Ir al contenido principal

Excalibur: Una víctima de la ineptitud y estulticia de un Gobierno de desalmados.



El cantante Rafael Farina -1923-1995- contaba en su repertorio con una canción titulada "maldita sea la mano que mata a un perro”. Buen título para aplicárselo a los supuestos expertos de la Comunidad de Madrid que, contra criterios científicos y humanitarios, han asesinado a Excalibur, el perro de la enferma de ébola infectada, porque el Gobierno de talibanes que sufrimos decidió expatriar a unos sacerdotes moribundos –en la etapa más peligrosa para el contagio- sin contar con las garantías necesarias para hacerlo, en contra del criterio de los expertos, simplemente para complacer a la Orden de San Juan de Dios, una congregación religiosa millonaria, que se dedica a especular financieramente y hacer negocios rentables que deberían haber dado de sí para que costearan el traslado y tratamiento en la más cara de las clínicas privadas.

El asesinato de Excalibur –todavía tiene la Comunidad de Madrid la desfachatez de explicar que al perro se le sedó y que no sufrió, se conoce que consideran que han hecho un despilfarro, porque lo lógico, desde su punto de vista de cafres, seguramente hubiera sido matarlo a palos, que era más barato- ha sido una decisión irracional, cruel y anticientífica tomada por un técnico de la Consejería de Agricultura, según informaron en T5, al que seguramente no gustan los animales e imbuido de esa salvajada de mal gusto que proclama que ‘muerto el perro se acabó la rabia’. Tal vez convencido, en su terca ineptitud, de que asesinando al perro de la enferma se conjurará el peligro de una pandemia peligrosa. Por eso, la policía de este régimen fascista cargó contra los animalistas que intentaban impedir la barbaridad, dejando varios heridos. 

De nada sirvieron los consejos científicos como el del mayor experto mundial en el papel de los perros en los brotes de ébola que explicó: “No hay que matar al perro, porque es importante desde el punto de vista científico”, sentenciaba Eric Leroy director general del Centro Internacional de Investigaciones Médicas de Franceville, en Gabón. Leroy es el principal autor del único estudio sobre el tema Subrayaba  Leroy, “fue un estudio a posteriori, en Madrid tenemos un posible caso activo del que podemos aprender muchas cosas, como si los perros efectivamente representan un foco de infección en los brotes de ébola”. Conocer el papel de los canes en las epidemias del ébola es fundamental, porque las aldeas africanas afectadas están llenas de perros, añade este experto en enfermedades emergentes. A juicio de Leroy, si se comprueba que Excalibur no está infectado, basta con liberarlo. Y si está contagiado por el ébola, “se va a recuperar y cuando esté curado habrá eliminado completamente el virus”. Ni el Ministerio de Sanidad español ni la Comunidad de Madrid consultaron  a este experto antes de decidir el sacrificio del perro. "No he recibido ninguna llamada", confirmaba Leroy. 

Lo que lleva a reflexionar en que nadie pensó en nada más que en eliminar al desgraciado animalito como castigo a sus amos y ofrenda a sus dioses. Tenían que castigar a la enfermera que se ha infectado porque ella ha puesto en evidencia, sin quererlo y por el contagio, toda la ineptitud y villanía de unos gobernantes sin sentido de la responsabilidad, sin ética, sin honradez y sin honor. 

La situación esperpéntica que se ha creado con el asunto del ébola pone de manifiesto la ineptitud de unos gobernantes que no saben lo que se traen entre manos, e ignoran cómo hacer frente al problema, como demostró la inútil Ministra de Sanidad, Mato, esa individua incapaz de enterarse de nada –incluso de que en su garaje se guardaba un Jaguar producto del latrocinio y la corrupción-, que dio muestras, en la única rueda de prensa ofrecida por ella, de que es una especie de florero astroso, colocada al frente de tan importante ministerio no por sus capacidades profesionales sino por su fidelidad sectaria a un elemento tan nefasto para este país como Mariano Raxoi. Y al no saber cómo solucionar y explicar la situación algunos proponen –se le ha oído a representantes de la caverna y a algún miembro del PP-que lo que hay que hacer es imponer la censura sobre el asunto. Y asesinar a un inocente perro.  

Esta gentola, como se dice el País Valencià –sí, ya se que el Govern ha prohibido usar ese término porque les suena a Països Catalans, pero que se xodan, incluidos los concejales de mi pueblo que intenta seguirme la pista en Twiter para ver qué digo y escribo- carece de principios éticos y de sentido de la responsabilidad y el honor. Lo más fácil para esta caterva de desalmados estultos que tenemos la desgracia de que nos desgobiernen es culpar a la enfermera por su contagio, acusarla de mentir, son capaces de cualquier vileza para sacudirse las pulgas de su responsabilidad. 

