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Las convulsas reacciones a las propuestas de Pablo Iglesias.




“Soraya ha dicho, y tiene razón, que no pueden gobernar los que les dictan la política desde Venezuela, que nosotros somos los que decidimos’ afirmaba en la mañana de hoy una jubilada despistada, víctima de las estrecheces de los bienestarcidios impuestos por la UE y por un Gobierno ultraliberal que reaccionó convulsivamente al ofrecimiento hecho por Pablo Iglesias al PSOE tras salir de su entrevista con el Jefe del Estado.

La primera consecuencia del ofrecimiento de Pablo Iglesias, aparte de las convulsas reacciones mediáticas, fue la estampida de Mariano Raxoi, huyendo de una sesión de investidura en la que iba a recibir una dura respuesta en un momento en el que su partido es el primero imputado en una causa judicial por el borrado de los ordenadores de Bárcenas y con el desprestigio renovado por el descubrimiento de la trama corrupta de Acuamed, que ha obligado a la dimisión de un alto cargo de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. Da la impresión de que lo que espera Mariano Raxoi es que Pedro Sánchez se estrelle en sus negociaciones con Podemos, y que una vez agotada la posibilidad de un gobierno progresista, él pueda aparecer como el salvapatrias que cree ser.

Las propuestas de Pablo Iglesias al PSOE parecían, según se oían en directo, irreprochables y a las que Pedro Sánchez, si tiene sentido común no podría poner peros. Mas a lo largo de la tarde los barones del PSOE y la derecha reaccionaron compulsivamente. Los socialistas decían sentirse ‘humillados’ por las propuestas de Iglesias. Debe ser que esta escribidora es un poco corta, porque no entiende en dónde estaba la humillación en las palabras de Iglesias. La reacción de los medios, todos al servicio de los intereses económicos y financieros, incluido Infolibre, dispararon contra Podemos sin compasión. Oír a Jesús Maraña hablar de que las declaraciones de Pablo Iglesias ‘llevan a unas nuevas elecciones’ daban grima, dado que, se supone, Infolibre y su director no responde a los intereses de la derecha.

La prensa de hoy envenena las opiniones de aquellos que no tienen criterio, incluidos algunos políticos tanto del PSOE como de la derecha. Cuando Pedro Sánchez afirmaba que ‘los ciudadanos no entenderían que Podemos y el PSOE no se entendiesen’ no había escuchado aún las diatribas de sus propios correligionarios, más interesados en las conspiraciones internas que en el interés del país.

Efectivamente, muchos ciudadanos no entenderían que el PSOE prefiriese echarse en brazos del PP y Cs, antes que pactar un gobierno progresista que libere a los ciudadanos de cuatro años de latrocinios, pérdida de derechos y de libertades, imposiciones religiosas y vuelta a las maneras del nacionalcatolicismo pacato y beato que propició la más abyecta desigualdad e hizo retroceder el país, en cifras y en estilo, a la España de los años setenta, antes de que muriese el dictador.

Se escudan muchos en que Podemos pone en riesgo la ‘unidad de España’ con su defensa de un refrendo en Catalunya. A los que reaccionan contra un gobierno progresista de PSOE y Podemos les importa un ardite ese posible referendo en Catalunya o la reforma constitucional. Lo que de verdad les inquieta es las reformas económicas que podría abordar un gobierno en el que Pablo Iglesias fuese vicepresidente, y desde el que se llevase a cabo una reforma fiscal progresiva, en la que los más ricos pagasen con sus impuestos las necesidades de esos trece millones y medio de ciudadanos a los que explotaron y hundieron en la miseria durante los cuatro infames años de gobierno del PP.

Lo que preocupa a los voceros del capitalismo salvaje no es la ‘unidad de la patria’, una patria que bien poco los importa a la hora de acabar con los derechos de sus ciudadanos, o su economía, cuando gente como Aznar y su hijo, aconsejan que no inviertan en España si no son los suyos los que gobiernan propiciando leyes injustas y el abuso insoportable de la clase trabajadora.

Efectivamente, nadie entenderá que el PSOE no se entienda con Podemos, no entenderá que se propicie un gobierno de derechas o que se repitan las elecciones, lo que supondría una bofetada a los deseos del electorado, un ‘voten ustedes lo que nosotros queremos, y si no nos gusta vuelvan a votar hasta que salga lo que deseamos’.

Los ciudadanos expresaron en las urnas lo que querían: Un gobierno progresista sin mayorías absolutas. Más de once millones votaron PSOE, Podemos e IU, frente a los siete que votaron PP. Y no, no entenderán que el PSOE frustre esas expectativas. Y lo que será peor para ese partido: no se lo perdonará en decenios.

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