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España milagrera de exorcismos y fanáticos en el siglo XXI



“Hoy existe muy probablemente más actividad del diablo que en otros momentos, porque estamos en un mundo paganizado”. Esas palabras, que podrían sacarse de cualquier historia medieval, o haber sido pronunciadas por Cirilo de Alejandría –obispo inductor de la revuelta de fanáticos cristianos que destruyeron la Biblioteca y asesinaron a la matemática y filósofa Hipatia-, las verbalizó hace escasos días Félix María Arocena, profesor de Teología Litúrgica en la Universidad de Navarra, y dan una idea de hasta qué punto el fanatismo y la estulticia religiosa siguen instalados en esta sociedad.
 
La corte de los milagros, de la inmoralidad y la torpeza, se extiende, en pleno sigo XXI, aún por este diverso país de extremos, de las dos Españas, la de la razón y el progreso, de los que luchan contra las injusticias, claman contra el actual régimen marianista impuesto por un golpe de Estado a través de las urnas y esa España milagrera, retrógrada, absurda y patética que, de vez en cuando, reaparece en las páginas de los periódicos para mostrarnos y recordarnos que Spain is different y que aún no nos hemos librado del pelo de la dehesa del fanatismo y la ignorancia.

Y aunque la religión haya quedado en los últimos años reducida a un ámbito bastante restringido y este no sea ya un país de católicos practicantes, puesto que solo 13.9 acude a ritos religiosos y sus fieles han quedado limitados a mayores y a mujeres, habitantes de pueblos pequeños y personas con escasa formación académica, siguen aún produciéndose casos que revelan el poder en algunos ámbitos del fanatismo ágrafo, ya lo practique la propia Iglesia Católica, ya lo lleven a cabo otras sectas o individuos que consiguen crear a su alrededor núcleos de personas sin voluntad ni sentido común a las que arruinan en dinero y voluntad. 

En pocos días, los medios daban cuenta de dos hechos que ponen de manifiesto lo feble de algunas mentalidades, sumidas en una estupidez e ignorancia que nos permite constatar hasta qué punto está incrustado en la sociedad el obscurantismo y las exacerbadas ideas religiosas que pueden llevar, incluso, a la tragedia. Los medios de Castilla y León informaban de algo que rápidamente fue recogido por todos los nacionales,  y a saber si por lo europeos, estos, seguramente, con la perplejidad que puede causar que el vecino al que se cree civilizado, en realidad, está anclado en un pasado medieval. 

La historia acontecida en Burgos da una idea no solo del fanatismo religioso, sino de la maldad y sadismo que genera este. La denuncia de unos familiares puso al descubierto la brutalidad de unos padres fanáticos con su hija adolescente a la que incitaron al suicidio, tras hacerla autolesionarse ‘como penitencia’ y que acabaría en una silla de ruedas tras arrojarse por la ventana de un tercer piso, inducida por su propia madre, convencida de que su hija estaba ‘poseída por el diablo’ y a la que sometieron a un exorcismo practicado por un sacerdote católico en el que fue atada y golpeada con un crucifijo. La desdichada jovencita padecía anorexia. 

Que en el siglo XXI aún existan personas que creen en el diablo y ello les lleve a maltratar a su propia hija resulta espeluznante, más que esos malos tratos y brutalidades sean respaldados por una institución que recibe miles de millones de las arcas del Estado, con el argumento de que una gran mayoría de ciudadanos profesa esa religión, aunque se valgan para ello del torticero argumento de contar como católicos a todos los bautizados por imposición de una dictadura, raya el esperpento. 

Y es que la secta católica, como institución, reconoce la existencia del diablo y cuenta con un numeroso ejército de exorcistas en el país, que aplican sus ritos con más o menos brutalidad, indiscriminadamente, ya sean niños o mayores, enfermos psiquiátricos más o menos graves, a los que, en algunos casos los propios exorcistas recomendaron que dejasen de tomar los específicos recetados por su psiquiatra, porque los habrían librado de su mal con rezos y a cristazos. 

Aunque el fanatismo religioso se extiende más allá de la secta católica, amparados en ella, en sus mitos, santos y dioses, proliferan a su calor santones aprovechados de toda laya, además de los ya existentes en la secta. Entre los delitos que imputan al clan de los Romanones de Granada –grupo de sacerdotes acusados de abusos a menores-, no solo están los delitos de abusos sexuales, de consuno tolerados y ocultados por los jerarcas de la secta, sino también la rapiña de hacerse con fortunas de fieles ingenuas, arrebatándoselas a sus legítimos hederos. Esas historias, que en la España del nacionalcatolicismo proliferaban en las zonas rurales, ante el temor reverencial al sacerdote, combinaban siempre el abuso y la rapiña. En un pueblo de Extremadura, un cura que llegó a un pueblo prácticamente con una mano atrás y otra delante se hizo de oro convenciendo a las damas adineradas de que irían a cielo si cedían sus propiedades a la Iglesia. La Iglesia era él que, cuando murió, dejó una fortuna en tierras y dinero a sus ‘sobrinos’. 