Mas todos sabemos que son ellos, el Gobierno de Raxoi y la Comunidad de Madrid,  los responsables de todo lo que está sucediendo y de lo que es de temer sucederá. Fue el Gobierno, plagado de individuos que hacen alardes irracionales de su fe religiosa como jamás se le ocurriría hacer a ningún político europeo – y que son el hazmerreir de la prensa extranjera por condecorar santos de palo, o por encomendarse a ellos en lugar de solucionar los problemas con racionalidad y honradez-, quienes decidieron plegarse a las exigencias de una congregación religiosa. Fue este Gobierno, y el de la Comunidad de Madrid, los que desmantelaron hasta la miseria una sanidad que era la envidia de los países europeos, para convertirla en un astroso remedo de los hospitales de caridad del siglo pasado, solo para pobres, mal dotados y con poco personal, porque había que hacer negocio con la sanidad pública. Jugosos negocios con los que se lucran familiares y amigos de los altos cargos del PP, como el marido de Cospedal, o algunos exconsejeros de la Comunidad de Madrid, procesados por cierto por sus relaciones con empresas sanitarias a las que obsequiaban estando en el cargo.  

Desarbolaron la sanidad pública, maltrataron a los médicos y personal de enfermería, despidieron a los mejores con sinrazones como la edad, cerraron hospitales y quirófanos y dejaron los presupuestos en números rojos. A consecuencia de sus abusos y sus medidas arbitrarias, después de haber repatriado a dos sacerdotes moribundos sin posibilidad de sobrevivir tan solo porque eran sacerdotes de la secta en la que militan, después de no haber dotado a quienes tenían que tratarlo con los medios y la información adecuada porque no había presupuesto, aunque sí la arrogancia de desoír a los profesionales para imponer, con la prepotencia de los fascistas, que atendieran a los curas infectados o se quedarían sin empleo, después de tanto desatino, tanto abuso y tanta vileza buscan coartadas y justificación a sus errores, intentando culpar a la enfermera y sacrificando a su perro, irrazonable y cruelmente, sin inteligencia alguna, porque si el animal no estaba infectado no había por qué, y sí si lo estaba lo lógico hubiera sido hacer un seguimiento científico.

Seguramente los canallas que tomaron la decisión pensaron que así ahorraban dinero al erario, que es mucho lo que han de robar, y todo ahorro es poco, para poder llevarse cuánto más posible a casa, que saben que les queda poco. 

El País acaba de publicar una información en la que José Manuel Sánchez Vizcaíno, catedrático de Sanidad Animal en la Universidad Complutense de Madrid justifica el asesinato del pobre Excalibur: Había que sacrificar al perro. Lo ideal habría sido trasladarlo en condiciones de bioseguridad, cosa que no tenemos en España, ponerlo en observación, esperar 21 días y darle el alta, pero no tenemos instalaciones apropiadas en España para dejar al animal”. No las hay porque el Gobierno nunca se preocupó de que se crearan, estaba muy ocupado regalando quinientos millones de euros para asesinar toros, o trece mil millones al mes a la secta católica. En resumen, al pobrecito Excalibur le han asesinado porque no tenían donde tenerlo.  Es de esperar que haya suficientes camas en los hospitales para los futuros infectados, porque dada la catadura moral de esta gentuza, podrían decidir asesinar a los enfermos si no tienen donde atenderlos. Mientras no sean sacerdotes…

Son una plaga peligrosa, tan mortífera como el ébola que nos ha traído el dios de Raxoi. 

¡¡Colabora con la libertad de expresión!!
El mantenimiento de este blog y de su autora depende de ti. Represaliada por el ‘régimen’ valenciano del PP, que impide su presencia en los medios hace indispensable la colaboración de los lectores para seguir adelante.
Puedes ver cómo hacer una donación en el siguiente enlace:

Comentarios

  1. YA no tengo fuerzas para poder seguir indignado, ahora tengo fuerzas para desear a tuda esta gentuza la maldición más grande que pueda desearles.
    Un abrazo

    ResponderEliminar

Publicar un comentario en la entrada

Entradas populares de este blog

Susana Díaz: El enemigo en casa

26J: ¿Pucherazo o estupidez del pueblo?

Crónica en negro del País Valencià: ¿Carlos Fabra implicado en asuntos mucho peores que la corrupción?

Quienes gustan de la historia, saben que muchos acontecimientos nunca explicados por los coetáneos de hechos ominosos, acaban apareciendo claros como el cristal con el transcurrir de años, o de los siglos. Acontecimientos políticos, guerras sin sentido que respondían a intereses económicos ocultos o, incluso, a pasiones de índole sexual, se desvelaron con el paso del tiempo aunque, para quienes fueron testigos directos hubieran constituido secretos insondables.
Una publicación catalana, El Triangle, sacaba a la luz en días en pasados un artículo sobre el crimen de las niñas de Alcàsser en el que, según recoge un amplio reportaje en su edición de papel, la confesión de un arrepentido podría implicar al todopoderoso y corrupto Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón durante largos años, en una red de pornografía infantil que llevaba a cabo, igualmente, un amplio abanico de actividades ilícitas: importación y venta de cocaína procedente de Panamá, tráfico de armas, trapic…