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Toreros en pie de guerra reclamando dinero para sus sadismos, y respuestas a esos ágrafos elementos.



Con la llegada a algunos Ayuntamientos de una nueva manera de gobernar son muchos los consistorios, regidos por políticos que no pertenecen a los partidos clásicos, que en su nueva manera de actuar han decidido no fomentar ni subvencionar la barbarie de la tauromaquia. Callan las voces críticas con esas medidas que el 82% de la ciudadanía es contraria a que esas ceremonias de brutalidad se financien con dinero público.
La decisión de la Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena de cerrar y dejar de subvencionar la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda ha desatado las iras de algunos de los representantes de esa profesión de sádicos maltratadores que tienen la osadía de llamarse artistas y, en el presente, de opinar sobre política cuando siempre callaron ante recortes, injusticias, guerras ilegales y demás iniquidades. 

Como el bruto más espeso que se carga de razón, tal que decía Antonio Machado, dos de esos ágrafos maltratadores, Joselito y Francisco Rivera, se lanzaron a denostar la decisión de la regidora madrileña, acusándola, ellos, de no respetar las libertades.  Su reacción no es más que una anomalía de esta desnortada Españistán que se debate entre la legalidad y la impunidad, el sentido común y la sinrazón de algunos especímenes que estarían bien escardando cebollinos, ya que por las apariencias no sirven para otra cosa, y que alzan, indignados, su voz para defender lo indefendible. 

Para el matarife ágrafo Joselito, la decisión de Carmena de acabar con esa escuela de sádicos enfermos, Carmena ha obrado de un modo ‘dictatorial y cínico’ -¿qué tendrá que ver el cinismo en esto, si Carmena siempre se pronunció como defensora de los animales y contraria a la tradicional salvajada?-. El torero Joselito definió esa escuela donde se enseña a los niños el desprecio y la ausencia de respeto por la vida de los animales, como ‘institución en la que desde hace casi cuarenta años se forman toreros y personas sobre profundos valores éticos’ ¿Valores éticos? Resultaría risible si no fuese dramático que en este desnortado país un matarife sádico se atreva a hablar de valores éticos, quien hace de su profesión la tortura de indefensos bóvidos. 

No fue el único, porque otro compañero de crueldades, el mediático Francisco Rivera, protagonista de la prensa de la víscera y el cotilleo infame, hijo de la fallecida Carmen Ordoñez, militante de extrema derecha en su juventud y que debió transmitir a su hijo los mismos ‘valores’ que la movieron durante su desaforada existencia, igualmente se rebeló contra la acertada decisión de la Alcaldesa madrileña a la que acusó de pisotear la palabra "libertad" al echar el "cierre" a la escuela de tauromaquia Marcial Lalanda donde, a criterio de insubstancial matarife, ‘cierran una escuela taurina echando a chavales a la calle cuando gritan libertad. Pisotean esa palabra, la manipulan’. Resulta obsceno que ese tipejo, portada de revistas de la víscera por sus amoríos, de ideología reaccionaria y facistoide tenga la osadía de hablar de libertad, para invocarla con el propósito de torturar indefensos animales e imbuir las mentes de los chavales de lo positivo de una atrocidad que, en cualesquiera países civilizados, tiempo ha que estaría prohibida. 

Al reclamar dinero público para unas actividades condenables desde la ética y el respeto por los animales, esos individuos, en los que las palabras libertad y ética resultan una obscena burla, reclaman lo contrario de lo que la mayoría de la ciudadanía quiere, la subvención con dinero público de sus atrocidades.  Mas no es solo que haya que cortarles el grifo de las subvenciones con dinero público como reclaman, sino que la actividad que defienden y de la que dicen vivir –porque más de un torero o empresario taurino ha sido pillado con actividades económicas poco edificantes como la trata de blancas o el tráfico de drogas- tiene que prohibirse taxativamente, para que la brutal actividad que realizan quede proscrita para siempre en este país.

