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Otro asalto a la libertad: El País despide a Miguel Ángel Aguilar por denunciar censura en ese medio.



El pasado viernes España aparecía en la portada del prestigioso diario New York Times, y de nuevo no para hablar bien de este país, sino para poner de manifiesto la falta de democracia en la prensa española. El reportaje contaba con el testimonio de Miguel Ángel Aguilar, de El País, J. Pedro Ramírez y el director del digital eldiario.es, Ignacio Escolar.

Aguilar señalaba en sus declaraciones: "Los periódicos están en manos de los inversores", una incontrovertible verdad, referida a El País, cuya propiedad está en manos de financieras entre las que se cuenta la desprestigiada causante de la crisis, Lheman Brothers. Igualmente criticaba el papel del Gobierno de España al destacar que "Esta es una situación de dependencia que ha hecho un daño terrible a la credibilidad de los medios de comunicación en este país". Hacia el final del artículo el columnista de El País informaba de que la censura se ha ido apoderando de los medios, haciendo expresa mención de su periódico: "Trabajar en El País era el sueño de cualquier periodista. Pero ahora hay gente que se va incluso con la sensación de que la situación ha alcanzado niveles de censura", concluía. Las declaraciones al New York Times sentaron tan mal en la dirección del diario de Prisa, que inmediatamente le fue comunicado su cese por el jefe de opinión, José Manuel Calvo, que le dijo que para "liberarle de la presión que denunciaba en el artículo del New York Times quedaba suspendida su columna".

El cese de Miguel Ángel Aguilar es, hasta el momento, el último episodio registrado en El País, que lleva una deriva de autodestrucción prácticamente desde que falleció Polanco, el creador del imperio Prisa. Juan Luis Cebrián y los herederos de Polanco primero vendieron parte de las acciones del diario a una amalgama de financieras que son las que marcan la línea editorial. Su obsesión contra Venezuela le llevó, en tiempos del predecesor del actual director, Antonio Caño, a hacer un sonado y patético ridículo como el de publicar una foto falsa del mandatario venezolano Chávez agonizando. No sería el último ridículo del otrora diario emblemático de la prensa española. Beligerante enemigo de Podemos, publicó un currículo falseado de Juan Carlos Monedero sobre el que tuvieron que pedir perdón, a través de la sección Defensor del lector, porque el clamor contra la falacia alcanzó grandes proporciones.

Unas semanas después los periodistas Manuel Altozano, Rafael Méndez y Álvaro de Cózar, abandonaron la redacción, después de negarse a firmar una noticia manipulada sobre Telefónica. La razón estaba en que Antonio Caño, el nefasto director del diario que desde su llegada al puesto, se dedicó a encanallar uno de los diarios más prestigiosos del país, ordenó manipular la información para no implicar en una denuncia de irregularidades al marido de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.

Desde la llegada de Antonio Caño, hombre muy próximo al PP y a la Casa Real, los conflictos con la redacción y algunos de los nombres más emblemáticos del diario, han dado lugar a encontronazos que acabaron con sonadas dimisiones, como la de la periodista Maruja Torres, o el despido de periodistas tan prestigiosos como poco cómodos pata el poder como José Yoldí o Antonio Izquierdo. Con esos ceses y dimisiones, o el reciente despido de Miguel Ángel Aguilar, el diario El País se acerca peligrosamente a eso que en la profesión se tilda de medios cavernarios, siempre serviles al poder político y económico, formando parte de los muchos medios que ya no gozan del respeto de los lectores, sino que, los escasos que aún lo leen, dudan de la veracidad de sus noticias.

Y es que el desprestigio de los medios españoles es algo comentado en todo occidente, porque siempre aparecen como periódicos o televisiones manipulados por los poderes fácticos o por el gobierno de forma descarada. De hecho, un estudio elaborado por la Universidad de Oxford para el “Reuters Institute for the Study of Journalism” para el que se llevaron a cabo más de 2.000 encuestas sólo en nuestro país, dejaba en evidencia a los medios españoles, porque el resultado revelaba que tan solo el 34% de los ciudadanos confiaban en los medios de comunicación nacionales. Las críticas a la manipulación a favor del Gobierno de la supuesta televisión pública es, igualmente, piedra de escándalo no solo en el artículo del New York Times, sino de los profesionales europeos, que no acaban de entender el sometimiento y la falta de dignidad de muchos profesionales españoles.

En el reportaje del New York Times, además de las declaraciones de los periodistas mencionados se señala la Ley Mordaza como una de las causantes de la falta de calidad y libertad de unos medios que sufren una censura impropia de países civilizados. dado que en todo el mundo se tiene asumido que sin libertad de prensa no existe democracia. Y que no hay libertad de prensa y expresión lo confirman noticias como el cese de Aguilar en El País. Uno más a engrosar la lista de los profesionales represaliados por intentar contar la verdad a los lectores.
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