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Los estudiantes alicantinos y Felipe González: Notas sobre la biografía de un político senil y desleal.



Toda la prensa del sábado recogía el abucheo y los insultos ¿insultos?, que unas decenas de jóvenes estudiantes de la Universidad de Alacant le dirigieron al expresidente del Gobierno Felipe González, en el transcurso de una conferencia con empresarios y el expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti, bajo el epígrafe: 'Crisis de la gobernanza de la democracia representativa'. A González le acompañaban, además del expresidente uruguayo, varios empresarios entre los que se encontraba su ‘jefe’, el multimillonario mexicano Carlos Slim.

A los estudiantes, que no se sabe por qué extraño juego del subconsciente del redactor, los calificó ABC como ‘separatistas’, no les parecía oportuna la presencia de empresarios en la Universidad, y así lo hicieron saber al grito de ‘la universidad no se vende, se defiende’ y ‘empresarios fuera de la Universidad’.

No les faltaba razón, pues las universidades tendrían que ser centros de saber, por encima de intereses económicos y empresariales, templos del conocimiento y la investigación, situados por encima de los intereses crematísticos de los empresarios. Mas en esta sociedad solo cuenta el dinero, por obra y gracia de los amos del capital, que vienen pervirtiendo todos los valores existentes, al laminar la educación y el saber en favor de criterios economicistas que dan la espalda a la formación y cifran la preparación de los jóvenes en tan solo aquello que pueda ser rentable económicamente –perpetrando verdaderos atentados a la cultura como el de la LOMCE que suprime el estudio de la filosofía, el arte o la música- para formar esclavos más o menos preparados.

En ese contexto de convertir la Universidad en un altavoz de los intereses de los empresarios, los jóvenes reaccionaron justamente, al proclamar su deseo de que el empresariado saliera fuera de sus aulas y, sobre todo, de su formación y sus derechos. Y conocedores de la historia reciente de su país, le espetaron en sus narices al expresidente un ‘fascista’ que le viene al pelo, a tenor de su comportamiento de los últimos años, y quizá de siempre aunque tuviese la habilidad en el pasado de engañar a dos generaciones.

Sentado al lado de otro contemporizador con los militares, Julio María Sanguinetti que, como Felipe González, transigió con los crímenes de los milicos de su país, firmando, también como González, leyes que garantizaron la impunidad de los dictadores y sus secuaces, el expresidente se desvivió por complacer a otro elemento nada recomendable, su jefe, el millonario mexicano Slimp, que se descolgó recomendando trabajos de tres días con jornadas de once horas, y la jubilación a los setenta y cinco años, para solucionar a saber qué problemas de la gente de su clase, porque, obviamente, no los de una clase trabajadora que, para que completaran la miseria que se les pagarían por esas jornadas de once horas, sugirió que los desdichados sometidos a tal régimen laboral, completaran el escaso salario con otros trabajos, igualmente de once horas, los días libres.

Ya por la sola compañía en la mesa de conferencias, de esos dos representantes de la antidemocracia, González se merecía el epítome de fascista, la palabra que con su sola pronunciación resume el talante de un político que transitó por los primeros años de esta falsa pseudodemocracia a la actualidad, sirviendo siempre los intereses de los poderosos, traicionando la confianza y la fe que pusieron en él millones de ingenuos que, durante trece años, le mantuvieron en el poder con sus votos.

Dos días antes, cuando la Universidad de Alacant otorgaba al mandatario uruguayo un doctorado Honoris Causa, Felipe González expresó unas ideas que dan la medida de hasta donde se merecía el apelativo de fascista con el que le abuchearon los jóvenes estudiantes. Primero señaló que el saber y la ciencia no han de tomarse como religión –le faltó afirmar que la única religión verdadera ha de ser el capitalismo salvaje- después, para avalar su apoyo al torpe proceder del PP con los catalanes, aseguró que las mayorías parlamentarias no se pueden utilizar "más allá de las reglas del juego ni más allá de la ley". Y abundó en la idea al afirmar que "el fundamento de la democracia no es solo el voto mayoritario, sino el voto mayoritario respetando la legalidad vigente”. Con ese argumento ni siquiera la falsa transición hubiese tenido lugar.

Posteriormente, el día en el que fue increpado por los universitarios alicantinos, sacó a pasear su obsesión por Venezuela, al proclamar que esos abucheos también los vivió allí. No es de extrañar, como tampoco lo es que con su comentario quisiera deslegitimar a los jóvenes manifestantes y al partido que parece le obsesiona con la obcecada manía de las personas seniles: Podemos,  

Felipe González se ha convertido en una caricatura de sí mismo, ya no es, como él mismo se definía, un jarrón chino, si no un viejo trasto inservible que tendría que ser guardado en el desván de una historia que haríamos bien en no olvidar para que no sigan engañando politicastros desleales con el pueblo y al servicio de los millonarios.


Visto y leído por ahí:
Esta noticia se merece un posteo, pero mientras tanto…


La ciudadanía europea clama contra el TTIP

Los pseudohombres de la España sádica y profunda no tienen límites, debería ponérselos una legislación contundente que los metiera unos cuantos años en la cárcel para educarlos.


¡Qué mal ha llevado siempre el poder la inteligencia de los intelectuales!




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