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En lo que no piensan los políticos que se oponen a un pacto de progreso.




Que la derecha no quiera un Gobierno formado por PSOE y Podemos es algo que no puede extrañar. La derecha es la oligarquía, las empresas del IBEX, los que durante años fueron los responsables de que 14 millones de españoles cayésemos en el pozo de la pobreza, los que hicieron que España se convirtiese en el país más desigual de Europa. Que antiguos representantes del PSOE se pongan al lado de la idea de que, en contra de las necesidades del pueblo, se organice un Gobierno de progreso, como Felipe González, que pasea sus millones por el extranjero y en su país aparenta ser un serio hombre de Estado, aunque sus intereses están con los de los millonarios venezolanos y los narcos colombianos, puede entenderse, aunque no comprenderse. 

Esta semana la prensa se pasó días y días machacando con las declaraciones de antiguos dirigentes del PSOE -me niego a llamarlos socialistas, socialistas eran Pablo Iglesias Posse, Indalecio Prieto, Fernando de Los Ríos- mas no esos individuos que claman en contra de un Gobierno de progreso, que criminalizan a Podemos, porque ese partido representa, mucho más que el actual socialismo, la conciencia social y la solidaridad con el pueblo. 

El viernes se reunían en una comida que distó mucho de ser multitudinaria, como deseaban sus promotores, personajes como José Luis Corcuera, o Joaquín Leguina, entre otros. De Corcuera todos los de mi generación recordamos que tuvo que dimitir por una inadmisible ley de Seguridad que propiciaba la entrada en las viviendas de la gente sin más criterio que el de las fuerzas de Seguridad, la conocida entonces como Ley de la Patada en la Puerta. Tal vez algunos recuerden menos que fue juzgado por el uso torticero y poco honesto de Fondos reservados para, según él, obsequiar a sus subordinados. 

Otro de los personajes que acudieron a esa comida, y que repite consignas propias de la extrema derecha en programas como la COPE o ahora en 13TV, la cavernaria TDT de los obispos es Joaquín Leguina, que comparte sus patochadas con otro traidor al socialismo, José Luis Balbar, el hombre en la sombra del Tamayazo. En la biografía política de Leguina hay muchas más sombras que luces. Quienes le conocimos y tratamos en los años previos a su ascenso a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, sabíamos ya entonces que era un intrigante muy aficionado a la conspiración y, sobre todo, con unas ideas muy distantes del auténtico socialismo. 

Estos personajes de biografía ominosa son los que dicen preferir un gobierno del PP, el partido de las empresas del IBEX, de los que les permitirán conservar sus privilegios y poltronas que son la única razón por la cual militan en un partido ni mucho menos, para transformar la sociedad y hacer de los ciudadanos personas más dignas libres e inteligentes como buscaba Pablo Iglesias Posse al crear el PSOE.

Que existan socialistas con responsabilidades de Gobierno en autonomías, que conocen las necesidades del pueblo sobre el que gobiernan, como Susana Díaz, Presidenta de una autonomía en la que la miseria se enseñorea entre la población y la corrupción sobrevuela sobre las instituciones, resultaría incomprensible si no fuese porque Díaz creció políticamente a los pechos de la vieja guardia, la gente de Felipe González, entre ellos Juan Antonio Griñán, hijo de un notorio falangista, y falangista él en sus años jóvenes. 

Esa es la gente que se opone a un Gobierno de Progreso, la que teme que un Gobierno en el que esté Podemos se acaben sus privilegios, sus poltronas, sus sueldos millonarios en las empresas privatizadas por Felipe González y Aznar, si se acaban con las puertas giratorias y los mandan a ganarse la vida o, dada la provecta edad de muchos de ellos, a vivir de una jubilación que no será, ni mucho menos, las exiguas que cobramos el común de los mortales. 

Que existan socialistas ‘de a pie’ que siguen viendo un peligro en que Sánchez pacte con Podemos, que sería la solución y la salvación para muchos millones de españoles, actualmente en la miseria, no se entiende, porque en el ADN del socialismo tendría que estar la sensibilidad social y la solidaridad que muchos socialistas de base, concejales de pueblos y miembros de direcciones intermedias no parecen practicar
Pondremos como ejemplo el caso de la ciudad en la que vivo y la vecina Guardamar. En la ciudad en la que desemboca el río Turia se apresuró el gobierno socialista local en aprobar una renta básica de quinientos y pico euros para las personas desfavorecidas, al margen de lo que diese o no el Consell. Por el contrario, en la Ciudad de la Sal, no existen tales prestaciones. La Concejalía de Bienestar Social, carente de sensibilidad social, se limita a solicitar las ayudas que concede la Consellería de Igualdad y, quizá me equivoque, no se han molestado en consultar las aprobadas por el actual Gobierno y se limitan a aplicar -como repite como loro amaestrado una trabajadora social- “el reglamento y las normas” …independientemente de lo que se aprobase desde la Conselleria en los últimos presupuestos. Cuando se aprobaron los del 2016 Les Corts valencianas articularon una serie de ayudas de vivienda y para pagar la energía; la concejalía de Bienestar Social dijo desconocerlas, y cuando se le habla de lo que ha publicado la prensa a una de las trabajadoras sociales, esta tiene la osadía de afirmar que ‘no se entiende lo que se lee’. Y se lo dijo a esta escribidora, profesional del periodismo durante toda su vida adulta. 

Son diferentes sensibilidades sociales, incluso dentro el mismo partido, porque a la vez que la Oficina Municipal de Vivienda, dependiente de Urbanismo, actúa con celeridad y eficacia para resolver los problemas de la gente, la de Bienestar Social, ambas del PSOE, la segunda, en manos de personal supuestamente técnico, porque la responsable política hace dejación de su responsabilidad, niega cualesquiera ayudas a los desesperados. 

Y aún hay personajes, sin cargos públicos, pero que cobran jugosos sueldos de asesores, que tienen la osadía de recriminar a los desesperados que reclaman sus derechos, que no se acercan al poder ‘con humildad’. 

Por estas causas y otras parecidas es por las que este país necesita un Gobierno que cambie no solo las políticas sociales sino los modos de muchos personajes y personajillos que, aun proclamándose de izquierdas, actúan con los mismos modos heredados de la derecha, por aquello que dice el refranero popular ‘si quieres un tiranillo, dale un carguillo’. Resulta imprescindible que este país cuente con un Gobierno de progreso, de PSOE y Podemos, para que las gentes de este último cambien no solo la política sino los modos de muchos impresentables que aún transitan por el poder. 

Somos muchos los millones que esperamos que PSOE y Podemos se pongan de acuerdo para que, a nivel nacional, los que sufrimos la más absoluta de las miserias podamos recurrir al Estado para salir del marasmo que, a más de uno, puede llevarnos a la tumba, porque desde los Ayuntamientos hay, por desgracia, mucha gente que ni se entera ni le importan los problemas de los demás.

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