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Aquella Europa que soñamos… garante de libertades.



En teoría, solo en teoría, la UE puede, debiera, sancionar a aquellos países que no cumplan con las normas del Derecho Comunitario. Es el caso de Hungría, cuyo gobierno está manteniendo una actitud nazi ante el problema de los refugiados sirios, a los que la pasada semana reprimió brutalmente, rociando con gas pimienta a mujeres y niños, con cargas policiales que han dejado heridos a niños y a familias que piden auxilio a los países europeos en una situación de desprotección total. Además, siguiendo el ejemplo del gobierno español en Ceuta y Melilla, blindó sus fronteras con alambres de cuchillas, las tristes y célebres ‘concertinas’.

Las imágenes vistas en las televisiones, las fotografías que aparecen en medios digitales
y las crónicas de un sinfín de corresponsales revelan cómo se las gasta el gobierno de Viktor Orban, al dejar, bien a las claras, una posición ideológica que escandaliza al resto de países de la UE, desde los que los gestos y las declaraciones de los dirigentes húngaros se ven racistas y xenófobos, una postura que, en teoría, sería contradictoria con los tratados y el espíritu de las leyes europeas. Mas los dirigentes de la UE no toman medida alguna contra el salvajismo xenófobo de las gentes de Orban.

Dos diputados del Grupo Socialista europeo, Javier López y Elena Valenciano, solicitaban la pasada semana la suspensión cautelar de Hungría como miembro de la UE argumentando que su presidente, Viktor Orban, “ha puesto repetidamente en peligro los principios y valores fundamentales sobre los que se asienta la Unión”.
La vulneración de los derechos humamos con actitudes xenófobas, racistas y trasgresoras de la legislación europea y los derechos humanos no es la primera vez que se produce en el seno de la UE en relación con la inmigración, porque no se puede olvidar que hace un año y medio un grupo de personas perdió la vida ahogado a escasos metros de Guardias Civiles y de la playa de Ceuta después de que los agentes disparasen pelotas de goma contra personas que no sabían nadar. La UE advirtió suavemente a España tras la visita del Comisario europeo de Derechos Humanos, Nils Muiznieks, que criticó igualmente las devoluciones en caliente que sanciona la Ley de Seguridad Ciudadana o Ley Mordaza, más como la famosa frase del Tenorio de Zorrilla ‘fuese y no hubo nada’.

Nada está habiendo en relación con la política xenófoba del gobierno húngaro con los
refugiados sirios, y nada hubo respecto a una ley, la Mordaza, que contraviene todos los principios de libertades que reconoce Europa a sus ciudadanos. Como tampoco lo hubo, pese a las muchas advertencias del Tribunal de Justicia europeo, sobre los ilegales y abusivos desahucios que, desde Bruselas, advirtieron no se podían producir.

Y es que Europa, esa Europa en la que soñábamos los españoles en los años setenta como garante de libertades y bienestar, está desaparecida desde hace años. La antigua Comunidad del Carbón y del Acero, germen de lo que sería el prolegómeno del Mercado Común, que devendría en un proyecto más ambicioso de unidad de los pueblos europeos con iguales derechos y libertades, desaparece bajo la presión económica de los bancos alemanes, de la Troika y el resto de instituciones europeas a su servicio, entre otras cosas porque los dirigentes de la UE no son elegidos democráticamente sino por las cuotas de poder que tengan los más poderosos dentro del club, y la más poderosa es la Alemania de Fräu Merkel, a la que parece, los gobernantes solo obedecen cuando habla de dinero, dado el poco caso que ha hecho el gobierno de Raxoi sobre el asunto de los refugiados sirios, a los que dice que acogerá, pero que, de momento no ha tomado decisión alguna, y el puesto del cargo de quien debiera tomarlas está vacante desde hace meses.

Esa Europa en la que soñábamos, ingenuos, en los años setenta y ochenta unos europeístas incautos que pensábamos en un Europa como la garante de la libertad, de los derechos y del bienestar, devino en lo que fue en su origen, con la diferencia de que en el presente no son los empresarios mineros ni los dueños de las potentes acerías alemanas los que deciden qué ha de hacerse en la UE sino los financieros a los que lo único que les importa de Europa es sacarle hasta los hígados a los ciudadanos del sur para hacer mejores negocios.

La pasividad, ausencia de diligencia y demora de los líderes europeos en resolver el drama de los refugiados sirios contrasta con la prisa que se dieron para forzar al gobierno de Tsipras a firmar unas condiciones draconianas para forzar otro rescate que hará más pobres a los griegos. La diligencia de la UE para multar a la Comunidad Valenciana por haber falseado sus cuentas los anteriores gobiernos del PP no se corresponde con la pasividad e indiferencia con la que actúa la UE en materia de libertades y derechos vulnerados en España, a la que los organismos europeos no sanciona ni por matar inmigrantes frente a sus costas, por desahuciar a cientos de miles de ciudadanos ilegalmente, ni por haber aprobado una ley Mordaza propia de una dictadura y que vulnera los derechos europeos sobre la libertad de reunión, manifestación o información.

Aquella Europa que soñamos, garante de libertades, se ha convertido en una asociación de financieros, prestos a ahogar las economías periféricas, a convertir a los moradores de la cuenca mediterránea en los esclavos de los países del norte. No es esta la Europa en la que soñábamos.

Habría que plantearse si se puede cambiar o si nos vamos de ese club de ricos decididos a explotar a los pobres. Porque la UE no es ya garante de libertades ni de derechos.

Mejor sería irse y olvidarnos del irrealizable sueño europeo.  

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