Algunos vivos debieron pensar que el negocio era demasiado substancioso para dejarlo en el monopolio de la Iglesia y, a su cobijo o fuera de él, crearon y crean sectas con las que se enriquecen y obtienen toda clase de beneficios, incluidos los sexuales, como sucede con el líder de la secta ‘Orden y Mandato de San Miguel Arcángel’, conocida también como Secta de Oia –localidad pontevedresa- que, además de hacerse de oro con las propiedades de sus fieles, convencía a sus seguidoras de que su semen tenía propiedades purificadoras. 

Qué mueve a personas adultas y supuestamente sanas mentalmente a caer en la creencia de diablos o dioses, creer que determinados ritos libran de los males, o que se puede comprar con donaciones la supuesta salvación de una inexistente inmortalidad, aún en el siglo XXI, es un arcano que tal vez sociólogos o psiquiatras puedan discernir. Para otros el sometimiento a esas ideas es tan solo una muestra de debilidad mental.
  
En todo caso, y como decía alguien en una red social, es una pena que no exista en la actualidad un Valle Inclán que retrate con la pluma de este la esperpéntica sociedad actual. Y verdaderamente lo es, pues vivimos en una sociedad que nos retrotrae a la Corte de los Milagros que con tanta maestría retrató el Marqués de Bradomín. 

Esquirlas de actualidad

El Gobierno de Raxoi tiene un notable enfado por las declaraciones del presidente venezolano Nicolás Maduro, que manifestó que el expresidente del gobierno español José María Aznar fue el responsable de la muerte de un millón doscientos mil iraquíes "porque él promovió la guerra" de 2003 junto al exgobernante de Estados Unidos George Bush. Lo dicho por Maduro es lo mismo que piensan muchos millones de ciudadanos de este país que, además, consideran que el que el Gobierno Aznar participase en la inmoral ilegal en injusta guerra contra Iraq fue el detonante para que se produjesen los atentados del 11M.
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El latrocinio generalizado de las arcas públicas del País Valencià no deja de proporcionar nuevos detalles cada día que muestran cómo en la época de Camps -¿algún día veremos al amiguito del alma sentado en el banquillo?- existía una sistemática trama de asalto a lo público: El agujero negro de la Fórmula 1 en València parece no tener límites. La diputada del PSPV, Eva Martínez, tuvo acceso a la “enrevesada” contabilidad de la empresa pública Valmor, creada para gestionar el Circuito, y lo que va encontrando tiene visos bastante comprometedores para la administración de Camps. Entre otros datos, destaca la compra masiva de entradas para asistir a la carrera de 2008, la primera, a través de empresas públicas. Así Feria de Valencia gastó 334.000 euros en pases, el equivalente a 1.000 entradas si se hubiesen pagado a 300 euros cada una, la Diputación de Castellón, entonces presidida por el ahora encarcelado Carlos Fabra, desembolsó 113.000 euros y la firma pública Vaersa 8.900 euros. También se produjo la compra masiva de entradas por parte de empresas contratistas de la Generalitat, como Sedesa, implicada en el caso Gürtel, propiedad del sobrino del dimitido expresidente de Les Corts Juan Cotino, junto con muchas constructoras relacionadas con la administración que compraron paquetes de entradas, siempre, y casualmente, por el mismo valor: 15.000 euros. Asimismo, Mercadona, que no tiene contratos públicos pero cuyo propietario, Juan Roig, figura como donante del PP en los papeles de Bárcenas, llegó a gastarse 822.000 euros en entradas, según desvela Martínez, que recordó que el Govern necesitaba justificar el coste del circuito, ya que Francisco Camps había prometido que “no costaría ni un euro a los valencianos”, por lo que habría sugerido a organismos fieles y empresas relacionadas que echase una mano con la compra de entradas.  Sólo así se puede explicar que en 2008 la Fórmula 1 recaudase 27 millones de euros, y que al año siguiente la recaudación cayera los 6 millones. Además, las cifras de 2008 no concuerdan con los escasos 78.000 espectadores que acudieron al evento. Otro de los gastos que llaman la atención son los sueldos que percibían los miembros de Valmor. La empresa VOX 54 era socio de Valmor y su dueño, el motorista Jorge Martínez Aspar, recibió 144.000 euros sólo en 2008, Facundo García de la Cuadra, primer director del circuito de Cheste, recibió 139.000 como consejero delegado de Valmor, a lo que habría que añadir los 35.000 euros en gastos que cargó a la VISA de la empresa para viajes y comidas, según Martínez. Todo el dinero de las arcas públicas del País Valencià fue a los bolsillos de los amiguetes y ahora se encuentran cubiertas de telarañas y sin fondos para atender las necesidades de los ciudadanos.
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Comentarios

  1. Cuánto sabes y que bien te explicas querida Luisa.
    Qué gusta da leerte.
    Gracias
    Abrazo especial

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    Respuestas
    1. Muchas gracias Javier, tus comentarios siempre inflan mi autoestima. Mil gracias. Y un abrazo enorme.

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