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La pataleta de Aguirre y la ausencia de decencia en la campaña electoral.



Las filtraciones son buenas según convenga. Esperanza Aguirre exige que se investigue y se sepa, antes del domingo, quién filtró los datos de su declaración de la renta, en los que se pone de manifiesto que, en caso de que fuera cierto que no llega a fin de mes, es una manirrota, una ludópata, o por el contrario, una mentirosa. Cuando el diario digital de Enric Sopena, El Plural.com. – Sopena fue director de informativos de TVE cuando gobernaba Felipe González-, dio en exclusiva los datos sobre la declaración de Juan Carlos Monedero Aguirre se congratuló ante las cámaras de tal exclusiva. 

Aquella campaña iniciada por Sopena, mamporrero de González y defensor de todas las patochadas del expresidente que ha girado de la socialdemocracia a la derecha pura y dura en los últimos años, fue vista por la derecha como un gran logro informativo y casi un servicio a la patria –a la suya, a la de las cuentas en Suiza, la brecha social, la explotación laboral y la represión- en el que se ponía en evidencia la maldad del profesor universitario, y por ende de la bestia negra del bipartidismo, Podemos. 

Ahora no es lo mismo, para Aguirre y el sistema que la defiende, periodistas afines, servidores de la casta y del bipartidismo, la filtración de su declaración de Hacienda es una vulneración de derechos, de su intimidad, un atentado a la democracia, porque los datos de las declaraciones de Hacienda de los ciudadanos han de ser secretas. Deberían no serlo por ley las de los políticos, que tendrían que tener un techo de cristal, deberían ser públicas, conocidas, controladas. Eso en un país decente. 

Mas este no lo es y se ha constatado durante la campaña electoral, en la que la derecha no paró mientes en sacar todos los trapos sucios, reales o inventados, de sus contrincantes. Aguirre estuvo descalificando a su adversaria, Manuela Carmena, hasta el hartazgo. Quizá porque a falta de argumentos y asuntos turbios sobre los negocios de su marido, beneficiario de dinero público, aplicó la máxima napoleónica de que la mejor defensa es un buen ataque. 

Esa actitud ha sido la tónica de la campaña de los populares: descalificar, ensuciar y desprestigiar a los adversarios tanto como lo están ellos, no por lo que digan sus contrincantes, sino porque su política y sus decisiones les retrataron desde hace años, desde que gobiernan en las comunidades convertidas muchas de ellas en verdaderos lodazales de corrupción, como la de Madrid o la valenciana, donde a diario se conocen nuevos datos, imputaciones y revelaciones de las muchas tropelías que dejaron las arcas públicas al borde de la caquexia. 

En esta campaña electoral que concluye ya hubo de todo excepto decencia y propuestas electorales. Obsesionados por las encuestas, interesados la mayoría de medios en transmitir el mensaje de que Podemos pinchará, que se va a hundir, se volcaron en los primeros días en promocionar a Albert Rivera y su partido, Ciudadanos, como la gran esperanza blanca de la política, la alternativa moderada y bendecida por el IBEX al bipartidismo y la indignación. En los últimos días recogieron velas. 

Es muy posible que el PP llamase a rebato a la prensa y advirtiera de que tanto hablar de Ciudadanos podría perjudicarles. Es muy posible que así sea, que Ciudadanos quite votos al PP. No así a Podemos ni a cualesquiera otras opciones de izquierdas. Los votantes de Podemos no caerán en la trampa de aceptar como alternativa a su descontento, a la rabia y la impotencia contra unas políticas abrasivas contra los trabajadores, contra la oprimida y desmantelada clase media, devenida en proletariado o, incluso, casi en siervos de la gleba por la Reforma Laboral, a un partido que, pese a su disfraz de innovador, es más de lo mismo del liberalismo salvaje.

La ausencia de decencia y de propuestas, los casos de corrupción y la desunión de la izquierda ha hecho que sociólogos y periodistas hagan conjeturas y pronósticos de todo tipo, pero siempre dejando caer, subliminal o descaradamente, que el PP ganará las elecciones de nuevo. 

Mas es difícil aceptar que un pueblo explotado, engañado, empobrecido y robado vaya a ser tan necio, o tan suicida, como para volver a dar su voto a quienes les dejaron sin derechos y sin libertades. 

Ayer, en Madrid, en el mitin de Ganemos no cabía un alfiler. Carmena tuvo que pedir, casi como Lola Flores en la boda de su hija, que no abarrotaran el local. Aguirre se ha ido a la Fiscalía General del Estado a reclamar por la filtración de su declaración de Hacienda. Mientras tanto Carmena habla de devolver la dignidad a los ciudadanos. 
Y es lo que hay que recuperar entre todos, la dignidad que el PP viene robando, junto con las arcas públicas, desde hace demasiados años. ¿Podremos?

Visto y leído por ahí. 

Entrevista a Manuela Carmena en el diario.es

Las cosas se complican para Rita Barberá:

Cuando los artistas se ponen al servicio de los políticos pueden hacerse grandes carteles.


Comentarios

  1. ¡Cuanto deseo echar a toda esta caterva de sinvergüenzas que tenemos?
    ¿Podremos?

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