Ir al contenido principal

La perplejidad ciudadana y la endiablada Ley D’Hondt




“¿Cómo es posible que con todo lo que han robado hayan ganado las elecciones?” La pregunta se repitió en las redes sociales y en la calle. Muchos ciudadanos reaccionaron, incluso con la rabia de la impotencia, al ver como muchos de los perjudicados por medidas del PP, como el recorte de las pensiones, el copago farmacéutico o la reforma laboral, votaron a un partido que recortó derechos y libertades.  

Cierto es que el PP ha ganado las elecciones y nadie se lo puede discutir, por esa causa nadie entiende que 7.215.530 españoles hayan vuelto a votar al partido de la trama Gürtel, como paradigma de otras muchas tramas de corrupción, puestas en evidencia hasta en la campaña electoral, cuando se descubrió que uno de los políticos del PP que ha logrado escaño, Pedro Gómez de la Serna, estaba involucrado, al igual que embajador en Delhi, Gustavo de Arístegui, en un escándalo de cobro de comisiones. Pero cierto es también que los populares sufren una pérdida de 3.615.163 millones de votos, 63 escaños y 15,9 puntos porcentuales, un auténtico descalabro electoral, diga lo que diga Raxoi. 

Es muy posible que el resultado electoral del día 20 suponga el techo de fieles votantes del PP, al que habría que añadir unos cientos de miles de esos ancianos a los que las monjitas de las residencias llevaron a votar, y que esos más de tres millones de votantes perdidos por el PP fueran los de los cabreados con el PSOE de las pasadas elecciones, o aquellos incautos convencidos en la veracidad de sus asertos durante la campaña de 2011, en la que mucho ingenuo creyó a pies juntillas que en cuanto ganase Raxoi las elecciones se iba a resolver el problema del paro.

Otra de las preguntas que se oían en la calle el día 21 se refería a la ley electoral. “Tú que entiendes de esas cosas, por qué dicen algunos políticos y periodistas que hace falta una reforma de la ley electoral, he oído que los votos de algunas personas van a la papelera ¿por qué?” preguntaban perplejos algunos ciudadanos a quienes pensaban les podía resolver unas dudas que, ni los medios de comunicación acabaron de explicar como es debido, ni los políticos aclararon con suficiente contundencia. 

La culpa de tal galimatías, de que la mayoría de los votantes no acaben de entender que no es cierto que una persona represente un voto, sino que hay una serie de condicionamientos y porcentajes que suponen que unos votos valgan más que otros, es la Ley creada por Víctor D’Hondt, jurista belga y profesor de derecho civil y fiscal en la Universidad de Gante durante el siglo XIX. Este señor, culpable de la injusta ley electoral española ideó un método que permite obtener el número de cargos electos en proporción a los votos conseguidos por las candidaturas. Así el partido más votado -en este caso el PP- necesita solo cincuenta y ocho mil votos para obtener un escaño, el partido siguiente precisa de cerca de tres mil votos más para obtenerlo y la proporción se va agrandando hasta que algún partido, como IU, requiera cerca de medio millón de votos para obtener un solo escaño. 

La cuestión se complica debido a las circunscripciones electorales, porque no en todas las provincias es necesario el mismo número de votos para aspirar al deseado asiento en el Congreso. Así, en provincias poco pobladas los partidos solo requieren 3.600 o 3.500 votos para contar con escaños, sin embargo, en las grandes ciudades, son necesarios muchísimos más. Así en la capital de la nación son necesarios 96.197 votos para que se asigne un escaño. 

Con la misma Ley D’Hondt, si se aplicase la circunscripción única, esto es que los votos valiesen lo mismo en todo el país, el resultado de las elecciones hubiese sido muy distinto, PP y PSOE habrían obtenido 104 y 79 escaños respectivamente, por el contario Podemos contaría con 73, Ciudadanos con 50, y lo que es más llamativo, IU, que solo contará con dos esta legislatura habría contado con 13, lo que, además de más justo, supondría que la gobernabilidad del país sería más fácil, porque PSOE, Podemos e IU podrían conformar una cómoda mayoría de 165 escaños, frente a los 154 que formarían la confluencia de PP y Cs. 

A pesar de toda la rabia o la impotencia que sientan quienes querían ver al PP fuera del Gobierno -y que es probable que así sea, porque no obtendrá una mayoría viable si el PSOE mantiene su no al gobierno de Raxoi- la realidad es que, si se suman los votos de la izquierda, superan a los de la derecha. Porque al sumar los obtenidos por PSOE, Podemos, IU, ERC y Bildu el resultado es de 12.461.487. La suma de votantes de PP, Cs y PNV supone 11.017.561, lo que significa que cerca de un millón y medio de votantes se inclinó hacia partidos de izquierdas. No es que la cifra suponga una diferencia abismal, porque, tristemente, lo cierto es que la imagen de las dos Españas se ha vuelto a repetir estos comicios. 

Sea por la Ley D’Hondt, sea por las dos Españas que hielan el corazón, como dejo dicho el poeta, lo cierto es que el panorama se presenta complicado para que se forme gobierno. El PP parece que lo tiene imposible. De lo que hagan PSOE y Podemos depende que no haya que repetir las elecciones en la primavera, con la misma ley electoral.

Y posiblemente con el mismo resultado, o parecido.

Comentarios

Entradas populares de este blog

26J: ¿Pucherazo o estupidez del pueblo?

Susana Díaz: El enemigo en casa

Crónica en negro del País Valencià: ¿Carlos Fabra implicado en asuntos mucho peores que la corrupción?

Quienes gustan de la historia, saben que muchos acontecimientos nunca explicados por los coetáneos de hechos ominosos, acaban apareciendo claros como el cristal con el transcurrir de años, o de los siglos. Acontecimientos políticos, guerras sin sentido que respondían a intereses económicos ocultos o, incluso, a pasiones de índole sexual, se desvelaron con el paso del tiempo aunque, para quienes fueron testigos directos hubieran constituido secretos insondables.
Una publicación catalana, El Triangle, sacaba a la luz en días en pasados un artículo sobre el crimen de las niñas de Alcàsser en el que, según recoge un amplio reportaje en su edición de papel, la confesión de un arrepentido podría implicar al todopoderoso y corrupto Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón durante largos años, en una red de pornografía infantil que llevaba a cabo, igualmente, un amplio abanico de actividades ilícitas: importación y venta de cocaína procedente de Panamá, tráfico de armas, trapic…