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Pablo Iglesias, Podemos, Catalunya: el único cambio posible.




Ayer, por primera vez desde que existe Podemos, el presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, se vio obligado a recibir a Pablo Iglesias. Las propuestas del líder de Podemos obviamente estuvieron en las antípodas del PP, dado que la formación morada propone una serie de cambios y un concepto nuevo de hacer frente a los problemas surgidos entre el Parlament catalá y las fuerzas nacionalistas españolas.

Desde que existe este blog, esta bloguera utilizó hasta la saciedad un término que Pablo Iglesias usó para referirse al problema surgido con los catalanes, al mencionar que este es ‘un país de países’. Concepto que, desde la obcecación del nacionalismo español, parece levantar ampollas. Hay que hacer un poco de historia para entender las causas del empecinamiento catalán de declarar la independencia en unos momentos que, como poco, se pueden tachar de inoportunos, en tanto que los plantea en tiempos de campaña electoral que, dada la idiosincrasia visceral de los españolitos centralistas, puede darle votos al más centralista y reaccionario de los partidos que nos han gobernado, el PP. Pareciera que el neoliberal Artur Más fuera partidaria de esa frase del estalinismo que aseguraba que cuanto peor, mejor. 
La deriva de independentismo catalanista la vino forzando, nutriendo, alimentando con fruicción el PP desde el mismo momento en que recogió firmas y denunció ante el Tribunal Constitucional unos artículos del Estatut que, sin el más mínimo problema, pasaron y están en el Estatuto de Andalucía o del País Valenciá. Las medidas de represión jurídica contra una posible consulta a los catalanes sobre la independencia, junto con las amenazas de los últimos tiempos de que podría llegarse a plantear la suspensión de la autonomía no hacen sino echar gasolina al problema. 
Ante esa deriva de intolerancia por parte del nacionalismo español, y de provocación del nacionalismo catalán, la única propuesta sensata y de cambio la hizo ayer en Moncloa, Pablo Iglesias aunque, obviamente, el PP las descartó de su gran pacto o coalición entre PP, PSOE y Cs. Un rechazo que Pablo Iglesias calificó como “una nueva gran coalición instalada en el bunker”. 
No exagera el líder de Podemos, porque lo que hizo, al plantear a Raxoi sus soluciones para el enconado proyecto catalán, es algo que representa una nueva manera de plantear la política nacional que al dirigente del PP, y posiblemente al del PSOE y a Cs, clon de los populares, les levanta ampollas. 
Iglesias, que aseguró estar convencido de que los catalanes no querrían irse de una nueva España en la que se respetasen una serie de asuntos, entre ellos el derecho a decidir de los catalanes, se mostró seguro que con unas garantías constitucionales que inaugurasen un nuevo modelo de hacer política, los catalanes votarían que no querían irse. Y es que, tal como vienen gobernando PP y PSOE en los últimos años a cualesquiera ciudadanos con sentido de la dignidad y los derechos ciudadanos, les dan ganas de salir corriendo de esos territorios donde gobiernan los partidos del establishment. 
Iglesias propuso, en el aparatado de modelo territorial, que se reconozca "el derecho de los gobiernos autonómicos a celebrar consultas a la ciudadanía sobre el encaje territorial del país", así como que se abra "un amplio debate ciudadano sobre el reconocimiento y las formas de ejercicio del derecho a decidir en el marco del debate sobre el cambio constitucional" y que se evalúen y debatan "las experiencias de Reino Unido o de Canadá". 
Aunque no se limitaron las proposiciones programáticas de Iglesias al asunto territorial, porque, igualmente, propuso una serie de medidas, concretadas en una serie de garantías constitucionales, para garantizar el necesario cambio por el que claman la mayoría de los ciudadanos y que se substancian en la garantía constitucional de los derechos sociales y empleo digno, la lucha efectiva contra la corrupción, la real separación del poder judicial del poder político, una reforma electoral que garantice que cada persona sea un voto, alejada de la actual ley electoral que proporciona más valor al voto de quien habita en un territorio u otro y, obviamente, el derecho a decidir en los países que conforman este país. 
Lo que plantea Pablo Iglesias es lo que ansiamos millones de ciudadanos, que pensamos que un cambio radical es imprescindible para salir de los problemas de una España gobernada por la misma reacción que lo hacía hace cuarenta años. Podemos, en su programa, también se plantea la ruptura del Concordato con el Vaticano. Y es que si está decidido a aplicar una renta básica que calcula Podemos costará 15.000 millones, le bastará con eliminar el regalo de los 12.000 millones que el PP otorga a la Conferencia Episcopal. Con ese ahorro, y a poco que se lleve a cabo una reforma fiscal que la equipare a las medidas impositivas que existen en la UE, el Estado dispondría de un imprescindible dinero para sacar a millones de personas de la pobreza, la exclusión social y la indignidad.

No son locuras lo que plantea Podemos, sino propuestas para que este país de países camine por un tiempo nuevo que nos libere de estos cuatro años de miseria y cuasi dictadura.  Depende de los ciudadanos permitir que en la política de este país entre un aire purificador, que acabe con la podredumbre de la corrupción y el cáncer de la desigualdad.

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