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El larvado machismo que aún nos atormenta



Me van a perdonar que por hoy, y sin que sirva de precedente, olvide la corrupción del PP, los ruidos en el seno del PSOE, la persecución mediática a Podemos, las medidas fascistas del Gobierno de Raxoi y todo cuanto forma parte de esa actualidad que algunos plumillas del pasado calificaban hace años de ‘rabiosa’, no se sabe si porque el sonido de los teletipos les ponían de los nervios, o porque la actualidad de la dictadura producía esa rabia, sentimiento que, a tenor de las ocurrencias y decisiones del actual Gobierno, bien podría decirse que también hacen que la actualidad sea rabiosa. 
 
Mas no es esa la razón por la que aparco hoy esa actualidad, sea rabiosa o no, sino porque hay un asunto inquietante y que lleva a la reflexión de quien siempre luchó contra la desigualdad y el machismo que, tristemente, sigue presente en nuestra sociedad, como si aún anduviésemos en los tiempos en los que Mary Wollstonecraft comenzaba, a finales del siglo XVIII, a explicar a quienes la querían escuchar que  las mujeres no somos por naturaleza inferiores al hombre, sino que algunas parecen no serlo porque no reciben la misma educación, y que hombres y mujeres deberían ser tratados como seres racionales. Resulta bastante triste que en el siglo XXI aún haya que repetir, en diversos sectores de la sociedad y a algunos hombres lo que, en 1792, Wollstonecraft exponía en su obra “Vindicación de los derechos de la mujer”.

Y aunque en la actualidad ser machista esté, en apariencia, socialmente mal visto y casi ningún hombre se reconozca como tal en círculos profesionales, políticos o empresariales, la realidad es que, aunque muchos abominen del machismo de cara a la galería, en su trabajo, su vida privada, o en sus decisiones políticas, su conducta da fe de un machismo latente en la sociedad. El mismo que se oculta en la calle bajo una pátina de condescendencia, cuando no de la criminal violencia que el pasado año dejó 58 mujeres muertas a manos de sus parejas.  

La vorágine de la actualidad, y las alarmantes noticias sobre abusos del actual Gobierno, como la Ley Mordaza, las devoluciones en caliente, la cadena perpetua revisable, el caso de Patricia Heras, el de Alfon, la corrupción del PP, las insidias contra Podemos, hacen olvidar algo que las mujeres tendríamos que tener presente cada día, que no hay que bajar la guardia porque el machismo permanece latente, larvado, como una enfermedad que no da la cara en años, pero que se padece, aun sin tener conciencia de ello. 

El primer aldabonazo de recuerdo de que el problema está ahí, presente a diario en la sociedad, fue un comentario en Facebook de la periodista Teresa Cobo, que criticaba que en la comunidad cántabra, la CEOE- Cepyme de esa región estuviese compuesta únicamente por hombres que decidieron excluir a las mujeres de la dirección de esa asociación, después de que anteriormente la presidiese una: “¿Tal mal lo hizo la última presidenta de la patronal cántabra que han decidido castigar a todas las mujeres? Como si la capacidad de gestión tuviera algo que ver con el sexo. Si así fuera, a estas alturas serían incontables los organismos de este país, y empiecen si quieren por su Gobierno, que tendrían que estar integrados en exclusiva por mujeres después de tanta pifia masculina. Por fortuna, ni el talento ni la eficiencia guardan relación con el sexo”, argumentaba Cobo. Aunque, sin duda, los sesudos varones de la CEOE-Cepyme cántabra no comparten el criterio de la periodista cuando refuta la idea de que la gestión tenga que ver con el sexo de quien la realiza. En el larvado machismo de los hombrecitos retrógrados, el buen hacer, la inteligencia y el poder está, única y exclusivamente en sus varoniles neuronas. 

