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El fraude de Volkswagen: Los trileros alemanes ya no pueden dar lecciones de ética.



Si para algo ha servido, además de para que los usuarios de los automóviles de Volkswagen sepan que emiten más gases contaminantes de los que creyeron al comprar sus vehículos, el escándalo de las malas artes de la empresa alemana más importante del mercado mundial, Volkswagen, ha sido para comprobar que los alemanes no son ni tan serios ni tan éticos como alardean frente a los países del sur de Europa.

Como un Júpiter tronante, los dirigentes alemanes, y los ciudadanos de ese país, llevan años reclamando sacrificios a los países del sur de Europa, alegando que ellos, serios, trabajadores e íntegros, no tienen por qué pagar los platos rotos de la falta de seriedad y honradez de países como Grecia o España que, a costa de sacrificios mortales, han de pagar la deuda con los bancos teutones. Nada les importaron a los germanos los recortes y las altas cifras de suicidios y muertes producidas por falta de energía eléctrica, o incluso de casa o comida, de los europeos de sur que tienen que pagar la factura de lo que ellos consideraron ausencia de responsabilidad por haber actuado como trileros en cuestiones económicas, despilfarrando sin medida lo que era suyo.

Mas hete aquí que un ecologista norteamericano ha puesto en solfa a la empresa Volkswagen, paradigma de la industria automovilística alemana, esa de la que la modelo Claudia Schiffer asegura, en un spot publicitario que es imposible que un Audi se averíe. No tendrán averías, pero fueron unos trileros con sus automóviles, instalando en ellos un software para esquivar controles medioambientales en 11 millones de vehículos diésel de todo el mundo. El descubrimiento lo hizo un  ecologista, Peter Mock, director de un grupo medioambiental llamado Internatinal Council for Clean Transportation, en un intento de demostrar que los controles de gases contaminantes en Europa eran mucho menos exigentes que en Estados Unidos. A partir de ahí descubrieron la trampa del software que engaña cuando se hacen pruebas sobre la emisión de gases en carretera. La broma le viene costando a la señera empresa germana, hasta ahora, miles de millones de euros por las pérdidas en bolsa y el desprestigio total a nivel mundial.

La evidencia es que durante años las autoridades teutonas conocían la amplia brecha entre los valores oficiales de emisión en los laboratorios de pruebas y los que se presentan en el mundo exterior y lo permitieron. El escándalo Volkswagen ha demostrado las relaciones, no siempre honradas, entre políticos y lobistas de la industria automovilista.

Gracias al escándalo de los coches trucados de la paradigmática marca de los vehículos alemanes se ha podido saber que en el país que su canciller reputa como el más serio del mundo, también existen puertas giratorias, tan denostadas por la ética. Así, Matthias Wissmann, ministro de Transportes hace veinte años es, en el presente, uno de los máximos dirigentes de la Verband der Automobilindustrie, un influyente grupo de presión del sector automotor con mucho poder en la política alemana. Aparte del citado Wissmann, el lobista más importante de Daimler es Eckart von Klaeden, un político de peso de la CDU, que trabajó para Merkel en la cancillería y cuya abrupta salida para trabajar en el fabricante de Mercedes en 2013 provocó una investigación de la fiscalía alemana. Su predecesor, Martin Jaeger, es actualmente portavoz del inmisericorde ministro de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, partidario de duros castigos a Grecia a causa de sus problemas de deuda, creados por los bancos alemanes. La connivencia entre la industria del automóvil germana y los políticos de ese país van más allá de un solo partido. Thomas Steg, exportavoz del gobierno socialdemócrata de Gerhard Schroeder, encabeza en el presente los asuntos públicos de Volkswagen. Incluso el exministro de Relaciones Exteriores del Partido Verde, Joschka Fischer, realizó publicidad para BMW en años recientes.

Fraudes, puertas giratorias, connivencia entre políticos y lobistas. ¿Hay alguien que pueda evitar que se extrapole esa actitud de connivencia de los dirigentes alemanes con lobistas de otros sectores, como el de la banca? ¿No será que al final las multimillonarias deudas públicas que Alemania asegura mantienen países del sur como Grecia o España no son sino una de las muchas trampas de unos trileros disfrazados de honestidad y ética que llevan años robando y engañando al resto de Europa? 
Es una reflexión que tendrían que hacerse aquellos que se oponen con tozudez a una auditoria de la Deuda Pública, porque igual no debemos tanto como dicen esos alemanes reputados como paradigma de la integridad política y económica en Europa.

Visto y leído por ahí.

Si a alguien le quedaba alguna duda sobre que la UE está dirigida por la derecha esta es una muestra más de la connivencia que los países europeos mantuvieron siempre con la dictadura fascista del genocida Franco y no quieren molestar a sus aliados del PP, hijos putativos del franquismo.

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