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El ‘pequeño Nicolás’, una evasiva para entretener de la realidad.




Esta periodista con más de veinticinco años de oficio –de fracasados, decía Mark Twain-, no deja de sorprenderse cada día de a qué asuntos prestan atención los medios, en tanto hurtan otros que deberían ocupar las primeras páginas de los diarios y las aperturas de los informativos televisivos. 

En aquellos lejanos tiempos de mi juventud se decía que proporcionar información a los ciudadanos, escucharles, contar la verdad y denunciar tropelías, era la razón del periodismo, que al fin y al cabo, no ha de ser otra cosa que un servicio público para los ciudadanos. 

El desconcierto de quien escribe estas líneas lo causa constatar a qué asuntos dedican su tiempo tertulias y magazines, informativos y reportajes. En el presente todo parece girar en torno a ese muchacho cuyo rostro parece sacado de las ilustraciones de las enciclopedias Vives de los años cincuenta, conocido como el ‘pequeño Nicolás’ que ni es pequeño ni se llama Nicolás de nombre sino de apellido. Horas y horas, páginas enteras, dedican los medios a analizar si dijo o dejó de decir, si era cierto o no cuanto manifestó, si la fotografía que mostró estaba trucada o zarandajas similares. Hasta un barómetro le dedicó la cadena televisiva La Sexta para preguntar si es creíble el mocito o no, y si la gente piensa si dice verdad o miente. 

Quienes deciden qué asuntos han de tratarse, que como bien saben no son siempre los periodistas, sino aquellos que mueven los hilos ideológicos de los medios, son los encargados de dirigir el interés a un asunto concreto, con frecuencia con la torticera intención de distraer a eso que se llama masa, o mass media, o sencilla y llanamente el pueblo; aquel que pedía pan y la reina María Antonia de Francia se preguntaba con candidez por qué no comían tortas ante la ausencia de ese alimento y que hoy, en lugar de pan, substituyen los poderosos no con tortas sino con historias estúpidas dedicadas a dirigir el interés en futilidades para no centrar la atención en asuntos que, de conocerse, podrían acabar por colmar el vaso de la paciencia de una ciudadanía no se sabe si desinformada y manipulada a conciencia o con sangre de horchata. 

El asunto de ese muchacho llamado Francisco Nicolás no requeriría mucho más de unas cuantas líneas para resumir qué ha pasado con él y cómo ha logrado hacerse famoso o famosillo, cómo logró llegar a dónde dice haber estado. Especímenes como el traído y llevado por platós y tertulias son tan viejos como nuestra historia, es el Crispín o el Leandro de los Intereses Creados de Benavente, el Marqués de Carabás del cuento del Gato con botas de Perrault, una ficción que existe porque en esta sociedad, sin ética, y con un mundillo político viciado por la corrupción ese tipo de conseguidores son posibles en los aledaños, cuando no en el mismo núcleo, del poder. 

La historia puede resumirse en que alguien, a saber por qué razones, puso al descubierto la existencia de un personajillo habitual en la cercanía de los poderosos, un tipejo que, con un móvil y labia consigue dinero de quienes necesitan de los favores fraudulentos que hacen arbitrariamente aquellos que tienen poder y lo usan de forma ilícita, favoreciendo a amigos o conseguidores y defraudando al pueblo. El ‘pequeño Nicolás’ no es pues más que uno más entre toda la caterva de indecentes y corruptos que sobreviven en un partido corrupto, donde la legalidad y la ética no son moneda de uso legal, porque fue substituida hace mucho tiempo por el amiguismo, la arbitrariedad y la desvergüenza. Si en lugar de veinte, o dieciocho años, el mencionado hubiese tenido cuarenta nadie habría reparado en él en un mundillo de ganapanes, conseguidores, tramposos, medradores profesionales y políticos corruptos.
Aunque a los medios, o aquellos que diseñan cuáles han de ser las noticas les vino de perlas la aparición de ese Leandro de turno, para distraer la opinión pública de las tropelías que a diario comente el poder.  