El estulto Fran Rivera, entrevistado en la cadena televisiva A3, que tuvo la desfachatez de darle voz sin buscar el contrapunto de algún detractor de la salvajada, se explayó contra la decisión de Carmena. Habría que explicarle a ese muchacho de intelecto limitado, hijo de una defensora de la extrema derecha, que en nombre de la libertad no se pueden cometer atrocidades, dado que en ese caso los pederastas, violadores o asesinos en serie –ellos lo son de toros y caballos- podrían reivindicar sus vilezas en nombre de una mal entendida libertad. 

El zopenco maltratador cree, en su ignorancia, que la decisión de los nuevos políticos de retirar subvenciones a esas ceremonias de sadismo que son los espectáculos taurinos son ‘un ataque brutal al mundo del toro’, y se quejaba, como el adoquín que es, de que eliminar subvenciones a la sádica crueldad que representa su modo de vida se haya “cogido como un símbolo político”. Es posible, las personas de izquierdas, en general, abominan de la crueldad y barbarie de los espectáculos en los que se tortura animales porque, además de la sádica crueldad contra indefensos animales, conlleva el embrutecimiento del pueblo, al que, con pan y toros, la derecha siempre quiso dominarlo.

Con total desfachatez, y haciendo alarde de su incuria, el hijo de la insubstancial Carmina Ordoñez lamenta: “otros espectáculos que no aportan nada reciben subvenciones y no se deja de dar dinero público, vía premios, primas y subvenciones, a personas que se declaran antiespañolas”, circunstancia que el matarife considera "increíble". Debía referirse al premio concedido al cineasta Fernando Trueba que expresó que no le gustaba la palabra ‘nacional’, un criterio que muchos comparten, sin duda, con el cineasta. Calló el sádico personajillo que esos espectáculos que no aportan nada a su ágrafo criterio deben ser funciones de teatro, conciertos, exposiciones, cultura en suma,  que los iletrados como la gente que forman parte de ese mundillo machista, frívolo y cruel desconocen, porque, otra vez, citando a Machado ‘desprecian cuanto ignoran’.  

Lamentaba ese tipejo, inclinado a vestir trajes propios de travestis horteras, que últimamente a los toreros los insultan sin razón, y utulizó el manido argumento de que “si no le gustan los toros que no vayan…”. No comprende nada ese bruto famosete del papel couché, no se trata de que la gente no acuda si no le gustan a esas ceremonias de sadismo. Se trata de que en un país civilizado no pueden llevarse a cabo tales espectáculos, crueles e intolerables para cualquier persona con ética y respeto por la vida animal. Si un pederasta proclamase que no fueran, si no les gusta, a un prostíbulo con menores, todo el mundo se le echaría encima, recordándole que es un delincuente. Para un alto porcentaje de la población actual las brutales ceremonias de maltrato de toros y caballos constituyen una violación a los derechos de los animales y a la dignidad de las personas. 

Como colofón a sus declaraciones, ese poseedor de un cerebro de encefalograma plano, reflexionaba que en la actualidad, existe “menos respeto, menos educación, menos libertad, menos seguridad" y añadía: "Me da pena, incluso mucho miedo". Resulta chocante que Rivera, que nunca criticó los colegios en barracones, la reducción de profesorado, la ley Mordaza o los múltiples abusos, recortes  de derechos y libertades del PP, ahora, porque políticos con sentido de la ética ponen coto a la barbarie, lamente la ausencia de asuntos que el gobierno de derechas recortó a los ciudadanos, y que no debieron concernirle a él. 

Dice tener miedo, aunque ni por asomo el que sienten los desdichados animales que tortura. Si no le gusta lo que está pasando en su sádico mundo que se ponga a trabajar como una persona normal, haciendo zanjas o carreteras, ya que para otra cosa no debe estar capacitado.

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