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La pataleta de la prensa española ante las verdades del New York Times.


Antes de que La Razón hiciese un sonado ridículo publicando la foto de un humorista canadiense como uno de los terroristas que atentaron en Paris, sin asumir el error o pedir disculpas –The Guardian y la BBC  llamaron ‘periódico idiota’ al diario de Marhuenda por su metedura de pata-, la publicación en el New York Times del reportaje ‘Los medios en España se encuentran ahogados por el Gobierno y la deuda’ hizo que la Asociación de Editores de Diarios Españoles lanzase un comunicado, publicado como editorial en todos los diarios del país, negando una realidad que muchos periodistas conocemos: la falta de libertad, la autocensura y las represalias de las empresas a los periodistas  que intentan mantener su integridad profesional, algo que se puso de inmediato en evidencia, tras la publicación del artículo en el diario norteamericano, cuando El País despedía a Miguel Ángel Aguilar por manifestar en ese reportaje una convicción que cualquier ciudadano reconoce: que los diarios ya no están al servicio de la sociedad, para informarla verazmente, sino en manos de financieras que manipulan, u ocultan, la verdad, en la medida de sus intereses.

Aunque la ira de la dirección de El País por las declaraciones de Aguilar las debieron provocar las palabras en las que aludía a que “trabajar en El País era el sueño de cualquier periodista español, pero ahora hay gente tan desesperada que se está marchando, a veces incluso con la sensación de que la situación ha alcanzado niveles de censura”. No mentía Aguilar, porque la situación en la redacción del diario de Prisa desde hace meses resulta insostenible para muchos periodistas, algunos despedidos y otros que han renunciado a sus puestos de trabajo, desde que llegara a la dirección Antonio Caño.

The New York Times narraba como dos periodistas abandonaron El País después de una discusión por la modificación de un artículo sobre las relaciones de Telefónica con el Gobierno –en la que podría haber influido el hecho de que el artículo aludía al marido de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, a la que El País está muy agradecido por las gestiones que hizo con los bancos para que no ejecutaran la deuda del diario de Prisa-  así como la preocupación del comité de redacción de El País por la alteración o retirada de la página web de varios artículos que podrían, a juicio de la dirección, incomodar a países como Qatar.

Después de la publicación del reportaje del NYT, en el que se hablaba igualmente de los problemas creados a los profesionales del periodismo por la denostada Ley Mordaza –que impone en algunos asuntos la censura previa, la prohibición de informar sobre escándalos judiciales o la limitación al trabajo de los reporteros gráficos a los que esa ley deja a merced de arbitrariedades policiales-, criticada por medios de toda Europa y USA, y del control del Gobierno del PP sobre los medios, la AEDE afirmaba, con total descaro: los editores de prensa españoles reivindican su labor informativa y ponen en valor la investigación y la rigurosidad por las que se rigen sus redacciones para actuar como conciencia crítica del poder

Poco casan esas afirmaciones con la realidad que se vive a diario en las redacciones de los periódicos, en las que son frecuentes llamadas a las direcciones para exigir la publicación de determinadas noticias o la eliminación de otras, marcando descaradamente las líneas a seguir con determinados líderes políticos –y de esto sabe mucho El País con sus ataques a los dirigentes de Podemos como la publicación de noticias falsas sobre el currículo de Juan Carlos Monedero- y que dan fe de la praxis informativa que aplican la casi totalidad de los que se editan en papel, todos ellos identificados como medios sometidos al Gobierno y a los intereses empresariales del IBEX.

En el llamado ‘mundo libre’ la situación de servilismo de los medios de comunicación escritos de este país, del plegarse a imposiciones como las ruedas de prensa sin preguntas o las declaraciones a través de plasma de Raxoi, la ausencia de debates realizados con libertad y con periodistas independientes, en lugar de cortesanos del político de turno al que nunca hacen preguntas comprometidas o molestas, sorprende fuera de este país, tanto como los bajísimos salarios que se pagan en los medios y la situación de precariedad laboral que padecen miles de profesionales.

La falta de publicidad, consecuencia de la crisis, dejó a los medios españoles en manos de financieras, a más de 12.000 profesionales en el paro y la incapacidad de los medios para adaptarse a las nuevas tecnologías en sus páginas de Internet, como señalaba también el NYT, al hablar de una realidad que es, incluso, para los profesionales de la prensa española, mucho más dramática de lo que narraba el reportaje que tanto molestó a los medios integrados en la AEDE, cuyas direcciones y accionistas son incapaces de reconocer sus errores, su falta de dignidad profesional y la ausencia de libertad de unos medios que, desde hace tiempo, han perdido cualquier atisbo de prestigio internacional, como le viene sucediendo al otrora emblemático El País, aunque no solo a ese diario.  

Y en tanto, miles de periodistas que defendemos la dignidad profesional, y la veracidad de la información como servicio público, nos vemos abocados a la miseria impuesta por unos medios que ignoran cualquier deontología profesional para mejor servir al Gobierno del PP y al establishment.


 Comunicado de la AEDE (y El País erre que erre)




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