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12 de Octubre ¿algo que celebrar?


Quemando el dinero que se le niega al pueblo

Dicen que fue a Don José Prat, un venerable ancianito socialista ¿?, que en su juventud fuera secretario de Julián Besteiro, y en su ancianidad admirador despistado de Felipe González, quien tuvo la ocurrencia de que al 12 de Octubre se le llamase ‘Día de la Fiesta Nacional’, en lugar de Día de la Hispanidad, o Día de la Raza como se llamase durante el franquismo.

Reflexiones históricas aparte sobre si lo que aquí celebramos en la efeméride del desembarco de unos genocidas que acabaron con los pueblos amerindios, que para la derecha fue siempre ‘’llevar a los salvajes la palabra de Dios’, y que en realidad fue imponer a cristazos la religión de las Españas, en tanto, de paso, se les esquilmaban sus tesoros, resulta que para el españolito de a pie, para esos ya cerca de 28 millones de ciudadanos sumidos en la miseria poco hay que celebrar de un día en el que se despilfarran miles de euros en desfiles y parafernalias varias.

Solo el desfile militar ha costado, dicen, 800.000 euros, miles más o menos, a los que habrá que sumar la recepción real, los canapés y los coches oficiales, los guardaespaldas y todo cuanto conllevan esos actos oficiales que solo satisfacen a quienes los protagonizan…y a cuatro papanatas.

Coincidiendo con tan sonada celebración para un reducido sector de la sociedad, que arde en fervores patrios, el diario.es publica una información en la que hace saber que el Ministro de Defensa, Pedro Morenés, gastó 8.717 millones más de los que tenía asignados en los Presupuestos Generales del Estado durante esta legislatura, lo que supone un desvío de cerca del 40%. Gran parte de esas ampliaciones se produjeron por la vía del real decreto para hacer frente a los pagos de los Programas Especiales de Armamento que se acordaron en 1997, con los gobiernos de Aznar. 

Y es que desde que llegó al Gobierno, Rajoy vino incrementando el gasto de Defensa cada año. En 2012, Defensa gastó 2.750 millones de euros por encima de lo previsto (los 6.300 que se asignaron fueron finalmente 9.000). El siguiente ejercicio se repitió la jugada: el aumento fue del 33% (se invirtieron 7.962 frente a los 6.008 que figuraban en los PGE presentados por Cristóbal Montoro). En 2014, la ampliación ascendió a 1.947 millones. Con los datos de agosto de 2015, es decir, susceptibles de incrementarse, Defensa ya había gastado 1.967 millones más de lo que Hacienda presupuestó.

Si el Gobierno de Raxoi no hubiese gastado el dinero en un armamento que maldito para lo que se necesita, podría haber abonado una renta mínima de inserción durante algo más de un año a miles de ciudadanos, o dedicado el doble de lo invertido este año en políticas activas de empleo.

Mas este Gobierno, filofascista y militarista, con un ministro con intereses en la industria armamentística, que un país democrático lo invalidaría para el cargo -y que llegó a él por indicación directa del monarca jubilado, muy aficionado a borbonear como su exiliado abuelo Alfonso XIII-, antepone los negocios de la compra de armas a los intereses del pueblo.

Poco tenemos que celebrar los españolitos de a pie el 12 de Octubre, una Fiesta Nacional que no dice nada, ni celebra nada que pueda concitar la unidad y el orgullo de un país por un hecho histórico discutible y del que no es para estar orgullosos, si se estudia la historia desnuda, sin los adornos de un patrioterismo falseador.

Aparte de esa circunstancia, ¿de qué podemos estar orgullosos los españoles? ¿De estar pagando con privaciones y recortes los latrocinios de los corruptos que arruinaron bancos que nos obligaron a rescatar? ¿De habernos resignado a que un gobierno de extrema derecha nos haya hurtado derechos y libertades? ¿De que el nacionalcatolicismo se haya impuesto al cabo de los años, de nuevo, y se imponga el estudio de la religión en numerosos centros docentes, al tiempo que unos extravagantes ministros invocan a santos inventados para salir de la crisis o condecoran a vírgenes de palo? ¿De que los jubilados se mueran porque no pueden costear el repago de sus medicamentos? ¿De que miles de universitarios hayan tenido que abandonar las aulas porque su economía no permitía pagar unas tasas desmesuradas, porque el gobierno, presidido por un tipo que cree en la superioridad de ‘los hijos de buena estirpe’ ha laminado la posibilidad de que estudien los hijos de los obreros? ¿De que la clase trabajadora no haya tenido redaños suficientes para salir a la calle a oponerse a una Reforma Laboral que la ha llevado a la esclavitud y salarios de hambre?

¿O habremos de estar orgullosos de ser pobladores de un país que llama ‘Fiesta nacional’, aparte de la del 12 de Octubre, a un acto de bárbara crueldad contra bóvidos indefensos? ¿O tal vez de las fiestas populares de mil pueblos de la España profunda que cifran su diversión en la tortura y el sacrificio de todo tipo de animales?
Realmente, analizando cómo está el país, cómo tolera el pueblo un Gobierno de abusadores de extrema derecha y miembros de sectas religiosas, no se puede hacer otra cosa que recordar a Romanones y su lapidaria frase: ‘es español el que no puede ser otra cosa’, y en consonancia nada hay que celebrar este doce de octubre.

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