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Crónica de un tedioso debate, o la insubstancialidad de dos candidatos.




El único momento de tensión y de debate real en el de a dos, en el que aceptó participar Mariano Raxoi, que se paseó por programas tan impropios para un Presidente como “En tu casa o en la mía” conducido por el reaccionario Bertín Obsborne, o “Qué tiempo tan feliz” presentado por esa otrora gran periodista relegada por T5 a un programa frívolo e insubstancial, fue cuando Pedro Sánchez le dijo a Raxoi que carecía de decencia por no haber dimitido por todos los casos de corrupción en los que se ha visto involucrado aunque lo niegue, como los cobros de sobres, o los evidentes mensajes a Bárcenas, ese “Luis sé fuerte” que debe acudir en forma de pesadilla a perturbar los sueños presidenciales desde que el diario El Mundo los dio a conocer.

Las palabras de Sánchez, que hicieron perder los nervios al Presidente en funciones del Gobierno, por mucho que los líderes de los partidos emergentes, y la mayoría de la prensa lo criticase, fue el único momento digno de atención de un tedioso debate en el que los dos contendientes anduvieron planos y poco ágiles. De Mariano Raxoi poco se puede decir, excepto que repitió las mismas falacias con las que viene obsequiando a este sufrido pueblo desde que está en La Moncloa. Si hizo algún ofrecimiento nuevo pasó desapercibido, tal vez porque las promesas de Raxoi se toman a beneficio de inventario desde que, en los pasados comicios, aseguró que no iba a tocar ni la sanidad ni la educación, ni subir los impuestos o dar dinero a los bancos y todos sabemos que su política consistió en hacer exactamente lo contrario durante toda la legislatura.

Después del golpe de Pedro Sánchez, directo al hígado político de su contrincante, recordándole los casos de corrupción, el supuesto líder de la oposición perdió infinitas ocasiones de desmentir con contundencia los asertos de Raxoi, como cuando aseguraba que había subido las pensiones, ¿tanto trabajo intelectual suponía para Sánchez recordarle que la subida había sido del 0.25% y que la mayoría de pensionistas habían recibido en esa subida poco más o menos un euro, y que tan solo los privilegiados, que son los que le interesan a Raxoi, habían notado la subida? El resto de pensionistas, con ese 0.25, las exponenciales subidas de las tarifas eléctricas y el repago farmacéutico han experimentado bajadas dramáticas en su poder adquisitivo. No hubiera estado mal que el líder del PSOE, en un gesto de empatía por los débiles, se lo hubiese recordado y mostrado su indignación por ello.

¿Tan complicado era, para el Secretario General del PSOE, echarle en cara al candidato Raxoi los muertos de la crisis desde que él llegó a La Moncloa, entre las víctimas de desahucios, pobreza energética, renuncia a tratamientos médicos para poder ayudar con pensiones de hambre a hijos parados y nietos famélicos? ¿No pudo acordarse Pedro Sánchez de los muertos de hepatitis B o de los enfermos de cáncer a los que la Sanidad, supuestamente pública, niega a personas que mueren por falta de esos específicos?

¿Tan difícil hubiera sido que sacase a colación la cifra real de parados que no cobran subsidio alguno, y de paso, la reacción despreciativa de su correligionaria Andrea Fabra con aquel “¡que se jodan!” dirigido a los trabajadores que no percibirían prestaciones las vieron reducidas hasta casi la nada? No habría sobrado que lo hiciese, a la vez que le reprochase su falta de sensibilidad por los débiles.

¡Qué gran ocasión perdió Sánchez en recordar al Presidente en funciones que su Ley Mordaza había despertado las alarmas de la prensa internacional que la tildó de ley fascista y de vuelta al franquismo desde que se conoció su borrador! ¿Hubiese sido políticamente incorrecto y le hubiera hecho parecer poco patriota si hubiese reprochado a Mariano Raxoi que su presupuesto de Defensa se disparó, innecesaria e ilógicamente, al tiempo que se recortaban toda clase de derechos y prestaciones?

El ‘indecente’ que descolocó a Raxoi, haciéndole exclamar ‘¡hasta aquí podíamos llegar!’ en un alarde de prepotencia, seguido de un baile incontrolable de pies, y el ojo disparado hasta hacerle parecer un orate, fue, por otra parte una minucia si se hace memoria y se recuerdan las atrocidades que, durante ocho años, dedicaron los populares a Zapatero, al que con lo más leve que se le obsequió fue calificarle de ‘bobo solemne’, porque de las acusaciones de estar detrás del 11M, de ser amigo de ETA, de despreciar a los muertos causados por la banda asesina y otras atrocidades sería muy largo hablar.

El PP muestra una delicada piel de mariposa cuando tiene que escuchar a sus contrincantes, mas a la hora de atacar a sus adversarios, piensa que tienen piel de iguana o de rinoceronte.

En cualquier caso, el debate a dos resultó plano, falto de interés y sin propuestas creíbles. Dicen los analistas que parecía un debate de los años ochenta. Mas no, no se trataba de un debate de los años ochenta sino de un debate histriónico, sin agilidad y sin substancia. Dando fe, como un notario, de la insubstancialidad y falta de energía de dos políticos que parecen ya del pasado.   

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