Mientras los magazines y las tertulias televisivas emplean horas en analizar el fenómeno del ‘pequeño Nicolás’, se evitan hablar del sangrante problema de la corrupción y de las maniobras que intenta llevar a cabo el partido en el Gobierno y que empieza a sublevar a los jueces, como nunca hasta el presente lo estuvieron. Raro es el día en la que una o varias asociaciones de jueces no levantan la voz para poner el dedo en la llaga de la irrespirable situación de manipulación y mangoneo del PP sobre el CGPJ para que nombre o destituya a los jueces según convenga a sus intereses. 

Con cicatería, en caso de tratarlo, expusieron, contados medios, por ejemplo que los Jueces Decanos exigen más medios humanos y materiales, la "dotación ágil de refuerzos a juzgados que lleven asuntos de especial complejidad, especialmente de corrupción", para que sus titulares se dediquen "en exclusiva a este asunto las 24 horas del día", así como la "revisión y, en su caso, supresión de aforamientos", al considerar que "entorpecen y ralentizan de forma evidente y clara la instrucción de los procedimientos". 

Tampoco fueron muy generosos a la hora de explicar los planes del Ministerio de Justicia, que con el pretexto de agilizar la Justicia fijándole plazos a los procesos lo que pretende es poner trabas a las investigaciones de causas de corrupción como las que principalmente afectan a partido en el Gobierno.   
De pasada, muy de pasada, si acaso lo tratan, hablan esos medios del latrocinio que perpetraron banqueros y políticos al alimón en las Cajas de Ahorro de todo el país, circunstancia que el PP y los bancos supieron aprovechar muy bien para acabar con entidades públicas que, después de rescatar con el dinero de todos, se entregaron a los bancos por la cara, o por un euro. 

Y ni de pasada, sino que jamás mencionarán, cuantos miles de españoles dejaron su vida en la cuneta de una crisis que ellos no crearon, consecuencia de la avaricia y el latrocinio sistemático y sistémico de una sociedad al servicio del más feroz de los capitalismos depredadores. Algunos medios digitales dedican artículos a hablar de las muertes causadas por la crisis, de las miles de personas que se quitaron la vida al perder su casa, su negocio, su sistema de vida. Justificándose en que es norma de la prensa no dar información de los suicidios por no causar un efecto rebote, no hablan de lo que no son suicidios causados por enfermedades depresivas sino por la felonía de una sociedad, que más debiera llamarse suciedad, que permite que los bancos despojen a las personas de cuanto tienen con las mismas maneras del perverso Shylock de la historia shakesperiana. 

Si lo hiciesen, si la sociedad tomase conciencia de que la Justicia está manipulada, de que los políticos y los banqueros roban a manos llenas, y que los causantes de la crisis son los culpables de ya miles de muertes de inocentes ciudadanos a los que arruinaron sus haciendas y sus vidas con la corrupción y la injustica tal vez el pueblo estallaría. 

Por eso los medios, marionetas del poder, optan por dedicar horas y ríos de tinta virtual al ‘pequeño Nicolás’, a contar insidias y medias verdades sobre Podemos, a hablarnos de la violencia en el fútbol o del bonito cuadro pintado por Antonio López durante veinte años y que le ha costado al Estado a más de un millón por año. 

Cualesquiera cosas para mantenernos adormecidos, embobados; para que no estallemos.


