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Por qué lo de Catalunya parece un trampantojo.



Serán mis propios problemas económicos, la sensación de impotencia por no ver la salida del túnel, el no tener tabaco o la sobresaturación de las noticias. Pero la impresión que siento al ver tertulias y noticiarios es que el problema planteado por Junts pel sí o por la CUP, la declaración de independencia, el proceso de desconexión con España o el camino de separación de Catalunya del Estado español me parece una especie de ópera bufa montada por Artur Mas y sus aliados para distraer a los catalanes, y de paso a los españoles, de los problemas reales.

Porque cuando la gente se muere por falta de atención hospitalaria al cerrar quirófanos, cuando no come porque no existen prestaciones, y miles de personas se ven sin calefacción y sin luz, sin poder comprarse un pantalón o un jersey porque los comprados hace diez años ya no aguantan más, el que unos señores en un Parlamento pronuncien palabras supuestamente trascendentes y hablen de problemas que están en sus cabezas y sus intereses pero no en los problemas de la gente más desfavorecida pareciera una indecencia.

Tan indecente como las grandilocuentes palabras de los políticos españolistas que aburren con sus declaraciones de unidad de una patria ficticiamente unida, porque la realidad es un país de países que, de tener decencia y sentido común unos y otros, podría ser menos inhóspito e intolerante. Y mientras lanzan proclamas de unidad Constitucional se olvidan de los intereses de personas sin prestaciones, sin dinero para llenar el carro de la compra con dignidad y sin tener que depender de la caridad de unas instituciones que deciden la vida, los gustos y hasta las inclinaciones políticas de quienes recurren a ellas.  

Andan los políticos españolistas amenazando con venganzas constitucionales y los catalanistas con la irrevocable decisión de su camino a una república catalana que, de haberse celebrado un referéndum como quería la mayoría, es posible que ahora no estuviéramos siendo testigos de una situación que la prensa utiliza para alarmar, con la inestimable ayuda de seniles políticos como Alfonso Guerra, que invoca la proclamación del Estado de Guerra en Catalunya por aquel presidente de la II República, Alejandro Lerroux, que no fue precisamente un paradigma de político recto y honorable. “Golpe de Estado civil’ ‘rebelión contra la ley’ y otras lindezas, proclamadas por políticos y medios alarmistas, producen una sensación de irrealidad, como si todo lo que se lee en la prensa o se ve en las televisiones no fuese más que un trampantojo para ocultar la realidad, para que no se escuchen las propuestas de partidos que tienen algo más que decir del futuro de los ciudadanos que invocar una sacrosanta unidad de la patria que, a quien no sabe si comerá al día siguiente, que se muerde las uñas porque falta el tabaco, o que no sabe qué podrá dar de comer a su perro, porque esas instituciones que ayudan a los parias de la tierra no les conceden el alivio de contar con su compañero peludo y a lo más que llegan es a recomendar que lo lleves a un refugio, condenando, al pobre animal y al desdichado amo, a morir de pena, le importan un carallo.

Sin duda hay miles de catalanes que quisieran independizarse, y otros tantos que quisieran seguir perteneciendo a España, pero ese problema no se soluciona con esa ‘desconexión’ que plantean los políticos independentistas, ni con la suspensión de la Autonomía. Seguramente se solucionaría debatiendo. Pero ¡por favor! Háganlo después de haber solucionado, en España y en Catalunya, los problemas de la sanidad, de la educación, de las prestaciones sociales y de la gente que se suicida por problemas económicos. Y de paso no utilicen su miserable trampantojo para tapar la corrupción que afecta por igual a independentistas y españolistas, sea del 3 o del 300%.

Y no utilicen el asunto catalán como un trampantojo destinado a que miremos esa ópera bufa protagonizada por Mas y Raxoi mientras los españoles, al menos trece millones, no saben cómo sobrevivir sin ayudas y si comerán mañana. Porque, sinceramente, a muchos les importa un carallo que Catalunya se independice, cuando no saben si podrán comer al día siguiente.
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