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El debate Iglesias-Rivera, los medios y otras cuestiones electorales.




Es curioso ver cómo los medios, todos los que hablaron del debate entre Pablo Iglesias-Albert Rivera, coincidieron en que el ganador fue el segundo. Llamativa resultaba la conclusión, no porque los medios del establishment –todos- dieran ese resultado, sino porque algunos de los que desde sus líneas editoriales trataban del éxito del debate –más de cinco millones, doscientos y pico mil espectadores- y dieron como ganador a Rivera, publicaban, simultáneamente, encuestas en las que los lectores señalaron exactamente lo contrario: que el ganador fue Pablo Iglesias.  

Ganador o perdedor, al señor Rivera se le vio su azul plumero en varias ocasiones, por ejemplo a la hora de hablar de nacionalizaciones, cuando acusó Iglesias de querer llevar a cabo políticas comunistas, propias de Maduro o del franquismo, igual que haría una frívola e inconsistente Esperanza Aguirre con el mismo discurso frívolo y sin entrar en la raíz y consecuencias de las privatizaciones.  
El asunto no es ni mucho menos trivial, si se tiene en cuenta que las privatizaciones de empresas, desde que se producen, además de alimentar las puertas giratorias, están en la raíz de muchos casos de corrupción y amiguismo. Utilizando la excusa de las privatizaciones siempre fueron los amigos de los poderosos los que se hicieron con las ‘joyas de la corona’ de lo público, como, entre otros muchos casos, la compañía telefónica, que Aznar regaló, literalmente, a su amigo Alierta.

Y qué decir de las privatizaciones de viviendas públicas, llevadas a cabo en el Madrid de Ana Botella, que fueron a parar a los fondos buitre que gestiona uno de sus hijos. O las sanitarias de las que se benefició el marido de Dolores Cospedal. La defensa de las privatizaciones tiene detrás, y todos los ciudadanos tendrían que saberlo -si la prensa fuese decente e informase con veracidad, cumpliendo su cometido de servicio público y no, como hace actualmente, de mamporrero del más sucio capitalismo salvaje-, negocios y corruptelas, millones de dinero público que pasan a manos privadas por el privilegio del amiguismo, de los negocios rentables que hacen políticos y empresarios, y que siempre tienen ,como consecuencia, el perjuicio del pueblo. Como sucedió con la privatización de las compañías eléctricas que han encarecido el precio de la energía en más de 80%.

La actitud en el debate de La Sexta de Albert Rivera fue la de un emisario del capitalismo actual que impone el PP, ese capitalismo salvaje que orienta sus esfuerzos, no al servicio de los ciudadanos, sino de los brutales intereses de financieros y especuladores. Cuando Pablo Iglesias le recordó que él era el candidato del IBEX, que los banqueros proclamaron que hacía falta un ‘Podemos de derechas’, no estaba faltando a la verdad, sino constatando lo que todos los electores debieran saber antes de darle su supuesta confianza a un miembro de la misma ideología que el PP, aunque planchadito, rejuvenecido y limpito. Aunque no de corrupción, como se empeñan en proclamar unos medios manipuladores, pues casos los ha habido en sus filas.

Las reacciones al debate de La Sexta por parte de algunos políticos resultaron patéticas, ya sea por la proclamada ignorancia sobre el mismo que mantuvo el PP, como por la salida del Presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, que acusó a ambos políticos debatientes de buscar el hiperliderazgo que ellos critican. Sin caer en la cuenta de que su Secretario General intenta jugar a eso, presentándose, más que como una sólida alternativa de poder, como un guaperas que atraiga el voto de las más volubles e inconsistentes ciudadanas, atraídas por el aspecto de maniquí cutre de El Corte Ingles, ya que cuando abre la boca suele pifiarla con una constancia que el PSOE debería mirarse. Sus sí pero no, sus marcha atrás cuando un asunto puede molestar a los poderosos, sus posturas ambivalentes, anunciando leyes de protección animal a los antitaurinos para luego reunirse con la mafia del toro, son indicios de que, o no sabe a dónde va, o que tiene la torpeza de querer quedar bien con todos, con el resultado de no quedar bien con nadie.

No pudieron tratar ambos candidatos todos los temas que preocupan a los ciudadanos en un espacio de una hora o poco más, pero se echó a faltar que ambos hablasen de sus proyectos sobre Educación, más allá de que Iglesias se decante, obviamente, por una Escuela Pública, y Rivera no quisiera mojarse, porque la privatización de la Enseñanza es mal aceptada por el pueblo, y pareciera que Rivera, siguiendo las tácticas del PP, oculta la parte de su programa que puede no gustar al electorado, para aplicarlo si llegase ganar las elecciones.  

Y eso sucedía, y por esa causa se echó de menos más detalle en el debate sobre la Educación, cuando los dos partidos mayoritarios hasta el presente,  PP y PSOE, intentan sorprender con sus propuestas educativas. El primero dejando caer ideas tan extravagantes como risibles, como la de crear un módulo de FP destinado al toreo que, si se analiza, aparte del cachondeo generalizado que ha concitado su genial idea, conlleva en ella la esencia de lo que pretende hacer ese partido con los jóvenes, a los que hurta enseñanzas que les permitan ser ciudadanos cultivados, responsables y libres, como la filosofía, la educación para la ciudadanía, el latín o las artes, para formar a individuos crueles e ignorantes, y solo hace falta echar una  mirada a los elementos que ejercen esa brutal profesión para constatarlo. La chaladura de promover la enseñanza de algo considerado como peligroso para los Derechos del Niño y el Joven por la ONU, y que, por ende, fomenta la brutalidad, da la medida de qué quiere hacer el PP con este país y sus habitantes. Un país de borregos incultivados, a los que poder manipular, engañar…y robar.  

Por su parte el PSOE se lanzaba a una cruzada de laicidad que resultaría muy sana si fuese creíble, mas esa formación ya dio muestras, en innumerables campañas, de su laicismo antes de las elecciones, para, al llegar al Gobierno, actuar como pusilánimes beatos frente a la secta católica.

Si el debate hubiese permitido tratar en profundidad asuntos como la necesidad de una Reforma Fiscal que haga pagar más a los que más tienen, sin tantos circunloquios como se produjeron, o si Rivera hubiese mostrado su verdadera cara en asuntos como la Ley Mordaza, la Reforma Laboral y tantas cuestiones que hubieran permitido ver que es un verdadero paladín de las políticas ultraliberales, tal vez los medios habrían tenido que rendirse a lo que los lectores y espectadores señalaron en las encuestas, que el ganador del debate fue Pablo Iglesias.

Aunque el resultado de ese debate sea lo de menos, lo que necesita la sociedad española, y en su mano lo tiene, es que las elecciones las gane Pablo Iglesias, porque en ello va la libertad y los derechos de un pueblo empobrecido por unos partidos que solo gobiernan para los amos del capital. Y el de Rivera está entre ellos…

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