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…Y Felipe González se quitó la careta.



El Felipe González que subyugó a millones de ciudadanos en aquel remoto año de 1977, cuando apareció en la televisión con los nombres de Pablo Iglesias, Fernando de los Ríos o Julián Besteiro en los labios, mostró su verdadero rostro, el de un fascista defensor de la dictadura de Pinochet. El político capaz de engañar durante trece largos años a una mayoría de electores que,  durante cinco comicios consecutivos le dieron el poder, pese al GAL, la corrupción, la desindustrialización a la medida de los amos alemanes, pese la OTAN de entrada no, pero de salida sí, las privatizaciones y tantas iniquidades como cometió, se muestra ahora, al paso de los años, como lo que siempre fue, un fascista reciclado, un lobo con piel de cordero, un gran cínico y la gran mentira de la Transición.

Con el paso de los años muchos de cuantos le votaron fueron dejando caer la venda de sus ojos al ver los reales pies de barro del falso ídolo, creyendo a quienes aseguraban que González era un hombre de paja de los intereses del capitalismo y la CIA, un gran bluf, la gran mentira de la Transición. Se empezó a sospechar cuando hacía declaraciones, sin que se le moviera una ceja, afirmando que prefería morir de una puñalada en New York que de aburrimiento en el Moscú del socialismo real.

Después de dejar el poder Felipe González comenzó su viaje de retorno a la derecha, a esa derecha de la que salió en la juventud, cuando era miembro del partido único del franquismo, la Falange, para llegar al fin, a develarse como realmente es, un fascista sin complejos que se permite, para defender al líder de la oposición venezolana Leopoldo López, loar la dictadura de Pinochet.

En unas declaraciones realizadas con motivo de una rueda de prensa ofrecida por la mujer del opositor venezolano González afirmó: "Visité a dos condenados por la dictadura, que salieron después, en pleno estado de sitio en Chile. Pues el estado de sitio del Chile de Pinochet respetaba mucho más los derechos humanos que el paraíso de paz y prosperidad de Maduro".

Tampoco puede extrañar, si se tiene en cuenta que, sin demasiada propaganda, porque él también supo controlar a la prensa como ahora hace el PP, condecoró a milicos de la dictadura del asesino Pinochet como narraba el diario Público en diciembre pasado, revelando que el Ejecutivo de Felipe González, cuando era ministro de Defensa Narcís Serra, concedió La Gran Cruz del Mérito Aeronáutico a Rubén Oscar Franco, jefe de la Armada en los últimos años del régimen militar, responsable de gravísimas violaciones de derechos humanos, que el milico declaró “eran parte de una guerra contra una agresión que venía de fuera”. Lejos de ganarse la repulsa de la comunidad internacional, el militar obtuvo un premio: el 26 de septiembre de ese mismo año, el Gobierno de Felipe González le otorgó la "Gran Cruz de la Orden del Mérito Aeronáutico".

Según informaba el citado diario, días antes, la Monarquía y el gobierno de González habían otorgado la Gran Cruz de la Orden del Mérito Naval con Distintivo Blanco al contralmirante argentino Ciro García, elegido por Videla para defender sus intereses ante la Organización Consultiva Marítima Intergubernamental en Europa, vinculado anteriormente a tareas de ‘inteligencia’, la temida y represora inteligencia de Videla.

A González no le repugnaba el trato con milicos golpistas porque, sin duda, no le molestaban los golpistas, ni los sudamericanos, ni los españoles del régimen franquista  ya que ahora, con motivo de su apoyo al opositor venezolano, muestra su simpatía con alguien tan abyecto como Pinochet.  El opositor venezolano Leopoldo López fue recientemente condenado por un tribunal de ese país por delitos de incendio intencional y asociación para delinquir con ocasión de las algaradas y desórdenes ocurridos en febrero de 2014, en los que, tras una manifestación convocada por el opositor, se produjeron altercados con partidarios del gobierno de Maduro con el resultado de tres muertes y numerosos heridos.

Cuando tan duramente ataca al gobierno venezolano, olvida González que en aquí y ahora, en septiembre de 2015, hay gente encarcelada por participar en una huelga general y un joven condenado por un acto de intencionalidad terrorista, tras haber sido detenido, según la policía, con una mochila con explosivos. En el juicio no se permitieron pruebas periciales sobre la citada mochila, que el joven aseguró no era suya. No obstante los jueces le condenaron con tan solo el testimonio de los agentes, sin permitir analizar huellas o ADN. González nunca dedicó un segundo a criticar esos encarcelamientos, ni mucho menos se propuso defenderlos de forma desinteresada como intentó con López. Seguramente porque no se lo ordenó su jefe, el multimillonario Carlos Slim.   

Tampoco se le ocurrió nunca a González, ni cuando gobernaba ni en el presente, al intentar aparentar ser defensor de los Derechos Humanos, preocuparse por 200.000 desaparecidos de la dictadura fascista de Franco, ni interesarse por los casos de niños robados a sus madres desde la implantación de la dictadura hasta bien entrada la pseudodemocracia que el propio González, entre otros, vendió como un régimen de libertades durante el fiasco de la Transición.

Durante el régimen criminal de Pinochet, y en los diecisiete años que duró su dictadura, los militares chilenos serían responsables de la ejecución o desaparición de alrededor de 3.200 ciudadanos, a los que habría que sumar los miles que fueron víctimas de brutales abusos como la encarcelación arbitraria o el exilio forzoso.

Conociendo unos datos que sin duda no han escapado de su escrutinio, porque ya son historia, Felipe González, al hacer esas escandalosas declaraciones y después de haber condecorado durante su mandato como presidente a milicos asesinos y golpistas, muestra la verdadera faz de un político al que no se le puede negar una habilidad: la de haber engañado a todos todo el tiempo.

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