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Esperpentos judiciales y desgracias de un país donde brilla la injusticia y la impunidad de los corruptos.




En la cadena de televisión La Sexta, en estos momentos, dan la noticia de que un juez accede a que José Luis Olivas, expresidente de Bancaja y de Banco de València, número dos de Bankia, acusado de falsedad documental y delito fiscal, y de la gestión que llevó a la ruina a esas entidades, exmolt Deshonorable del Govern valencià, pueda contar al mes con 3.500 euros de sus cuentas, que un magistrado de la Audiencia Nacional desbloquea para que el presunto corrupto, conocido como “el presidente de la Ruina” pueda pagar sus hipotecas y demás gastos porque, como reconoce el juez, ‘no se puede vivir con menos’. 
 
José Luis Olivas, ex President del Govern VAlenciá, diputado nacional y mil cargos en el PP en su dilatada carrera política que culminó con la presidencia de las importantes entidades valencianas mantiene dos causas abiertas en dos juzgados diferentes por hundir el Banco de Valencia y Bancaja. El agujero de 1.700 millones en esta última entidad se unió al de Caja Madrid y provocó el rescate de 23.000 millones de Bankia, donde fue vicepresidente.

El mismo juez desbloquea al tiempo las cuentas de otro imputado, el exdirector general de Bankia Hábitat, Tomás Codoñer, que podrá disfrutar de 3.000 euros mensuales en gastos personales y otros 1.700 para hipotecas. Al tiempo, en la Comunidad en la que Olivas saqueó las entidades bancarias hasta dejarlas arruinadas, al igual que hizo su partido, el PP, con el erario público, las pensiones no contributivas alcanzan la vergonzosa cifra de 366 euros, cantidad con la que nadie puede vivir. Pareciera que no todos somos iguales ante las leyes de este país. Y para que ese más que presunto lladre tenga al mes 3.500 euros del dinero que robó a los valencianos, las pensiones mínimas llevan a quienes las perciben o las percibirán a la auténtica miseria.

Y en la misma mañana en la que un juez concedía ese generoso dinero al presunto lladre, el despertar de esta bloguera fue la visita del casero, que llamó ciertamente más de dos veces, sumida en el profundo sueño antinatural proporcionado por la medicación. Acudía para comunicar la ruptura del contrato y la decisión de que he de abandonar la casa por demoras en el alquiler que le pagará algún día el Ayuntamiento, pero que sabe que con la pensión que recibiré no podré abonar mensualmente.  

Ahora toca enfrentarse a la ardua búsqueda de una vivienda, con una paga que no hará fácil que nadie alquile un piso por muy misérrimo que sea, a una mudanza para la que no hay dinero, y el pago del resto de cuota fija de Iberdrola, que dicen, alcanza los mil euros. ¿Y de donde se saca ese dinero, más la fianza de la nueva vivienda, con miserables 366 euros al mes? Es un imposible que a saber a qué me lleva. 

Regresando al asunto de Olivas hay que recordar que fue presidente de entidades bancarias que desahuciaron a miles de personas de sus casas, al tiempo que el dinero de los préstamos que concedió a empresarios amigos se volatilizaba, arruinando así a todos los valencianos. El dinero robado sigue, entre otros, en poder de Olivas y, aunque esté embargado por orden judicial, el benévolo magistrado le concede un sueldo generoso, porque ‘no se puede vivir con menos’. Manda caralllo, que diría un galego.  

Este país fue saqueado, y posiblemente lo siga siendo en tanto gobiernen esos ‘liberales’ que invocan una falsa libertad para hacer negocios fraudulentos a la vez que niegan derechos sociales, con el argumento de que el mejor derecho social es trabajar, en un país en el que la media de los salarios no alcanza ni los ochocientos euros, y una gran mayoría deja a los trabajadores en el umbral de la pobreza. 

En este país de tipejos como Olivas, Rato, y otros muchos ladrones al amparo del poder, viven como reyes al tiempo que los pensionistas nos enfrentamos a una vida de miseria y sufrimiento que nadie parece estar dispuesto a remediar. 

A los poderosos los bancos no les cobran comisiones, a los que no tienen un chavo les cargan cerca de cuarenta euros por descubierto, en una sociedad donde los bancos tratan a los clientes ‘normales’ con el mismo desprecio que los actuales patronos a sus trabajadores. Son los mismos bancos que se benefician de un rescate que a los ciudadanos nos cuesta 66.000 millones de euros que pagamos a base de recortes y pensiones de miseria. 

Esta es la España de hoy, el país donde los ladrones viven con 3.500 euros mensuales, como poco, porque los jueces consideran que con menos no se puede vivir, al tiempo que no obligan a los empresarios y al gobierno a pagar sueldos y pensiones dignas y donde la pensión no contributiva del País Valencià no supera los 366 euros, en otras comunidades alcanza los 426 euros, que tampoco dan para grandes alegrías. La Justicia está de parte del poder y de los ricos. Y los escasos jueces, que los hay, que no comparten esas premisas, se suelen pudrir en juzgados de primera instancia, porque los que medran son los que sirven al poder. 

Lo sorprendente es que los ciudadanos no salgamos a la calle, no protestemos, no gritemos a los poderosos que ya está bien de tanto esperpento y tanta injusticia. 

Tal vez, con tanto dolor, tanta impotencia y tanta miseria ni siquiera nos queda fuerza para gritar. Esperemos que, al menos el día 20 de diciembre, tengamos fuerza para votar y desalojemos del poder a esa colla de ladrones o cómplices de los latrocinios.

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