El segundo aldabonazo de que la desigualdad y el machismo descarado están en todas partes me llegó a través de un texto escrito por un militante del PSOE de Andalucía, como queja del machismo que se sufre en una comunidad en la que, según un estudio realizado hace unos meses por el Instituto de la Mujer, la mayoría de los jóvenes consideraba que el lugar de las féminas era el hogar, cuidando a sus hijos. Y jóvenes o no tanto, fueron los dirigentes socialistas de un pueblo de Sevilla que negaron la posibilidad de presentarse como candidata en las elecciones municipales a una joven madre, a la que dijeron que en lugar de intentar encabezar una candidatura se dedicase a cuidar a sus hijos.  El expresidente Zapatero se autoproclamaba feminista, y no hay duda que la legislación referente a ese asunto durante su mandato dio pasos de gigante. Sin embargo, dentro de ese partido, son muchos los militantes que aún siguen manteniendo actitudes propias del pasado siglo. 

Cerrar el paso a las listas porque una mujer es madre, pone de manifiesto la desigualdad existente aún en nuestra sociedad, porque a nadie se le ocurre pensar que un militante varón esté invalidado para encabezar una candidatura si tiene hijos. Aunque desde el punto de vista de esos dinosaurios que transitan la sociedad de modo transversal, en cualesquiera partidos y en cualquier estrato social ‘no es lo mismo’, aún quedan en este triste país personajillos que consideran que los hijos son responsabilidad de las madres,  las que han de limpiarles el culete y los vómitos, mientras ellos ‘hacen patria’.  
Reflexionaba el militante andaluz sobre esa situación preguntándose: “¿Cómo es concebible que, tras cien años de potenciación de la militancia femenina se margine ahora a las mujeres que no piensan como los que dirigen la organización?”

Luego daba un repaso a la historia de la militancia femenina en el seno del PSOE en los comienzos de siglo del que entresaco algunos párrafos que ponen en evidencia que el machismo parece haber sido una constante en la organización creada por Pablo Iglesias Possé, en una sociedad en la que “una vez admitido el derecho de la mujer a un trabajo remunerado, su ejercicio se limitaba a considerar la ocupación femenina como subsidiaria de la del esposo, transitoria en la duración, compatible con los deberes familiares y limitada en las opciones profesionales a aquellas que no contravinieran las cualidades naturales de la mujer ni las exigencias de la maternidad. Esa situación llevó al aumento de las obreras de fábricas, sobre todo en el sector textil a partir de la Gran Guerra, seguido del alimentario y el tabaquero, así como, al crecimiento de determinados empleos cualificados del sector terciario: a las tradicionales maestras se vinieron a unir telefonistas, mecanógrafas, cajeras, funcionarias, secretarias, profesoras de segunda enseñanza. Y algunas abogadas, escritoras, periodistas, doctoras…”

Recordaba ese militante: “La dirección del partido, compuesta por varones de 50 y 60 años, se encontró con la aparición de los grupos de jóvenes y mujeres que fueron tolerados no sin ciertas reticencias y que, aunque situados al margen del poder orgánico, no se oponían a la disciplina dictada, pero poseían iniciativas propias para potenciar el partido y ver crecer la afiliación. Asumieron las recomendaciones internacionales en relación a la militancia juvenil y femenina, mientras que el temor a la disidencia y al radicalismo, así como el menosprecio, consciente o no, hacia otros sectores que no respondieran al ideal del obrero maduro militante, provocaron los celos de la directiva hacia los recién llegados. De hecho, el partido no concebía aún a las mujeres como destinatarias de su propaganda por carecer de derechos políticos, y considerar que la militancia era un hecho masculino”.

Recordaba que “En un principio, las mujeres que desearan integrarse en el Partido Socialista no serían admitidas en la Agrupación Socialista local, sino en las Juventudes, con independencia de su edad. Eran de este modo consideradas como eternas menores de edad, y alejadas del centro masculino y adulto de la dirección del partido”. No habían cambiado demasiado las cosas en los primeros tiempos de la pseudodemocracia, con el PSOE ya legalizado, en el que las mujeres formaban parte del grupo ‘Mujer y Socialismo’, que presidía, Luis Gómez Llorente, porque la dirección del partido consideraba que las militantes debían ser tuteladas en sus actividades y decisiones por un sesudo varón. 

