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Rodrigo Rato: Paradigma del bluf económico del PP.



Ayer por la tarde la Guardia Civil volvía a interrogar a Rodrigo Rato, exvicepresidente económico de los Gobiernos de Aznar y Presidente gerente del FMI, al que la Comandancia de Tres Cantos atribuye un presunto delito de corrupción entre particulares. El delito por el que se imputa ahora a Rato es el mismo por el que su presunto testaferro, Alberto Portuondo, permanece en prisión preventiva desde el pasado mes de agosto por orden del Juzgado de Instrucción número 31 de Madrid, en relación con el cobro de comisiones de las empresas proveedoras de publicidad para Bankia, Zenith y Publicis. Y que le costaron a la quebrada entidad millones de euros. 
 
No fue el del día 1 de octubre el primer interrogatorio que sufre el que fuera el paradigma del supuesto milagro económico de los gobiernos de Aznar: el 16 de abril de este año la fiscalía anunciaba una investigación a Rodrigo Rato por supuestos delitos de fraude, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales. El día 31 de ese mismo mes, el juzgado número 35 de Madrid ordenaba el registro de su vivienda en el barrio de Salamanca, en Madrid. Tres horas más tarde del inicio del registro por parte del Servicio de Vigilancia Aduanera, Rodrigo Rato era detenido por la policía judicial durante algunas horas. 

Era el inicio de un calvario judicial para el otrora poderoso Rodrigo Rato y Figaredo, iniciado en 2012, cuando la Audiencia Nacional le llamó a declarar por la ruinosa gestión en Bankia, entidad responsable de que España tuviese que pedir un rescate bancario a la UE que está costando a los ciudadanos más de 60.000 millones de euros, y que ha supuesto que la Deuda Pública supere los mil billones, con b, de euros. Rato también está imputado por el escandaloso caso de las Tarjetas Black de Caja Madrid, entidad a la que él y sus consejeros esquilmaron más de quince millones de euros en gastos particulares y de dudosa transparencia. 

Rodrigo Rato se convierte así, con las investigaciones que se llevan a cabo sobre sus negocios ilícitos, sus malas prácticas, y la ruina que ha causado a este país con su gestión de Bankia, en el paradigma del bluf de los políticos del PP. Reputado durante años como ‘el mejor Ministro de Economía de la historia de España’ por sus correligionarios y fanáticos admiradores del partido liderado entonces por Aznar, su gestión al frente tanto del Ministerio de Economía como de Bankia estuvo jalonada de actos ilícitos y carentes de ética… y lesivas para la economía del país. 

Da la impresión de que, a pesar del tiempo transcurrido, no se sabrá nunca a qué obedeció su súbita e inexplicada salida del FMI, porque la justificación ofrecida a los medios, de que se debía a cuestiones particulares y del corazón, no parece ser sino un pretexto falaz. Aparte de su desastrosa gestión, reflejada en un informe interno del FMI del 10 de enero de 2011, que reflejaba la torpe actuación del organismo entre 2004 y 2007, período en el que hubo tres directores gerentes, entre los que estaba Rodrigo Rato, y que señalaba que se vivió en una burbuja de optimismo mientras se gestaba la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión, algo más que su desastrosa gestión al frente del FMI debió haber. Quizá la confirmación de las acusaciones de irregularidades en sus actuaciones económicas como vicepresidente, que ya denunciaba el PSOE en 2002. 

El político que el PP vendió como paradigma del éxito económico y de brillante gestión ha resultado ser la personificación del bluf de las glorias de ese partido, y arquetipo de los corruptos de esa formación. Engañó desde el primer momento, inclusive con su titulación dado que, el que presumía de ser un brillante economista, jamás cursó estudios de Ciencias Económicas, sino que cuenta en su currículum académico con tan solo una licenciatura en Derecho y un máster en Administración de Empresas. Aunque cuando ostentaba el poder fuese agraciado por la Universidad Autónoma de Madrid con un Doctorado en Economía Política, en base a sus supuestos éxitos al frente del Ministerio de Economía y Hacienda. 

Aunque no se le pueden negar a Rodrigo Rato su capacidad para acumular riquezas, porque lo hizo desde que rozó el poder. Riquezas para él, obviamente. No puede sorprender, porque de casta le viene al galgo, que dirán los amantes de los dichos del acervo popular, los enriquecimientos fraudulentos. Su abuelo, Ramón Rato y Rodríguez-Sampedro, fue condenado en 1967 por el juzgado Especial de Delitos Monetarios, a tres años de cárcel y dos multas por un total de 176 millones de pesetas por evadir dinero español a Suiza. Junto a él,  igualmente penados, estuvieron Ramón Rato Figaredo, hermano de superministro de Aznar, a dos años de cárcel y 44 millones de pesetas, Faustino Rato Rodríguez San Pedro tío de Rodrigo por parte paterna a una multa de cinco millones por complicidad en los hechos. Al año siguiente, 1968, el Banco de España intervino dos bancos de los Rato por quiebra ilícita, los bancos de Siero y de Murcia. 

A pesar de las quiebras de bancos, las fugas de capitales y las mil y una ilegalidades y corruptelas de la familia Rato, Rodrigo acumuló parabienes y elogios del PP y sus corifeos. Era la materialización del éxito económico de una política que, con los años, se ha revelado como la historia de un bluf, de ídolos con pies de barro, que hicieron una nefasta gestión económica que ha llevado a este país a la más dolorosa de las ruinas, y al pueblo español a cotas de miseria que no se padecían desde los años de la postguerra. 

Tal vez algún día pague sus tropelías ante la Justicia, de momento, lo único que sabemos es que Rato es el arquetipo de los políticos del PP.  

Visto y leído por ahí.

A propósito de Rato: 





Rosa María Artal constata un asunto que debería preocupar a todos, no solo a las mujeres. 


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