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El Oleg Naydenov, un segundo Prestige y la insensibilidad medioambiental del PP.



Como una negra maldición, el fuel del barco ruso Oleg Naydenov va extendiéndose por las costas de las Islas Canarias del mismo modo que el del Prestige se adueñó de las costas galegas, causando una verdadera tragedia medioambiental. Entonces, como ahora, gobernaba el PP, un partido con nula sensibilidad medioambiental que siempre antepone la cuestión crematística inmediata a la conservación del medio ambiente. Que perezcan miles de aves o de criaturas marinas, algunas en peligro de extinción, no parece un problema para en partido que, desde negar el cambio climático, a aprobar leyes locales contra los derechos de los animales, cuenta en su ADN con la brutal desconsideración contra la naturaleza, en la que solo ve un medio de hacer negocios, ya sea destruyendo costas o montes, ya sea protegiendo mafias como las de los cazadores o los tauricidas.

El último dislate, hasta el presente, contra la conservación de la naturaleza ha sido la gestión del hundimiento del barco ruso Oleg Naydenov, del que los medios fieles al Gobierno silencian o minimizan lo que es ya la tragedia medioambiental causada por el hundimiento del barco ruso que guardaba 1.400 toneladas de fuel en su interior. El barco se fue a pique a veinticuatro kilómetros de la costa, cuando era arrastrado a puerto, después de que las autoridades decidiesen sacarlo a alta mar cuando se encontraba en el puerto La Luz, donde sufrió un incendio. De haberse hundido a poco menos de veinte metros de profundidad, las repercusiones medioambientales hubiesen sido mínimas. Mas las autoridades repitieron con el Oleg Naydenov los mismos errores que perpetraron con el Prestige, y las consecuencias parece que van a ser muy similares, aunque los medios en general silencien ese siniestro. Es de suponer que hasta que las cámaras de otros países empiecen a relatar la tragedia medioambiental, de la que ya hablan los medios escritos como hacía el viernes el diario británico The Guardian.

Rodeados de casos de corrupción, los árboles del latrocinio sistemático no dejan ver el bosque de la iniquidad del Ejecutivo respecto a los asuntos medioambientales, como si estos no fuesen una consecuencia más del obrar de un Gobierno tan solo por razones económicas, o por la torpe avaricia de unos gobernantes que, en el caso del Oleg Naydenov, no supieron ver las consecuencias de sus torpes decisiones, y no será porque no tenían el ejemplo del Prestige, bastante cerca en el tiempo en términos históricos. Olvidar la tragedia del barco hundido en las costas gallegas hace trece años pone de manifiesto la estulticia de unos gobernantes que no saben enfrentarse a los problemas si no es con la torpeza de quienes ignoran el valor de la naturaleza.

Aunque no es solo que lo ignoren, o que, como Raxoi, nieguen el cambio climático como cualquier integrante del Tea Party norteamericano, es que la falta de respeto por el medio ambiente les resulta rentable en términos económicos, que es lo único que interesa a los integrantes del PP.

De las tropelías legislativas contra el medio ambiente da cuenta Equo en un informe sobre la ‘Contrarreforma Medioambiental del PP 2011-2015’ en el que repasa las medidas legislativas aprobadas por un partido que considera que los bosques, los mares, los animales y las costas son tan solo objeto para  hacer rentables negocios y corruptas especulaciones. Así, la formación ecologista recuerda como La Ley de Costas, aprobada en la etapa en la que Arias Cañete era Ministro de Medio Ambiente, llevó a cabo una modificación de la anterior legislación que favorece los intereses privados, en detrimento del bien público marítimo-terrestre, contribuyendo  a desproteger, aún más, los deteriorados litorales de este país. La consecuencia más inmediata de la reforma de la Ley de Costas fue la aparición de miles de chiringuitos en las playas y la amnistía a cientos de edificios sobre los que pesaba una orden de derribo por ocupar el espacio marítimo terrestre. A la larga lo que pretendió el Gobierno de Raxoi con la modificación de la ley de costas fue consagrar el todo vale en favor de la especulación inmobiliaria, que sigue pretendiendo que sea un motor económico como el que existió en torno a la burbuja y dejó encementado miles de quilómetros de litoral.

Otra medidas legislativa lesiva para el medio ambiente, y, llevada a cabo igualmente en favor de la premisa de que los negocios son lo primero, es la escandalosa Ley de Montes que permitirá construir en los bosques arrasados por incendios inmediatamente después de producirse estos. La anterior legislación, en prevención de que los ávidos promotores inmobiliarios pudiesen incendiar lugares de alto valor ecológico para cementarlos, prohibía la construcción en terrenos incendiados durante treinta años. Al eliminar esa medida, el PP pone en bandeja a los depredadores la posibilidad de destruir parajes de alto valor ambiental para satisfacer sus ansias de construir urbanizaciones. 

La modificación de la Ley de Impacto Ambiental para acelerar los trámites que facilitará la aprobación de proyectos de gran impacto ambiental por la vía rápida es otra de las decisiones legislativas de un gobierno cuyo lema es ‘todo por la pasta’. Las modificaciones de las leyes de protección de espacios naturales como la de parques nacionales, que permite que estos sean controlados por empresas privadas, comercializando así el patrimonio natural de todo el país, está  encaminada a facilitar actividades económicas en lugares que estaban reservados a la defensa de sus valores naturales. Una decisión que hasta el Consejo de Estado consideró inconstitucional. Aun así, el Gobierno lo sacó adelante con su mayoría absolutísima, y sin escuchar, una vez más, a la oposición o los agentes sociales. Tenían, como en todo lo relacionado con el medio ambiente, que facilitar los negocios de aquellos que, a cambio de sobres o consultas, les llenan los bolsillos. 

Las leyes medioambientales europeas pusieron algunas trabas a todas las barbaridades que en materia medioambiental intentó legislar el Gobierno de Raxoi, aunque su libertad para destruir el otrora rico patrimonio medioambiental es demasiado grande para que puedan preservarse parajes naturales y especies protegidas en toda Europa que en este país se masacran sistemáticamente, como los lobos, con la colaboración en ese asunto del impresentable presidente de la Comunidad de Asturias, el socialista Fernández, otro patán insensible de cuantos gobiernan en este país. 

Con esas mentalidades de anteponer los negocios y los intereses de promotores, cazadores, ganaderos o tauricidas, no es de extrañar que cuando se presenta una contingencia medioambiental como el naufragio del Oleg Naydenov las autoridades no reaccionen. La vida de la fauna marina debe ser algo poco rentable para los gobernantes de este país de ágrafos medioambientales. 



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