Esquirlas de actualidad


Ignacio González, Presidente de la Comunidad de Madrid destituyó hoy al consejero de Sanidad, Javier Rodríguez. Es la primera vez que el PP destituye con tal celeridad y contundencia a un cargo público por sus desacertadas declaraciones. Si durante la crisis del ébola Rodríguez fue ofensivo con la sanitaria contagiada por esa enfermedad, a la que acusó de mentir, y poco menos que llamó idiota por no saberse poner bien el traje supuestamente hermético que habría de preservarla del virus, ayer persistió con chulería en el asunto al señalar que Teresa Romero tenía que estar agradecida por lo bien que hizo las cosas la Consejería –tan bien como para asesinar a su perro sin causa ni razón- porque no se había muerto. El fulminante cese de Rodríguez pareciera un gesto para congraciarse con la ciudadanía, de cara a las elecciones porque –en palabras de una inteligente observadora de la clase política-: “deben de creer que, así, con esas muestras de 'ética contundente', se nos va a volver a pasar por la cabeza la posibilidad de que no sean, todos ellos, hijos legítimos de Satanás puestos ahí para servir al más feroz de los capitalismos, es decir, al crimen organizado”. Esta bloguera no puede añadir nada más ni mejor al asunto.
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No solo los medios de la caverna, sino también el PSOE, siguen su obsesiva campaña contra Podemos, insidiando cuanto pueden para desprestigiar al partido surgido de la insatisfacción de la ciudadanía con un establishment podrido por la corrupción y en manos de un bipartidismo tan antañón y poco ágil como el de la Restauración del siglo XIX. Desde los medios de la caverna prestaron oídos a un supuesto empresario que, sin más documentación que un recibo que pudo firmar cualquiera, aseguró, allí donde le quisieron escuchar, que Pablo Iglesias cobraba en negro y que fue él quien le puso en contacto con los malvados iraníes para venderles un programa, o que pretendió comprarle su televisión con dinero del Gobierno de Chávez. Hoy algunos medios, dedicaban a dos columnas en la portada a la noticia de que la Universidad de Málaga sanciona a Íñigo Errejón por el asunto de su contrato, a pesar de que el interesado aclaró que lo único que se le reprocha es un mero error administrativo. Los muy ignorantes cavernarios y la propia presidenta de la Junta de Andalucía, que, a pesar de tener estudios universitarios, hace alarde de estulticia, no deben saber que quien hace un trabajo de investigación para una Universidad no tiene por qué realizarlo desde la misma silla del mismo despacho. Mas como la prensa cavernaria y los interesados en desprestigiar a Podemos, saben que la masa que los escucha suele ser poco formada, utilizan semejantes argumentos para tildarlos de corruptos o impresentables porque, en el fondo, lo que hacen es trabajar para la minoría privilegiada de poderosos que son los que tienen pavor a Podemos.
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En su deseo de lavar la cara a la Monarquía el nuevo rey, Felipe VI, dictó hoy una especie de ucase a su familia prohibiéndola que acepten favores —como vuelos gratis o préstamos sin interés o con un interés inferior al del mercado— y que reciban regalos que “por su alto valor económico, finalidad o interés comercial o publicitario”. Así que nada de yates, ferraris, cacerías y es de suponer que ni ese tanto por ciento que dicen que recibe su padre, Juan Carlos I, por cada barril de petróleo comprado a los países árabes. Sin cochazos que regalar a las Corinas de turno, cacerías pagadas por jeques árabes y demás agasajos, el anciano rey se va a morir de un berrinche a este paso.

Comentarios

  1. Magnífico artículo, mi querida Luisa. Y no digamos ya las esquirlas son un broche de oro de toda esta tropelía que estamos padeciendo por esta furibunda banda de ladrones que han arrasado el estado de bienestar que teníamos.
    YA queda menos para terminar con esta salvajada que han perpetrado al ciudadano.
    Espero que más adelante este capítulo sea una simple historia que tu has contado con maestría.
    Un abrazo grande y especial

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  2. Ojalá se quede en un capítulo, cuanto más breve mejor, de esta historia siniesta cuyos tiempos nos ha tocado vivir cuando estamos ya cansados y tendríamos que transitar con tranquilidad. Gracias por tus palabras amigo. Un beso enorme.

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