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El curioso déjà vu del fin de legislatura.



Déjà vu: Déjà vu o deja vu es un término francés que significa “ya visto”. El concepto describe la sensación que experimenta una persona al pensar que ya ha vivido con anterioridad un hecho que, en realidad, es novedoso

En estos días lluviosos de otoño, que bien podrían recordar a una primavera loca, el fin de la legislatura nos ha traído viejas rencillas y sucesos que parecen un déjà vu de los prolegómenos de las elecciones de 2004. En meses previos a aquellas elecciones la sociedad española se agitaba, se revolvía contra el Gobierno de Aznar por su apoyo y participación en una guerra, invasión para más ajustarse a la realidad, injusta, inmoral, ilegal y genocida que provocó, no solo la destrucción de Iraq, sino, como se está viendo, el desequilibrio y una guerra de consecuencias imprevisibles en el Oriente Medio.

La aparición del ISIS y la ola de refugiados sirios que llega, desesperada, a Europa son consecuencias de aquella invasión irracional e inmoral que el Gobierno de Aznar apoyó, sin medir las secuelas, provocando, además, el atentado más grave que sufrió nuestro país, el 11M en Madrid. Frescas en la memoria de esta bloguera están las indecentes, aunque sinceras, palabras de la Ministra de AAEE, Ana Palacio, justificando la participación en aquella ilegal operación militar del orate Bush porque el petróleo sería más barato tras la caída de Sadam Hussein, razón suficiente para el presidente estadounidense y sus secuaces para destruir un país.

El líder entonces del partido laborista británico, Tony Blair -inventor de esa inicua ‘tercera vía’ que desubstanció la socialdemocracia europea-, al cabo de los años y a través de la CNN, entona su particular mea culpa por su participación en la guerra de Iraq. “Pido disculpas por el hecho de que la inteligencia que recibimos fue errónea” afirmó Blair, que reconoció no haber previsto el caos que se desataría tras el derrocamiento de Sadam Husein, y admitió que esas circunstancias podrían haber “contribuido a la aparición y crecimiento del grupo yihadista Estado Islámico” (ISIS, en sus siglas en inglés). Al conocerse las palabras de Blair millones de voces españolas se alzaron, como movidas por un resorte, a preguntar por qué el que fuera presidente del Gobierno entonces, José María Aznar, no hacía lo mismo. Otras voces, más críticas, reclaman ahora como entonces, que los implicados en la invasión de Iraq –Bush, Blair y Aznar- se sienten ante el Tribunal Penal Internacional, acusados de genocidio.

Mas Aznar no lo ha hecho hasta ahora, ni seguramente lo hará en el futuro, ya en alguna ocasión se sacudió las pulgas de su responsabilidad en base a que ‘entonces no sabíamos que no había armas de destrucción masiva’. Afirmación teñida del más indecente cinismo, dado que la ONU lo repitió por activa y pasiva, pese a los sordos oídos de los protagonistas de la foto de las Azores. La realidad es que, con el paso de los años, se ha sabido qué razones movieron al mandatario español a apoyar esa guerra ilegal, inmoral e injusta. Que hubiese o no armas de destrucción masiva, que bajara o no el petróleo o las dramáticas e imprevisibles consecuencias de aquella guerra, a Aznar le importaron un ardite desde el principio. A él lo que le interesaba eran las prebendas que le ofreció Bush a través del magnate de la prensa Robert Murdoch y que aún sigue cobrándose.

Aunque no es solo el asunto de la guerra de Iraq es lo que lleva a sentir esa sensación de déjà vu. Al tiempo, la desaparición de tres militares en el accidente de un helicóptero en el Atlántico trae recuerdo de otros accidentes por la nefasta gestión del Ministro Morenés, que primero aseguró que los militares habían sido rescatados por un pesquero, y luego que barajan todo tipo de hipótesis, entre las que se encuentran la de un secuestro a manos de no se sabe qué grupo. Las afirmaciones de que los tripulantes del helicóptero estaban bien y que no pasaba nada recuerda, de alguna manera, la deshonrosa gestión del accidente del Yak42, el silencio y la mentira como constante de las actuaciones de un Ministerio de Defensa más preocupado por las consecuencias electorales de los sucesos que por el destino de sus militares.

Y para que nada falte en este déjà vu de fin de ciclo del PP, también hace unos meses se vivió la deslavazada gestión del naufragio del petrolero Oleg Naydenov que, en la pasada primavera, contaminó las costas de las Islas Canarias del mismo modo que el Prestige afectó a las costas galegas, causando una verdadera tragedia medioambiental, aunque no de las proporciones de las sufridas en Galicia.

Hay que reconocer que, a pesar de la nefasta segunda legislatura de Aznar, con el paso de los años, pero sobre todo, de la legislatura de Raxoi, los acontecimientos de aquellos años parecen una fruslería si se compara con los cuatro años de Gobierno del PP presidido por Mariano Raxoi. Los brutales recortes en Sanidad y Educación, su arrasar la Educación no solo con recortes si no eliminando las humanidades, la eliminación de prestaciones a los trabajadores y la laminación de sus derechos, la diáspora de cientos de miles de españoles, investigadores y titulados universitarios en su mayoría en busca de puestos de trabajo en el extranjero, los trabajos a tiempo parcial que empobrecieron a los trabajadores, la Ley Mordaza que retrotrae al país a cotas de falta de libertad de la dictadura, la manipulación mediática, la corrupción generalizada con su beneplácito, sus injerencias en la judicatura, sus ucases en forma de Real Decreto, que ignoraron al Parlamento, al hacer uso y abuso de su mayoría absoluta obtenida con falacias, han hecho de la legislatura de Raxoi la más siniestra, reaccionaria y filofascista del reciente y mal llamado periodo democrático.

Digan lo que digan las encuestas manipuladas por medios de comunicación al servicio de financieras, tramas corruptas, empresarios esclavistas y canallas de todo jaez, estamos viviendo el déjà vu de aquellos meses previos a las elecciones de 2004.

Aunque en esta ocasión la esperanza no sea Zapatero y el PSOE, sino Pablo Iglesias y Podemos.

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