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Día Mundial del Medio Ambiente ¿Algo que celebrar?



La ONG ecologista Greenpeace ha colocado carteles en el exterior del Ministerio de Medio Ambiente en los que se puede leer “Se vende: Por falta de actividad”. No les falta razón, en el Gobierno de Raxoi la sensibilidad medioambiental ni está ni se la espera. Es imposible que existiera, o exista,  en el PP un ápice de sensibilidad sobre el medio ambiente cuando los responsables de esa área, primero Miguel Arias Cañete, relacionado con sectores paradigmáticos en la destrucción medio ambiental como constructoras y petroleras y después Isabel García Tejerina, tengan responsabilidades en un asunto que requiere enormes dosis de sensibilidad medioambiental por encima de intereses crematísticos. 
 
Y no ha sido el caso, porque si Arias Cañete demostró, en el tiempo en que fue responsable del Ministerio de Medio Ambiente, ser un verdadero enemigo de los espacios naturales y el litoral, su sucesora  tampoco es una significada defensora de las políticas medioambientales, más bien al contrario, dado que, cuando no estuvo ejerciendo como  asesora de los ministros Loyola de Palacio, Jesús Posada y Miguel Arias Cañete, y posteriormente como Secretaria General de Agricultura y Alimentación, trabajó en la empresa Fertiberia, donde desarrolló su labor como directora de planificación estratégica entre 2004 y 2012. 

Fertiberia es una de las empresas más contaminantes de España, responsable de la existencia de un vertedero tóxico en Huelva de casi el mismo tamaño que la ciudad junto a la que existe, y que viene dando lugar a mandatos judiciales, desde hace años, para que limpie ese entorno sin que la empresa cumpla los dictámenes de la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo. Algunas de las sentencias se emitieron en la época en la que Tejerina trabajaba en esa empresa, y, obviamente, no puso reparos a las atrocidades medioambientales que llevaban a cabo. 

Con políticos así al frente del Ministerio de Medio Ambiente hay poco que celebrar en un país en el que la crisis de una parte y la ausencia de sensibilidad ecológica de los políticos –Raxoi negó en su día el cambio climático- y de parte del pueblo, son causa de atentados atroces al Medio Ambiente. Nada más llegar al Ministerio Arias Cañete modificó la Ley de Costas para permitir legalizar infinidad de atrocidades urbanísticas en el litoral y en parajes protegidos. La Ley de Montes aprobada recientemente por el PP supone un retroceso a la conservación medioambiental al facilitar la construcción en zonas boscosas arrasadas por incendios, inmediatamente después de producirse estos. 

Y a la falta de sensibilidad política se suma la de un pueblo que no le va a la zaga en la ausencia de respeto por bosques y parajes protegidos. Muchos de los incendios que cada verano se registran en este país son la consecuencia de imprudencias intolerables, como la quema de rastrojos, o, incluso una manera de librarse de ‘enemigos de la ganadería’, como los eucaliptos, sembrados durante la dictadura en Galicia, y que, en el presente, son la causa de infinidad de incendios que arrasan igualmente pinares o castañares, si en su proximidad existen esos árboles que los campesinos queman por costumbre. 

Y si la ausencia de respeto medioambiental por los bosques y parajes protegidos es paradigmática en este país, a la hora de respetar animales es aún peor. El lince ibérico, especie en peligro de extinción es diezmado por cazadores, conductores imprudentes y la desidia de una administración ciega a la conservación de los animales y sus derechos. El que los injustificados y crueles espectáculos taurinos sea considerado por el PP –que destina cantidades millonarias a fomentar esa atrocidad- como una seña de identidad patria, una tradición a conservar y parte del patrimonio cultural del país hace posible toda clase de barbaridades con todas las especies, imbuidos sus muy beatos integrantes, de que los animales los puso su dios para que el hombre dispusiera de ellos.
Las leyes de protección animal ignoran la protección de los salvajes, y se limita a las mascotas y no siempre –la infame Ley de Caza de Cospedal permite disparar a perros y gatos sueltos-  porque son laxas y permisivas con la crueldad por la nimiedad de las condenas.  Al tiempo, las que tendrían que controlar el trato que reciben los animales salvajes en centros como zoos safaris, delfinarios y espectáculos con animales marinos, son inexistentes y dan lugar a tragedias como el asesinato de Eva y Adán, dos primates recluidos en Sa Coma en Palma de Mallorca que, tras escaparse, la hembra fue abatida a tiros por la Guardia Civil y el macho fue encontrado muerto en extrañas circunstancias. 

Muy poco hay que celebrar respecto a la conservación medioambiental en este país de avariciosos, ignorantes del valor de la naturaleza, cruel y marcado por la religión judeocristiana que desprecia a los seres vivos y los entornos, imbuidos de que todo está en el planeta para disfrute del humano. 

Aunque algo han cambiado las cosas desde hace unos años. En mi más lejana infancia recibía el reproche de tener ‘una sensibilidad enfermiza’ por criticar que se destruyesen jaras a pisotones por puro placer o que se masacrasen animales. De joven, en los años ochenta, oí con frecuencia la acusación de que aquellos que éramos sensibles a los problemas medioambientales estábamos ‘vendidos al oro de Moscú’. Hoy día cualquier político, por mucho que en su fuero interno desprecie la defensa del medio ambiente, no lo confesará jamás. 

Algo se ha avanzado… aunque tan poco que hay que celebrar un ‘Día’ del medioambiente porque no lo son todos. 



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Comentarios

  1. Tienes toda la razón del mundo, ya lo sabes, pero esta gentuza sigue destruyendo nuestra tierra, ellos a lo suyo, que parece es robar y lo hacen muy bien.
    Un abrazo grande

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