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Cuatro mujeres mueren ahogadas el semisótano de una residencia de ancianos.



Las ventanas de las habitaciones en las que fallecieron cuatro ancianas

Es posible que se llamasen María, Carmen, Rosa o Montserrat, Asunta o Filomena. Nacerían en plena guerra o en la dolorosa postguerra. Quizá alguna de ellas nunca supo en qué cuneta yacían su padre o algún hermano asesinado por el fascismo. Seguramente se casaron y tuvieron hijos. Alguna de ellas viviría una hermosa historia de amor con el único hombre que conoció, y es posible que otras sufriesen las intemperancias de un marido machista o borracho. Nada se sabe de la vida de esas cuatro mujeres muertas ahogadas en una residencia de Agramunt, donde el agua desbordada del río Sio entró violentamente en las habitaciones del semisótano donde dormían y las arrastró quitándoles la vida.  

El fin de su vida les llegó, angustioso y lleno de pánico, indefensas ante la inundación, como posiblemente estuvieron toda su existencia ante una vida que pasó por su lado sin darlas más que sinsabores y sufrimiento. Porque de haber sido de otro modo esas cuatro mujeres, de las que nadie sabe su nombre ni después de muertas, por la negligencia de quienes las ‘aparcaron’ en un semisótano, no habrían tenido tan espantoso fin.

Los periódicos daban cuenta hoy del fallecimiento de las cuatro mujeres en una residencia de la población leridana de Agramut por ahogamiento, como una anécdota de las inclemencias de la gota fría sufrida en las costas del levante español. Como si el que muriesen cuatro ancianas confinadas en un sótano fuese un percance similar a la caída de un árbol centenario o la irrecuperabilidad de un vehículo de alta gama, anegado por el lodo.

En los países civilizados lo normal es que los ancianos vivan solos o en residencias, el concepto de tener que cuidar y confiscarse la vida la gente que trabaja, que tiene niños o que viaja no existe. Es el Estado el que se ocupa de la existencia y la seguridad de esas personas. En esta Espanistán de corrupción y desvergüenza las residencias de ancianos constituyen una fuente de ingresos y rapiña para corruptos, como se comprueba de vez en cuando, en el momento de rascar las muchas corrupciones de un país donde muchos ladrones eligieron la política como profesión para enriquecerse.

Crear residencias de ancianos de apariencia amable para pasar la revisión pertinente para luego hacinar a los ancianos como muebles viejos, sin higiene y sin cuidados, siendo, en ocasiones maltratados, atados a sus camas para que no molesten, suele ser habitual. De vez en cuando un valiente periodista, de esos que cobran miserias por su trabajo y nunca ven sus nombres en los programas televisivos, denuncian la existencia de residencias de ese tipo, aparece la noticia en cualquier medio provincial e inmediatamente pasa al olvido porque se trata de un asunto molesto, algo que no concita el interés de los lectores porque evidencia el egoísmo y la dureza de una sociedad y un Estado que, como norma, prefiere mirar para otro lado cuando se trata de las tragedias de los más débiles. Como si se hubiese un planeado genocidio contra quienes ya no sirven para ser explotados como barata mano de obra, úteros reproductores, o limpiadoras a tiempo completo,

Este otoño, o en el invierno, volverán a traernos, en página par de algún diario, sueltos o noticias de cinco o seis líneas, dándonos cuenta de tragedias similares, de la muerte de ancianos sin nombre y sin historia, que perdieron los girones de vida que aún les quedaban, a causa de la combustión de un brasero porque no podían pagar una segura calefacción eléctrica, de la inundación o el incendio de una de esas residencias misérrimas y mal dotadas, sin profesionales titulados y condiciones de evacuación inadecuadas.

No habrá críticas ni reproches, los políticos y la prensa siempre están ocupados mirándose el ombligo, buscando las cifras de la macroeconomía para alardear de cuántos puntos sube la bolsa, quiénes son las fortunas que figuran en la lista Forbes o manipulando las encuestas para inducir a votar a los electores a políticos que seguirán haciendo negocios corruptos con las vidas de los más débiles ¡Malditos sean!





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