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La corrupción, la manipulación y el estúpido miedo a que las cosas cambien



“Fomento vende a un primo de Aguirre inmuebles en Madrid a un precio inferior al del mercado” “Manuel Fraga recibió donaciones en persona para financiar al PP” “El hermano del presidente de Castilla y León montó una sociedad en Panamá con uno de los empresarios de Gamonal”. Las frases entrecomilladas corresponden a tres titulares de exclusivas del diario digital “eldiario.es”. “PP y C's suman los mismos escaños que obtuvo el Partido Popular en 2011” afirma otro digital, “Público”, que informa de que “Pese al altísimo porcentaje de indecisos, los resultados del exhaustivo sondeo realizado para 'Público' muestran que la derecha podrá seguir gobernando tras el 24-M”.
 
¿Qué pasa en este país, o que le pasa a la ciudadanía, para seguir avalando a partidos como el PP, enfangado en la corrupción desde prácticamente el nacimiento de esta pseudodemocracia, o una formación como Ciudadanos, que en el pasado reciente pactó con partidos de ultraderecha, y que en sus listas municipales cuenta con tránsfugas, falangistas e imputados por corrupción en otros partidos? 

En el País Valenciá las encuestas dicen que el PP perderá el gobierno de la Generalitat, aunque cuente con el apoyo de Ciudadanos, más no se le pronostica la debacle que cabría esperar de un partido con más de un centenar de imputados, hasta el momento, porque cada día se tienen datos de nuevos latrocinios y corruptelas. 

Cierto es que las encuestas valoran datos que hacen que los resultados se sesguen cuando se aplican variables como la memoria de voto, que aporta puntos a los partidos ganadores en anteriores comicios. Pero también es cierto que basta oír a la ciudadanía en la calle, para darse cuenta de que entre ella ha calado el perverso mensaje de medios y políticos de derechas que cuentan que ‘todos los políticos son iguales y todos van a forrarse’. No ayuda a desmentir esa frase asuntos como los ERES de Andalucía, ni las campañas mediáticas contra Podemos, formación a la que los medios atribuyen indemostrables acusaciones, como que se financian con el dinero de Venezuela, o que Juan Carlos Monedero defraudó al fisco, por mucho que los técnicos del Gestha hayan asegurado que Hacienda tendrá que devolverle dinero. 

“Los españoles son muy tontos y se creen lo que les cuentan las televisiones” aseguraba a esta bloguera una frustrada ciudadana, harta de corrupción y abusos y con poca confianza en que las cosas vayan a cambiar. Y es que la prensa se ha aplicado en lanzar el mensaje subliminal de la resignación a la vez que los dictados por los poderes, fácticos o no, no pueden permitir que el poder cambie de manos, porque les va su vida económica en ello. 

Han sido demasiados años robando y manipulando para permitir que el pueblo tome las riendas del país, como debió hacer tras la muerte del dictador –que falleció en la cama- de no haber contado con unos políticos complacientes y pactistas que se bajaron los pantalones ante una dictadura que no hizo sino cambiarse la chaqueta en una transformación lampedusiana de que ‘todo cambiase para que todo siguiera igual’. 

Santiago Carrillo y Felipe González aceptaron las componendas a cambio de asegurarse un sillón en ese nuevo régimen, el confort de unos escaños y ser considerados parte de un sistema que durante los cuarenta años anteriores los habían mantenido alejados del pastel de la política. 

Si se echa la vista atrás es fácil ver cuán poco cambiaron las cosas, por mucho que los socialistas saquen pecho con algunas mejoras sociales, impuestas por una Europa temerosa que de España, tras la muerte del dictador, sacara los pies del plato y plantase cara al muelle capitalismo en el que, en aquellos años, se garantizaba la paz social a cambio del Estado del Bienestar. 

Los medios del establishment y las formaciones del bipartidismo se han puesto de acuerdo para manipular, engañar, y sobre todo, asustar a un pueblo timorato que en la transición se plegó a los deseos del sistema para ‘que no hubiese otra guerra civil’, que tras el 23F se resignó al café para todos territorial para que no surgiera un nuevo Tejero, y que en 2011 votó al PP, engañado, para que en España no se disparase la prima de riesgo, sin saber siquiera qué era la prima de riesgo. Y que ahora se asusta de votar a Podemos porque los manipuladores medios del sistema amenazan con que si ese partido llegase al poder España se hundiría económicamente y se convertiría en otra Venezuela, ni siquiera en la Venezuela real, en la que se sube el salario mínimo un 30%, sino la Venezuela que pintan programas como “En tierra hostil”, serie de reportajes hechos ad hoc para dedicar uno a fomentar el coco venezolano. 

El país se enfrenta a una encrucijada determinante en las elecciones municipales y autonómicas y en las posteriores generales. Tendrá que perder el miedo al coco, como no hizo en la transición o resignarse a seguir viviendo en una sociedad acosada por la corrupción, la desigualdad, la represión y el miedo. 


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