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Los “demócratas” del PP: Furiosos por perder poder.



Que ni Mariano Raxoi  ni el resto de los dirigentes del PP aceptan las reglas democráticas es algo que quizá estén descubriendo ahora algunos ciudadanos, aunque para muchos fue siempre una evidencia. La reacción de Mariano Raxoi y su ‘segunda’, Soraya Sáenz de Santamaría, criticando acerbamente los pactos del PSOE con fuerzas progresistas que les arrebatarán en poder en Ayuntamientos y comunidades es la propia de quienes no respetan la democracia ni aceptan perder el poder que consideran ha de ser suyo, quizá porque están imbuidos de que, igual que su abuelo ideológico, el dictador genocida, han de ejercerlo siempre ‘por la gracia de Dios’. 
 
Criticar abiertamente al líder del PSOE, Pedro Sánchez, que parece haber asumido que escorarse hacia la derecha es un suicidio y que con ello provocaría el abandono de buena parte de sus votantes e incluso de sus militantes, y hacerlo, además, utilizando las instituciones como la Presidencia del Gobierno, da la medida de la ausencia de sentido democrático de un partido instalado en el poder, como se llevan viendo con los infinitos casos de corrupción, para adueñarse de lo público, hacer negocios rentables y favorecer a sus amigos empresarios, los mismos que devuelven los favores del poder en gruesos sobres que luego se reparten en sobresueldos, reformas y compra de sus sedes e, incluso, financiando ilegalmente campañas electorales. 

Las críticas de la vicepresidenta en la rueda de prensa posterior a la celebración del Consejo de Ministros, y las de Raxoi tras la cumbre celebrada con el representante del nada democrático reino de Marruecos, en visita a nuestro país, es una afrenta a los ciudadanos, porque se supone que, se les haya votado o no, es el Gobierno de todos los españoles y por ello no es el lugar adecuado para hacer política partidaria. Prueba del sentido patrimonialista del PP que considera las instituciones su propiedad sin respeto alguno para ellas y los ciudadanos. 

Que bramen contra los pactos que les quitarán el poder no es precisamente democrático, que lo hagan utilizando las salas de prensa de la Presidencia, e incluso aprovechando la visita de un representante de otro país raya en el esperpento bananero, al que, por otra parte, ya nos tiene acostumbrado este Gobierno del PP. 

Al acordar pactar con fuerzas de izquierdas el PSOE está retomando lo que nunca debió abandonar, unas políticas progresistas, orientadas a favorecer las necesidades de la ciudadanía y no las ambiciones de los poderosos. Lo que buscan Raxoi y sus correligionarios, además, no son pactos con el PSOE ni ningún otro partido, sino el sometimiento de otras fuerzas para seguir aplicando el rodillo que le proporcionó la mayoría absoluta, obtenida tras las elecciones de 2011 con trampas, falacias y una campaña electoral financiada ilegalmente, que tendría que haber sido motivo suficiente para presentar la dimisión y convocar elecciones generales cuando se descubrieron los papeles de Bárcenas. 

Carentes de argumentos, sin fuerza moral para reclamar apoyos en comunidades como Madrid o el País Valencià, donde los sucesivos gobiernos de PP, a lo largo de veinte años, se caracterizaron por cientos de casos de corrupción, a la vez que inhumanos recortes de derechos de los ciudadanos, como también aplicó Cospedal en Castilla-La Mancha, son suficientes razones para que ningún partido con un ápice de ética pueda pensar en dar su apoyo a tales mangantes.

Cuando Raxoi invoca a la socialdemocracia alemana para forzar al PSOE a pactar con el PP, parece ignorar que en Alemania cuando a un político se le pilla trasgrediendo las normas, aunque estas sean copiar una tesis, se van a su casa, y que la intransigente señora Merkel aceptó puntos del programa de los socialdemócratas, como la implantación de un salario mínimo decente, y otras medidas sociales que el PP no aceptaría en ninguna comunidad o ayuntamiento, porque sus políticas son, y siempre serán, las de anular los derechos de los ciudadanos. 

Ignora, además, Raxoi, cuando invoca a Alemania, que la Europa del sur está cambiando y desprendiéndose de la tutela del norte, como está haciendo el gobierno de Syriza en Grecia. Y bien hará el PSOE si se encamina a formar parte de un partido como el de Tsipras, acercándose a las ideas de los fundadores de su formación, para contribuir a liberar al país, que son sus ciudadanos, de la miseria a la que los condujeron las medidas del PP, ciego y sordo a las necesidades del pueblo. 

Tan nerviosos, ridículos y patéticos en sus críticas ante los pactos que les quitarán, legítimamente, el poder en Ayuntamientos y regiones resultan los dirigentes del PP como ese torero delincuente pidiendo ‘templanza’ al PSOE ante futuros pactos. Seguramente preocupado el miserable asesino –doblemente criminal por haber segado la vida de una persona porque él conducía borracho y por su condición de torero- porque los partidos progresistas ya están anunciando, como hizo Carmena en Madrid, que no irá un solo euro público a las masacres tauricidas. 

A unos y a otro solo les mueve la pela. De manera que, como dijo ante los implacables recortes a los trabajadores la hija del corrupto y encarcelado expresidente de la Diputación de Castellón, Andrea Fabra: “¡Que se jodan!”


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