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Ladrones y desalmados: Qué decían de la crisis los que la causaron



Novelas, cine e incluso el teatro, están llenas de historias de ladrones simpáticos, que robaban a los ricos para dárselo a los pobres. Desde el Robín Hood de las baladas inglesas medievales, a los bandidos de Sierra Morena que, entre robo y robo, peleaban contra las tropas napoleónicas invasoras, los bandidos generosos, valedores del pueblo, son la representación de una justicia poética que ajusta cuentas con la realidad y los abusos de gobernantes ladrones. 

Aunque también la literatura recoge situaciones que describen bien lo sucedido durante la crisis. El autor ingles, y socialista, George Bernard Shaw, le hizo decir a uno de sus personajes que viajaba por Sierra Morena, al encontrarse con uno de esos bandidos generosos: “Yo, sin embargo, soy un noble inglés que robo a los pobres para dárselo a los ricos”. Lo hace John Tanner, personaje de la obra teatral Hombre y Superhombre del mencionado autor, que pareciera, adivinó, en 1900, lo que sería la idiosincrasia de las clases dirigentes del siglo XXI. 

Esos antipáticos ladrones, el reverso de los bandidos simpáticos de las baladas o la literatura de cordel, son el actual paradigma del banquero, dirigente político o empresarial. La broma, por llamarlo de alguna manera, la comenzaron aquellos que, queriendo justificar los recortes, y conocedores de la frase napoleónica de que ‘la mejor defensa es un buen ataque’, contaron, sin que se les moviese un apéndice piloso, que la crisis económica se debía a que los ciudadanos habían gastado ‘por encima de sus posibilidades’. Esa actitud irresponsable, según los autores del latrocino, era la que explicaba la crisis y los consecuentes recortes para salvar a los bancos con el dinero de un pueblo que los había arruinado a base de solicitar créditos y no pagarlos. 

El catálogo de estupideces y falacias pronunciadas por los poseedores de caras de cemento, causantes del desaguisado económico registrado en este país, es interminable. Bien es verdad, que existe una crisis económica occidente, causada por los detentadores de dinero y poder; la que hizo decir al cínico Warren Buffet, tiburón de las finanzas norteamericano “claro que hay una guerra de clases, y la estamos ganando los ricos”. Mas en este país sufrimos las consecuencias, además de la crisis mundial, años de corrupción y compadreo entre políticos y estafadores, a los que se les llenó la boca dando recetas siempre encaminadas a sacudirse las pulgas de su responsabilidad, para exigir sacrificios a los trabajadores, mientras metían sus sucias manos en la bolsa de todos.

El paradigma de la desfachatez, ejemplo de la indecencia llevada a extremos insoportables, fue Gerardo Díaz Ferrán, expresidente de la patronal CEOE, Presidente de la Confederación Empresarial Independiente de Madrid y propietario de varias empresas de transporte terrestre y aéreo que llevó a la quiebra, no sin antes estafar a clientes y trabajadores. Antes de que se descubriese el pastel de unas estafas que le mantienen en prisión en la actualidad, culpable de los delitos de de alzamiento de bienes, blanqueo de dinero y contra la Hacienda Pública, proclamaba, como receta para salir de la crisis, que los trabajadores tendrían que ‘trabajar más y cobrar menos’, olvidándose de añadir que para que él pudiera robar más. 

Al ponerse al descubierto el asunto de las tarjetas negras de Caja Madrid -quince millones de euros que no son sino una gotita en los 64.000 millones de euros que cuesta a los españoles el rescate bancario-, se comprueba  la falacia proclamada por el PP, que, además de a la ‘herencia recibida de Zapatero’,  culpó directamente a los ciudadanos por no haber asumido que si se nace pobre hay que resignarse y no intentar medrar, como recomendaba Raxoi, hace más de treinta años, en un artículo en el Faro de Vigo.
Fueron los miembros del PP los que con más ahínco defendieron la idea de que los recortes eran una especie de castigo bíblico al pueblo por haber intentado vivir como no debían haber tenido derecho a hacerlo. Los trabajadores deberían  resignarse a ganar menos, porque eso era lo necesario para salvar una economía que habían destruido. 

