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La prensa que manipula, la operación Punica, Guindos… mas el problema es que no se subvencionen los toros.



Hace unos meses, el galardonado y ético periodista Gervasio Sánchez afirmaba, en la recogida del Premio Internacional Jaime Brunet a la Promoción de los Derechos Humanos, de la Universidad Pública de Navarra, al recordar a los que le precedieron en la distinción: “Es doloroso recordarlos cuando ves cómo el oficio más bello del mundo vive su etapa más confusa y oscura en un estado de mercantilismo permanente que destruye como un virus letal los principios sagrados por los que muchos quisimos ser periodistas desde la infancia.” Y es que los que amamos ese oficio hasta sufrir las consecuencias de no dejarnos amordazar, aunque nos vaya el bienestar en ello, estamos escandalizados y doloridos ante el espectáculo que viene dando la prensa desde hace años. 
 
“La prensa española está tan domesticada que ya no hay nada que se parezca al periodismo de investigación. Nos enteramos de la corrupción política y del desfalco bancario con años de retraso. ¿Dónde estaban los periodistas especializados cuando personas sin escrúpulos se estaban enriqueciendo o asaltando las arcas del estado? Yo les aseguro que estaban y sabían, pero callaban. Las entrevistas menos exigentes a empresarios, políticos, banqueros, se han hecho en este país cuando más saneadas estaban las arcas de los medios de comunicación. Los periodistas comenzaron a autocensurarse mucho antes de que políticos y banqueros los presionasen”, diagnosticó Sánchez. 

Y así estamos. El penoso espectáculo que da una prensa mamporrera del poder llega a extremos que mueven a risa o indignación. Lo triste es que esa manipulación abyecta de los medios es el caldo de cultivo de la resignación y el sometimiento de la sociedad. La prensa cavernaria, la mayoría de la existente, manipula, dirige y retuerce el pensamiento de la gente para que, aún a estas alturas y con todo de lo que se conoce de la corrupción del PP, sigan existiendo millones de aborregados españoles dispuestos a votarlos. 

El pasado fin de semana, la supuesta televisión pública, TVE, no informó del sumario de la operación Punica sobre la que se levantó el secreto del sumario. Otros medios sí dieron detalles de algunos asuntos, sobre los comentarios soeces de algunos implicados, como el que dijo que se ‘tocaba los huevos que para eso era diputado’, el alcalde que reclamaba dinero a la trama porque se iba de vacaciones y otros abyectos detalles. Pero curiosamente, la noticia que en cualquier país habría llevado a la inmediata dimisión de un ministro, la referencia a las ‘ayudas’ del ministro de Economía, Luis de Guindos, al cabecilla de la trama pasó prácticamente desapercibida, dado que buen cuidado tuvieron los medios en evitarla. Tan solo algunos digitales dieron cuenta de la connivencia del ministro con esa red de sinvergüenzas, que parece haberse extendido por todo el país, como una segunda trama Gürtel, porque como dijo otro de los implicados ‘estas cosas se han hecho siempre y nunca se han sabido’. 

El digital Público daba cuenta el domingo de que Luis Guindos ayudó a Granados, cuando ya había dimitido por su cuenta secreta en Suiza, para que participara en la privatización de AENA, que cenó con el líder de la Púnica y hasta le invitó a la boda de su hija poco antes de su detención, según las escuchas que constan en el sumario sobre la trama corrupta desarrollada en  torno al PP. En las escuchas, entre otras cosas, se puede oír una conversación telefónica en la que Granados explica a su exasesora que De Guindos quiere dejar el Gobierno. En concreto, dice que “quiere salir de ahí como sea. María Victoria le dice que si antes de salir le dé la oportunidad de comprar una caja o así”.

Entre tanto el propio De Guindos, o el ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, aparecen en los medios sometidos, casi todos, asegurando que si su partido pierde las elecciones será una catástrofe para la economía y el crecimiento. Callan los medios que la catástrofe no se producirá para la economía de todos sino de los suyos, porque no podrán seguir esquilmando al país, dejando en estado de caquexia las arcas públicas para financiar su partido y asegurarse un muelle porvenir por generaciones, mientras el pueblo pasa hambre y miles de personas se quitan la vida por dificultades económicas y desahucios. 

Mas en lugar de explicar la situación a los ciudadanos, como sería la obligación del periodismo decente, que cumpliese con la máxima de Orwel que afirma: ‘periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques, todo lo demás son relaciones públicas’, se dedica a someterse a los dictados del poder, de la caspa y la crueldad convirtiendo, prácticamente en una cuestión de Estado, la negativa de algunos ayuntamientos, aún demasiado escasos, de subvencionar el salvaje espectáculo de los tauricidios. 

Jalean a los cafres que insultan a regidores que tomaron la decisión de no dar ni un duro
a una mafia de vagos y maleantes que han hecho del maltrato animal su oficio, y que son muchos menos de los que dicen, porque circula por la red un informe de ‘Veterinarios contra la tortura animal’ que cuantifica en tan solo unas decenas los sinvergüenzas que viven de la barbarie que algunos llaman cultura y tradición, enrocados en su ignorancia, brutalidad y ausencia de sentimientos. O que utilizan esa salvajada como seña de identidad política, haciendo creer a mucho ignorante que la eliminación de esos mal llamados festejos en la vida pública no es sino la enemiga de los separatistas por lo que ellos consideran la esencia de la españolidad, de la que abominamos muchos sin necesidad de ser soberanistas de países que no habitamos.

Mas los periodistas que trabajan, aquellos a los que no amordazan porque ya se amordazan ellos solos, que están cómodos vendiéndose al poder, enquistados en un sistema injusto y que pretenden inamovible, son capaces de dedicar sus programas y sus páginas a fomentar la crueldad, a dar presencia a toreros como hizo en pasadas fechas Susana Griso en su programa matinal con el delincuente Ortega Cano, clamando para que el dinero público subvencione la salvajada y, de paso, sus orgías etílicas, en lugar de dar cuenta a la sociedad de cuanto nos roban unos políticos que se aprovechan de la ignorancia de un pueblo que no es capaz de sublevarse ante los latrocinios y los abusos, sacándolos del poder mediante las urnas. 

Como periodista me dan vergüenza esos colegas.  

Visto y leído por ahí en relación con este post









Comentarios

  1. Vivimos un momento raro.....desnudos e indefensos porque a diario,y a sabiendas, permitimos que nos tapen el bosque con un arbol

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