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A 7.215.530 ciudadanos no les importa ni la corrupción ni los recortes.




Siete millones doscientos quince mil quinientos treinta: es la cifra de españoles que, el pasado día 20, votaron al PP. Nada les importó ni la trama Gürtel, ni la operación Púnica, ni el Gran Premio de Fórmula1 de Valéncia, el saqueo a Emarsa, el saqueo a Bankia, ni los 44.000 millones perdidos para las arcas públicas y caídos en manos de corruptos. No les importó, a esos más de siete millones de personas, votar al partido que implantó el copago farmacéutico, que quitó cientos de específicos de la lista de la Seguridad Social y que han de pagar, o prescindir de ellos, o que el PP expulsase a sus hijos de las universidades por no poder pagar las tasas, o no recibir prestación alguna estando en paro. En suma, las víctimas de los niveles de pobreza y exclusión social, registrados estos años a causa de las políticas del PP. 

Así, durante el gobierno del PP y los últimos años de gobierno del PSOE, las tasas de pobreza subieron en nuestro país al 24,7%, desde 2009, 4,5 puntos, situándose en la tasa más alta desde que se estableció la EAPN en 1990. Un informe de ese organismo señalaba que el 29,2% de la población en España, un total de 13.657.232 personas, vive en riesgo de pobreza, un indicador que subió casi dos puntos porcentuales en el último año, lo que se traduce en casi 800.000 personas más en riesgos de exclusión. De esos trece millones de personas, algunas, con instintos suicidas votarían al PP o, como mucho, se abstuvieron, dado que la izquierda no sumó esa cifra de votantes.

Tampoco puede atribuirse a los millonarios en exclusiva el número de votos del PP, puesto que la cifra de los considerados en España millonarios, que crecieron el pasado año en un 40%, según fuentes de informe Anual de la Riqueza en el mundo de Capgemini y RBC Wealth Management, asciende al de 249.200, que son los que, se supone, son los votantes ‘naturales’ del PP. Por lo que una elemental resta nos expone que en este país existe un ilimitado número de masoquistas carentes de cultura política y dignidad, dada la cifra de quienes, sin ser potentados, concedieron sus votos al PP, que arrebató a manos llenas derechos y libertades, y que asciende a los 6.966.330 de personas.

Intentar explicarse las razones por las que tanta clase otrora media, convertida en clase proletaria explotada y machacada durante los cuatro años de legislatura de Raxoi sigue votando al PP es una ardua tarea, casi imposible de precisar, a menos que se use la brocha gorda de aquel alcalde que estalló con un ‘los obreros que votan a la derecha son tontos de los cojones’. Mas… ¿de dónde proviene esa tontería, o esa torpeza consistente en votar a un partido que no solo no defenderá sus derechos, sino que, como se ha visto en la pasada legislatura los recortó hasta la extenuación al tiempo que se dotaba de unas leyes de ‘orden público’ -termino claramente heredado del pasado franquista de algunos componentes del Ejecutivo- encaminadas evitar las protestas ante sus políticas de depredación y su corrupción continuada?

Los medios de comunicación de la derecha, prácticamente la totalidad de las cadenas generalistas, y, por supuesto, las cavernarias TDT, concedidas siempre por el PP a sus afines ideológicos de extrema derecha, estuvieron, prácticamente toda la legislatura difamando, insultando y criminalizando a los partidos de izquierdas. Durante los dos primeros años su enemigo a batir fue el socialismo (?) culpable de los recortes a causa de la herencia recibida de Zapatero. Mas la aparición de Podemos les hizo cambiar el chip para acusar a sus dirigentes de ser marionetas de Maduro, estar sometidos a las políticas bolivarianas y toda clase de dislates, infundios y difamaciones. Entonces empezaron a bendecir la figura del reaccionario Felipe González, otrora bestia negra de la derecha, al que atribuían hace treinta y tres años las mismas siniestras intenciones que ahora atribuyen a Pablo Iglesias que, según la caverna mediática, iba a dejar al país arruinado, se vaciarían los supermercados como en Venezuela, y ya, en el extremo de la desmesura, Herman Techs, o Jiménez Losantos pronosticaban que si ganaba Pablo Iglesias las elecciones se desataría una persecución que llevaría a la muerte a todos los que no pensaran como los integrantes de Podemos.

Que existan personas que puedan creer esas patrañas que, convencidas de que si votaban a la izquierda les quitarían las pensiones, o que, mantra repetido hasta la saciedad por la caverna, iban a quitar las viviendas a los propietarios, no es más que el fruto de una endémica incultura política propiciada primero en los negros años del franquismo y después en los casi cuarenta años de pseudodemocracia, en la que los gobernantes del bipartidismo pusieron buen cuidado en que la gente no se formase ni se informase en libertad. Circula por Facebook una foto en la que se alude al éxito de las dieciséis ediciones de Gran Hermano, para explicar la ausencia de sentido de la dignidad y de la libertad de la que carece una sociedad que, sorprendentemente, y a pesar de una corrupción ‘de proporciones bíblicas’ -como le gustaba decir al ministro Margallo ante un posible triunfo de Podemos-, concedió más de siete millones de votos a los depredadores de derechos y libertades. O simplemente a los que toleraron -cuando no los apoyaron (‘Luis sé fuerte’) – a los sinvergüenzas.

Este análisis son meras palabras, especulaciones para encontrar la razón al tamaño dislate del voto a un partido que tendría que, no solo sufrir el batacazo que ha padecido- si no haber desaparecido del panorama electoral. Porque la otra explicación es la del alcalde de Getafe, Pedro Castro.

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