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Islam o cristianismo: Las religiones, enemigas de la libertad de las mujeres.




Seguramente la afirmación de que todas las religiones son enemigas de las mujeres escandalizará a los católicos que se preguntarán airados cómo se puede hacer tal afirmación y tabla rasa entre el cristianismo y el islam, cuando en los países cristianos nadie persigue a las mujeres ni impiden la igualdad social. Es cierto, ahora. Cuando las sociedades occidentales vienen apartando la religión a la esfera privada y, excepto en raras ocasiones, los legisladores no toman en cuenta los preceptos religiosos.

Excepciones las hubo en España con la ley del aborto, que el muy católico Ruiz Gallardón (PP) intentó prohibir plegándose a los dictados de la Conferencia Episcopal. Existe otra excepción a ese no intervenir de la religión en materia de igualdad entre hombres y mujeres, no solo dentro de sus organizaciones, como hizo el PP con la Ley de Educación o Ley Wert, al imponer la desaparición de la EpC en favor de la religión, impidiendo así que los jóvenes sean formados en conceptos de igualdad y de rechazo de la familia patriarcal que defiende la iglesia católica, o de respeto a opciones sexuales distintas a las que la religión católica señala como único modelo de familia, el formado por un hombre y una mujer dedicados a procrear y a que la mujer permanezca en casa cuidando de la prole.

Naturalmente que la religión católica no obliga, en el presente, a cubrirse el rostro ni a otras imposiciones salvajes que aplica el islam a las mujeres, de forma repugnante e intolerable para cualquier dignidad femenina. Pero tampoco nos olvidemos de que en el pasado la religión católica practicó atrocidades muy similares a las que ahora nos horroriza que perpetre el islamismo. Porque fue un obispo católico, Cirilo de Alejandría, el que ordenó el asesinato de Hipatia, filósofa, matemática y astrónoma, directora de la Biblioteca de Alejandría que el Obispo Cirilo ordenó destruir porque contenía libros contrarios al cristianismo, obrando, en el siglo III con la cultura del mismo modo que actúan en el presente los salvajes de EI.

Dicen los defensores del Corán que su Libro no condena a las mujeres a la inferioridad, sin embargo, en un buen número de versículos coránicos y de jadices se afirma abiertamente la superioridad del varón sobre la hembra. "Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres porque Alá los ha hecho superiores a ellas" se asegura, por ejemplo, en la sura 34 del capítulo 4 del libro sagrado. Existen voces del islamismo moderado que hablan de un movimiento feminista dentro del islam, una falacia absoluta, puesto que esa religión somete a las mujeres hasta el extremo de que ni siquiera son conscientes de vivir sometidas.

¿Se puede ser feminista e islamista?, ¿es posible defender el uso del hiyab y luchar al mismo tiempo por la igualdad de las mujeres? La activista argelina Wassyla Tamzali -responsable durante dos décadas del programa de Igualdad de Género de la Unesco- lleva años repitiendo que lo del feminismo islámico es tan sólo una impostura introducida a calzador en los ámbitos académicos y las organizaciones internacionales con la intención de conciliar lo irreconciliable: islam y libertad de género. O lo que es lo mismo, en su opinión se trata sólo de una disparatada tentativa por combinar el agua de una herramienta ideológica concebida para la liberación de la mujer con el aceite de una religión basada en la sumisión. 

Las mujeres islamistas que defienden posturas pseudofeministas y que proclaman no estar oprimidas y dicen vestir el hiyab por voluntad propia y por orgullo de pertenecer a una religión se mienten a sí mismas tanto como se pudieran engañar las mujeres cristianas que aceptaban como consejos sagrados las Cartas a los Corintios del muy machista Pablo de Tarso. Las mujeres que siguen educando a sus hijos en el fanatismo yihadista, que envían a sus hijos a luchar con el EI y a sus hijas a acudir al mismo estado islámico para convertirse en esclavas sexuales y úteros sin derechos son el caldo de cultivo de los jóvenes yihadistas que, aun viviendo en Europa, ignoran todo cuanto no tiene que ver con las limitaciones de unas cerriles premisas religiosas que son muy difíciles de aceptar para las feministas europeas.

La realidad es que cualquier mujer consciente de la reivindicación absoluta de la igualdad, a la que por desgracia no se ha llegado en la civilizada Europa, no puede evitar sentir un repugnante desagrado por los preceptos religiosos del islamismo que condenan a las mujeres al sometimiento al macho. No se trata de islamofobia, dado que esas mismas mujeres rechazan los preceptos de cualquier otra religión que pretenda para ellas lo mismo que el islam

Porque la realidad es que las religiones, en mayor o menor medida, inventadas por hombres, se cuidaron mucho de imponer como precepto el sometimiento de las mujeres a su poder y siempre fueron enemigas de las mujeres. Ahora lo es con mayor brutalidad el islam, razón por la que cualquier mujer con dignidad no puede sino rechazar los principios de esa religión, del mismo modo que tuvo que hacerlo con el cristianismo durante siglos, cuando la religión católica quemaba como brujas a las mujeres que intentaban ser libres, igual que ahora los islamistas las lapidan.

Y es que, por mucho que algunos no lo acepten, las religiones siempre fueron enemigas de las mujeres…y lo siguen siendo.
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