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La disyunción del PSOE: ¿Galgos o podencos?




Definición del DRAE: Disyunción: 1. f. Acción y efecto de separar y desunir/2. f. Fil. Separación de dos realidades, cada una de las cuales está referida intrínsecamente a la otra; p. ej., masculino y femenino; izquierdo y derecho.

Indudablemente el PSOE se encuentra en el presente en una situación de disyunción según la segunda acepción del DRAE. Nadie puede negar que el partido fundado por Pablo Iglesias Posse vive dos realidades contrarias y contradictorias. De una parte, están las bases, sin voz ni voto en el sacrosanto ‘Comité Federal’, máximo órgano decisorio entre congresos, y este, la reunión de los mandamases del partido, ya sean de la Ejecutiva, ya sean los machaconamente nombrados por la prensa como ‘barones’, aunque luzcan largas guedejas rubias, como la señora Díaz, es incapaz de ponerse de acuerdo o de plantear una votación democrática.  

Hablaba esta bloguera el otro día del camino hacía el socialiberalismo impuesto por los dirigentes de los años ochenta, y que no fue capaz de abandonar desde entonces, pese a perder votantes a chorros, tal y como se ha visto en las pasadas elecciones de hace apenas una semana, y recordaba las lecturas que recomendaban los dirigentes de entonces a los militantes universitarios que mostrábamos una innegable inclinación a la izquierda más clásica dentro del Partido.

Aquellas reflexiones me llevaron a rememorar que no solo recomendaban la lectura de las obras de Norberto Bobbio o Maurice Duverger, sino que, incluso, se inclinaban antes por contemplar los preceptos sentados por un militar prusiano que, por las enseñanzas de los fundadores del PSOE, como Pablo Iglesias, De Los Ríos, o de señeros socialistas de los años de la República como Prieto. Cuando, acudía a la Agrupación de Moncloa con libros de esos autores recién comprados no faltaban bromitas causticas del tono ‘joo Luisa, qué antigua eres’, como reproches suaves y teñidos de ironía que contenían el claro rechazo ideológico que evidenciaban personajes como Joaquín Almunia, José María Maravall, u otros dirigentes cuyos nombres desdibuja la desmemoria, que militaban en aquella agrupación por la que se pasaban, de vez en cuando, a impartir doctrina.

Recuerdo mi sorpresa cuando, al recurrir a la enciclopedia Espasa de mi hogar -en aquellos años no existía ni Internet ni san Google- para conocer al personaje que José María Maraval o Ignacio Varela -que fue hace poco tristemente famoso por su implicación en la sinvergonzonería de las tarjetas black de Caja Madrid- nombraban como paradigma de filosofía a seguir, sufrí un auténtico sobresalto. Y es que el personaje que con tanta admiración nombraban aquellos dirigentes socialistas de los años ochenta no era si no Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz, alguien a quien mi ávida ansia lectora de izquierdas desconocía. Mi sorpresa fue, cuando tuve entre las manos la vieja Espasa, que el citado como ejemplo de sensatez y lógica fue un militar prusiano, y uno de los más influyentes historiadores y teóricos de la ciencia militar moderna, a la vez que filósofo que se estudiaba y se estudia no solo en las academias militares, sino y también, en las de gestión empresarial y márquetin. Al recordar aquellas recomendaciones caigo en la cuenta de que los dirigentes socialistas de los años ochenta fiaban más su ideología al márquetin que a la ideología. Y poco han cambiado.

Los resultados electorales del pasado día 20 han vuelto a colocar al PSOE en una difícil disyuntiva, impuesta precisamente por sus actuales dirigentes, y los llamados ‘barones’, enrocados en su intransigencia e inconsecuencia, como le sucede a los Presidentes de Castilla La Mancha y Extremadura, que no quieren que Pedro Sánchez pacte con Podemos, en tanto ellos ostenta la presidencia de sus comunidades gracias al apoyo de ese partido.

Otra historia es la de la señora Díaz, la líder socialista que encanta a la derecha… y por algo será. Esa señora, que ha vivido siempre de la política desde su más tierna juventud, amamantada ideológicamente por el clan sevillano de Chávez o Griñán, dejó sus estudios para ser cargo público. Antes, en su más tierna juventud había sido catequista, y uno de sus logros como concejala sevillana fue la de que un asesino de animales, el torero Curro Romero, se disfrazase de rey Baltasar para la cabalgata de Reyes Magos de 2000. Son dos pequeñas anécdotas nada baladís para comprender la idiosincrasia de esta política ¿socialista?, que habla de la unidad patria con el mismo fervor que los defensores de esa España cañí, incultivada y huera, propia de beatos y amigos de los tauricidios y el señoritismo. ERES aparte.

Con esas premisas poco socialismo se puede esperar de quienes la quieren al frente del PSOE, para condenar a ese partido al hundimiento total y la desafección de sus militantes y votantes. Con ella en la Secretaría General, como quieren algunos situarla, el PSOE firmaría, definitivamente y para siempre, su acta de defunción.

Los ‘barones’ y el Comité Federal, por lo que cuentan los medios, se dedicó a hablar de si eran galgos o podencos -y todos conocen el triste final de esa fábula-, en lugar de tomar las riendas de la posibilidad de formar un Gobierno Progresista con los votos de formaciones de izquierdas como Podemos.

Habría que preguntarse si alguien de ese Comité Federal conoce el pulso de la calle y las necesidades de los ciudadanos, a los que importan mucho más que se tomen medidas que palíen la situación de penuria con la Ley de emergencia social, llamada Ley 25, inspirada en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El objetivo del dirigente de Podemos es evitar los desalojos forzosos sin alternativa habitacional, así como una garantía igual para víctimas de la violencia machista sin necesidad de denuncia previa, entre otros aspectos. Iglesias destacaba que la prioridad ahora es "hablar de España y de los problemas sociales de los españoles". Antes, sin duda, de esa obsesión por una falsa unidad patria que tanto obsesiona a la derecha, ya esté en el PP, o en el PSOE de los catecúmenos de Bobbio, Duverger y Clausewitz.

La preocupación de esa mayoría de votantes que depositó su papeleta a favor de cualesquiera de las formaciones de izquierdas no es, ni mucho menos, que se pueda o no romper España, porque para los 13.5 millones de personas bajo el umbral de la pobreza la España de los derechos sociales y las libertades hace mucho que la rompió el PP con la pasividad del PSOE.

Si Pedro Sánchez y sus barones dejan pasar la oportunidad de presentar un Gobierno alternativo al imposible de la derecha, abocando al país a unas nuevas elecciones, el PSOE habrá cavado su tumba definitivamente y su Congreso ya ni será necesario porque no existirán ni militantes que acudan a él, teniendo en cuanta, además, la inexistencia de un personaje que pueda concitar el entusiasmo en sus filas, o entre los votantes, dado que hace muchos años está horro de líderes que conecten con los electores.

Sería una lástima.  

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