por participar en huelgas, al igual que en la dictadura, y que los corruptos del PP sigan llevando a cabo sus fechorías con la colaboración de fiscales a los que dirige el PP, porque la separación de poderes no es respetada en este país, al igual que en esas dictaduras sudamericanas en las que es tan bien recibido.

Felipe González Márquez, ya en la ancianidad se ha quitado la careta no ya de socialdemócrata si no de personaje honesto. El otrora líder socialista que despertaba el entusiasmo de los ingenuos que creímos en su impostura de hombre de izquierdas, que durante años lo votamos y defendimos su honradez, asegurando que cuanto decían de él personajes de mucha más enjundia intelectual y política que el entonces presidente del Gobierno no eran sino difamaciones surgidas al socaire del resentimiento o la envidia.


Engañó a toda una generación de bobos ingenuos, a toda esa generación que creímos las falacias de una transición que no fue tal, sino el acomodaticio consejo lampedusiano de que cambiase todo para que todo permaneciese igual.

Han pasado casi cuarenta años de esa falaz transición y una juventud informada y formada, tiene la valentía de decirlo en voz alta y hacer recapacitar a los otrora ingenuos de mi generación que, conscientes de las mentiras en las que caímos, y la estafa a la que se nos sometió, queremos un cambio no solo en las personas si no en las formas. Otra forma de hacer política, alejada de los soeces hábitos de una clase política que ejerció desde 1977 hasta el presente ese oficio para medrar, para hacerse de oro muchos de ellos, como el propio González.

Ante la posibilidad de un gobierno de progreso, con Pedro Sánchez como Presidente, pero con la vicepresidencia en manos de Podemos, la derecha corrupta y saqueadora se ha lanzado a la difamación y la amenaza. No solo la derecha del PP y sus más recalcitrantes reaccionarios cargan contra Podemos y Pablo Iglesias. Lo hacen todos aquellos que pueden perder privilegios o verse en dificultades ante una política que, de verdad, luche contra los corruptos.

Aznar que declarando disparates del tenor de “Maduro ampara a los terroristas de ETA; amparan a los elementos separatistas más radicales en Cataluña y reciben consejos de un grupo como Podemos, que es chavista-comunista, que además tiene financiación venezolana e iraní”. No conforme con tales declaraciones, el marido de la alcaldesa que puso en manos de fondos buitres de los que formaba parte su hijo mayor, la mayoría de viviendas sociales de Madrid, desahuciando a cientos de familias, Aznar, ‘el patriota’ que se dedicó a hablar mal de su país durante los gobiernos de Zapatero, dice de Podemos que es “una amenaza para nuestro sistema democrático y nuestras libertades. No creen en un sistema democrático y quieren subvertirlo; no creen en el Estado de derecho; no creen en la independencia judicial; no creen en un sistema democrático libre ni en la economía de mercado, ni en las libertades de las personas” Descripción que se ajusta como un guante elástico no a Podemos sino a su propio partido.

También en las filas del viejo PSOE, barones y exministros se suman a criticar un posible pacto entre PSOE y Podemos. Gente como González Vara, presidente de la Junta Extremeña que gobierna esa autonomía gracias a Podemos, se muestra contrario a que Sánchez haga lo mismo que él hace en Extremadura. No sorprende demasiado al conocer el hecho de que este político, ahora con carné del PSOE, fue, hace muchos años, en 1978, militante del PP. Tampoco ven con buenos ojos un gobierno de progreso la exministra Elena Salgado, usuaria de las puertas giratorias, o el excéntrico José Bono, amigo de sotanas e hijo de falangista.

Y naturalmente la patronal, las empresas del IBEX y una UE manejada por la derecha al servicio de las financieras que ve con terror como los machacados países del Mediterráneo se le pueden volver respondones si a los gobiernos progresistas de Grecia, Portugal, Francia e Italia se le suma España.

La disyuntiva entre elegir abstenerse y dejar gobernar a un partido marcado por la corrupción, del que casi cada día se conoce un nuevo escándalo de financiación ilegal y latrocinio, o un gobierno progresista que devuelva la dignidad y los derechos al pueblo español, no tendría que ser difícil para Pedro Sánchez, si de verdad manda en el PSOE.

Se juega no solo su supervivencia política, se juega el prestigio de un partido al que determinados líderes intentan hundir en la miseria para defender espurios intereses. Porque si cede a las presiones de esos falsos socialistas que prefieren sus poltronas y las puertas giratorias, los privilegios que les conceden la banca y las empresas del IBEX, el secretario general del PSOE no solo se habrá suicidado políticamente, sino que, como esos terroristas machistas que asesinan a sus mujeres y luego se quitan la vida, Pedro Sánchez acabará con el PSOE antes de acabar con su futuro.

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