Terminaba el dolido militante andaluz su escrito, señalando: “no obstante llevar más de un siglo de reivindicaciones, nos tememos que aún hoy, por esos pueblos pequeños y alejados de los órganos de dirección del Partido, siga habiendo mujeres capacitadas que están siendo excluidas del ejercicio de la política por compañeros que se tienen por guardianes de las esencias machistas”. 

El machismo, como un cáncer social, se extiende en todos los sectores, en todos los partidos, en todas las clases sociales, en el mundo académico y entre profesionales de todo tipo, desde el periodismo a la arquitectura entre otras profesiones. Allá donde exista un imbécil acomplejado, existirá un machista prepotente. 

Es un problema que no debemos olvidar, y que debemos enfrentar entre todos, mujeres y hombres con inteligencia. Porque ellos también pueden ser víctimas de tan retrógradas conductas.  
Esquirlas de actualidad
 Al PP de Madrid se le están poniendo las cosas feas, porque después de que el otrora hombre de confianza de Esperanza Aguirre fuese encarcelado por su participación en una trama corrupta, ahora el juez investiga las ramificaciones corruptas en los despachos de los actuales dirigentes, y hoy mismo ordenó un registro en la sede de la Comunidad de Madrid. Doña Espe debería apearse de su prepotencia porque cualquier día de estos le encuentran alguna pifia y no podrá quedar flotando, como hasta ahora, como el aceite.
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El Ministro del Interior, Jorge Fernández y su gente carecen de límites a la hora de ejercer su política dictatorial y fascistoide. La última fechoría de ese ministerio ha sido la de impedir a  Ada Colau presentarse con el nombre Guanyem Barcelona a las municipales con el pretexto de que ya existe una formación con ese nombre que, no hay que olvidarlo, registró el concejal de un pequeño pueblo de Barcelona, Julián de Fabià, que se reunió con los promotores de Guanyem para ofrecer ceder la marca a cambio de formar parte de la dirección de una suerte de coordinadora estatal de todas las iniciativas Ganemos de toda España. Para el registro, De Fabià utilizó datos falsos. Por ejemplo, usó una nave abandonada de la empresa Agbar situada en las proximidades de la Sagrada Familia como sede del partido. Hoy, dicha dirección sigue apareciendo en el registro como la oficial de Ganemos, pese a que Agbar ha asegurado no tener ninguna relación con el concejal y pese a haber anunciado acciones judiciales contra él. Mas a Interior le parece más de fiar un impostor que quienes tienen todo el derecho democrático a constituirse como partido político, poniendo así de manifiesto su capacidad para la trampa a la hora de poner trabas al libre ejercicio democrático.
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A los impresentables hermanos que forman el dúo ‘Los chunguitos’ -unos mediocres y horteras cantantes pacenses- ha dejado de parecerles divertido el comentario que hicieron en el bochornoso programa ‘Gran Hermano VIP’, de Telecinco, cuando contaron, regocijados: "una de las cosas más graciosas que nos ha pasado fue cuando abandonamos a un perro en una gasolinera, porque ladraba mucho". A los hermanos Salazar dejó de parecerles una anécdota graciosa después de que la asociación de defensa de los animales ATEA interpusiera una denuncia ante el Juzgado de Guardia de Vitoria-Gasteiz contra ellos, por un presunto delito de abandono de un animal doméstico, recogido en el Código Penal. Ante tal demanda el representante de los músicos (?) emitió un comunicado diciendo que lo que narraron fue algo que hizo un vecino suyo hace más de treinta años, y que ellos condenan tal acción. Como ejercicio de cinismo resulta tan bochornoso como todas las declaraciones de esos individuos homófobos y zafios.
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Comentarios

  1. Fantástico tu articulo. Me ha encantado. Es toda la verdad y nada más que la verdad.
    Enhorabuena.
    Un abrazo de oso contento.
    Gracias

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