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Tordesillas, la barbarie, el PSOE y la España mariana.



Los defensores de la civilización, la razón y el respeto por los animales abarrotaron ayer la madrileña Puerta del Sol para protestar contra un acto de salvajismo que los habitantes de la localidad vallisoletana de Tordesillas consideran una ‘tradición’ y con ese argumento la repitan tozudamente cada año pese a las protestas que llegan no solo de todo el país, sino de todos los rincones europeos donde se tiene información de tal dislate.

El asunto del maltrato animal en España resulta tan escandaloso que varios eurodiputados holandeses y alemanes llevan meses pidiendo que se acabe con las corridas de toros, las becerradas y eventos medievales que se sustentan, como el de Tordesillas pero no solo, en la crueldad con los animales.

Si los habitantes de Tordesillas, a cuyo frente se pone su alcalde, del PSOE aunque no socialista, José Antonio González Poncela, fuesen mínimamente razonables se les podría convencer esgrimiendo el argumento de que la tradición, por el hecho de serlo ha de conservarse. Consuetudinariamente se llevaban a cabo ejecuciones públicas en las plazas de pueblos y ciudades, y secularmente la gente moría a causa de infecciones cuando no se había descubierto la penicilina, los tuberculosos fallecían porque no se conocían las sulfamidas y la viruela se extendía como la peste porque no se había descubierto el poder de las vacunas.

A su alcalde, el pusilánime y desaprensivo González Poncela que, en un alarde de sonrojante victimismo, dice temer agresiones de los animalistas -cuando son estos los que siempre sufren las agresiones y las iras de los vecinos del pueblo que regenta-, si fuese socialista en realidad y tuviese un mínimo respeto por el fundador de su partido, Pablo Iglesias Posse, sabría que ese gran hombre abominaba de cualquier barbarie contra los animales y pregonaba que ningún socialista que lo fuese podría tolerar ni gustar de los salvajes espectáculos celebrados contra la vida de bóvidos indefensos.

Mas González Poncela, como la mayoría de sus actuales correligionarios, ignoran las enseñanzas del fundador de su partido, el venerable Pablo Iglesias Posse, del que los más informados saben que era un señor de barba blanca, y los más no conocen a otro Pablo Iglesias que el creador de Podemos, que debe su nombre a la admiración de sus progenitores por la figura histórica del alma mater del PSOE y la UGT (que debe estar tiritando en su tumba al ver  lo que han hecho con su obra los actuales líderes de ambas formaciones).

Los detractores de la salvajada que tendrá lugar en Tordesillas el próximo martes, si los animalistas no lo evitan, y bien podrían por la fuerza de los números si los cien mil que protestaron en la Puerta del Sol se presentasen en el pueblo de ocho mil habitantes, chulos y avasalladores, amenazan a quienes se oponen a su sinrazón sádica, como han hecho con Ruth Toledano, periodista de eldiario.es, y redactora del blog de defensa de los animales El caballo de Nietzsche, a la que señalaron a través de un dossier de defensa de la barbarie institucionalizada y que cuenta con la protección y apoyo de los socialistas de Castilla y León y la postura, o debiera decir postureo, palabreja ahora de moda, del Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez que, como tiene por costumbre, enciende una vela a dios y otra al diablo, y es antitaurino cuando está con los animalistas, y defensor de esa supuesta ‘cultura’, que dicen los sádicos ignorantes que es la tortura de bóvidos.

La posición del PSOE en el asunto de maltrato animal es, como en otras tantas cosas, de inconcreción y cobardía. No se atreve a ponerse frente a los ejecutores de barbaries porque piensa que perderá votos, en esa torpe postura de intentar mantenerse en el fiel de una inexistente balanza que siempre le hace perderlos por no volver a sus orígenes de izquierdas.

Si los dirigentes del PSOE fuesen inteligentes, aunque ya han demostrado reiteradamente durante años que no lo son, se pondrían al lado de los animalistas, la razón y el civismo y en contra de la barbarie de festejos sádicos como el de Tordesillas y tantos que se perpetran en pueblos de la España profunda y por civilizar, aunque solo fuese porque el PP es acérrimo defensor de todo tipo de actos crueles, que califica como tradiciones, y ya se sabe que a la derecha la defensa de la caspa de la tradición está en su carácter, por muy sarnosa que sea esta.

Resulta sorprendente oír a defensores de los animales, que realmente los aman y respetan, hacer circunloquios, fintas y piruetas para justificar las salvajadas taurinas solo porque el PP es partidario de ellas. Personas que aman a los animales recurren a hablar de la crueldad de los circos que cuentan con felinos supuestamente salvajes para evitar condenar el sadismo de gentuza como la de Tordesillas, o cualesquiera otras salvajadas porque el muy católico y tradicional PP defiende esas manifestaciones crueles y casposas como seña de identidad de una España que, solo por defender tales crueldades, inclina a solicitar el pasaporte de apátrida o el de catalán si se tercia, con tal de no compartir nacionalidad con semejantes salvajes.  

Parece que los animalistas este año están decididos a evitar el sacrificio cruel de Rompesuelas plantándose en gran número en ese villorrio cuyo nombre sería ignorado si no fuese por la cerrilidad de sus habitantes.

Esperemos que superen en número a los mostrencos vecinos de Tordesillas y sean ellos los que tengan que salir a la carrera huyendo de los animalistas, que, por supuesto, no los van a dar muerte sádicamente, como pretenden hacer ellos con el desdichado Rompesuelas.

Suerte a los defensores de la razón la ética y el respeto a los animales.

Comentarios

  1. Como bien dices, entre otras cosas, es cuestión de votos.
    ¡Que poco saben de la verdadera política!
    Un abrazo Luisa

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