En tanto pedían sacrificios a los trabajadores, o a la totalidad de los ciudadanos, ellos tiraban del dinero público sin ápice de vergüenza; como hizo el pepero Juan Iranzo, consejero entonces de Red Eléctrica y miembro del Consejo Económico y Social, que recomendaba que no se hiciese caso a lo de incentivar el consumo, porque lo que necesitaba la economía era "ahorro", y mirar "mucho más los precios y las calidades" a la hora de comprar. "Todos vamos a necesitar una cierta contención de los salarios" proclamaba quien, a la vez, se gastaba 139.000 euros de dinero de todos en caprichos como clubes deportivos, artículos informáticos, hoteles o gastos inconfesables. 

Otro desvergonzado dirigente del PP –aparte de Blesa y Rato, los hasta ahora únicos imputados por el escándalo de las tarjetas black- es Miguel Ángel Araujo, autor de un libro titulado ‘Quo vadis Hispania’, que dio un penoso espectáculo a través de las pantallas de Cuatro, cuando aseguró que a él ni le remuerde la conciencia por haber gastado 212.900 euros de dinero público ni se siente culpable, porque ‘ese dinero formaba parte de mi retribución como consejero’, afirmó, quedándose tan ancho como su grasienta figura de cerdo bien comido: Araujo se gastó 33.778 euros en restaurantes. Este impresentable elemento, que usó su tarjeta black sin contención en los peores años de la crisis: en 2009 marcó su récord con 29.100 euros; en 2011 llegó a 25.700 euros, aparte de su sueldo, de cerca de 80.000 euros brutos anuales, por una media tres reuniones a la semana. Su libro, en el que criticaba la burbuja inmobiliaria, inflada por los bancos, analizaba la situación económica a través de una relación telepática con su perspicaz perro, al que hacía decir: “ellos se han aprovechado de las circunstancias, han gastado mucho dinero, pero parece que no son conscientes de que casi lo han robado”. Como si la cosa no fuese con él.

 No nos engañemos, este asunto de las tarjetas black no es sino la punta de un iceberg de basura y latrocinio protagonizado por esos individuos que no quieren ser llamados casta, pero que se sientan en los sillones de los Consejos de Administración de grandes empresas, como González o Aznar. Que lanzan sapos y culebras contra Podemos, acusándole de ‘populismo o de peligro para la democracia, porque saben que si el pueblo toma el poder a ellos se les escapará de las manos el chollo de un latrocinio sistemático, que tienen horror a perder, tras treinta y cuatro años llevándolo a cabo. 

Esquirlas de actualidad

Científicos españoles volvieron a salir a la calle para denunciar que los PGE anunciados por el Gobierno como "los presupuestos de la salida de la crisis" son en realidad "los presupuestos de la precariedad en la investigación y el desarrollo". Con motivo, también, del aniversario de la muerte del Nobel español Santiago Ramón y Cajal, investigadores, estudiantes y educadores se acercaron a la madrileña Cuesta de Moyano para recordar que las sociedades avanzan, también en lo económico, gracias a los avances científicos. Lo que es una verdad incontrovertible no le interesa al Gobierno del PP, que no quiere una sociedad moderna, evolucionada y pionera en I+D+i, sino una sociedad de esclavos, de servicios y albañiles, a la que poder explotar, creando una economía basada, únicamente, en la especulación inmobiliaria, el turismo y los pelotazos. 

Teresa Romero, la auxiliar de enfermería que se contagió de ébola atendiendo a clérigo Manuel García Viejo, parece que se está recuperando ya que la carga viral va disminuyendo positivamente. La portavoz de la familia contó hoy a los medios que la paciente no recuerda haber hablado nunca de tocarse la cara tras atender al enfermo, lo que confirmaría la mala voluntad insidiosa de los políticos del PP, que quisieron ponerse el parche antes de que brotase el forúnculo de su responsabilidad, culpando a la enferma. De lo que sí se acuerda perfectamente el marido de paciente, Javier Limón, es de que advirtió reiteradamente, cuando solicitó la ambulancia, de que podía tratarse de un caso de ébola. Un asunto más que sumar a la incapacidad y mala gestión de los responsables de la crisis. Teresa aún no sabe que su perro fue asesinado, y los responsables médicos han acordado que se lo comunicará un psiquiatra cuando ya esté restablecida. Habrá que ver qué argumentos da el psiquiatra para justificar la salvajada, una vez que se ha comprobado en EEUU, que el perro de otra paciente no se contagió de ébola. 

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