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Populismo: Según convenga…



Una de las más frecuentes diatribas contra Podemos, que utilizan por igual  PP y PSOE, es reprochar a la formación de Pablo Iglesias que es ‘populista’. Pareciera que ser populista es el mayor de los delitos, la más perversa posición, el origen de todos los males políticos y sociales… según quienes lo practiquen. 
 
Ante todo hay que hacer algunas precisiones semánticas. La primera es que la Real Academia Española no recoge en el DRAE tal término; cuando se busca la entrada ‘populismo’ responde: “La palabra populismo no está registrada en el Diccionario. Las que se muestran a continuación tienen formas con una escritura cercana” y ofrece como alternativa los fonemas apulismarse, botulismo, popularismo, populista y populoso, sa. Otros diccionarios, sin embargo, como el Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe, sí recoge el término populismo para explicar que se trata de un Movimiento político ruso de finales del siglo XIX que aspiraba a la formación de un estado socialista de tipo campesino, contrario a la industrialización occidental

Por su parte, la Wikipedia, remedio que suele sacar de dudas e ignorancias sobre mil asuntos, aclara que el Populismo se refiere: a una Doctrina política que se presenta como defensora de los intereses y aspiraciones del pueblo para conseguir su favor. Y explica que En política el populismo (del latín  popŭlus, ‘pueblo’) es un término usado para designar a la corriente ideológica que sostiene la reivindicación del rol del Estado como defensor de los intereses de la generalidad de una población a través del estatismo, el intervencionismo y la seguridad social con el fin de lograr la justicia social y el Estado de bienestar. Palabras que hacen intuir que el populismo no es algo tan malo como parecen reprochar sus detractores, que atribuyen al populismo el uso de "medidas de gobierno populares", destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al estado democrático y que pesar de las características anti-institucionales que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas sino el preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.

Objetivos que, se miren desde donde se miren, no tienen nada que ver con las aspiraciones de Podemos, que, evidentemente, y por muchas falacias que lancen sus detractores, lo que busca es devolver a los ciudadanos sus derechos, hacer recuperar al Estado su papel de garante de libertades y bienestar, en contra de lo que han venido haciendo PP y PSOE, siempre al servicio de de las oligarquías y el dinero. 

Las acusaciones de ‘populismo’ a Podemos tienen, además, un tufo que recuerda a aquella máxima jesuítica que recomienda ‘hacer lo que yo digo, pero no lo que yo hago’. Porque su práctica se convierte en acertadas políticas de comunicación cuando las llevan a cabo otros. En ese caso no es populismo, ni reconocen quienes las practican que lo sean, y mucho menos que se trate de mendacidades, tal y como revela la realidad. 

En los últimos días se han producido dos descarados ejemplos de populismo por parte del PP y del PSOE que son paradigmáticas del cinismo político de ambas formaciones, que con tanto ahínco y coincidencia acusan a Podemos de populismo: el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, aseguró que España “se puede permitir bajar los impuestos y además lo necesita para dar un respiro a los trabajadores, empresas y familias y para que, al haber más dinero circulando, aumente la inversión y el consumo y se impulse así la actividad económica”, y añadió que esa bajada de impuestos no supondrá ‘una marcha atrás en los servicios sociales’. Puro y duro populismo o absoluta falacia, primero porque la bajada del IRPF beneficiará escasamente a los trabajadores, que tendrán que seguir asumiendo el pago de impuestos indirectos como el IVA que es el más injusto de los gravámenes. Y en segundo lugar porque no puede darse marcha atrás alguna en los servicios sociales porque la realidad es que estos ya no existen en nuestro país. 

Aunque quien practicó un escandaloso populismo según su acepción más negativa fue el Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, con el repugnante asunto de las fiestas de Tordesillas –en las que se alancea de forma inadmisible y cruel a un desgraciado bóvido, al que le clavan lanzas hasta la muerte en todo su ser, incluidos los ojos, en un alarde de brutalidad propio de psicópatas-. Ante la ‘celebración’ de tal desatino, el presentador de Sálvame, José Javier Vázquez, manifestó que, dado que el alcalde de Tordesillas es del PSOE nunca más volvería a votar a ese partido. Al día siguiente, Pedro Sánchez llamó al programa y se comprometió a prohibir semejante atrocidad, y para demostrarlo, al día siguiente presentó en el Congreso una moción no de ley para prohibir el maltrato animal… y al siguiente manifestó en la COPE, la emisora de los Obispos, que no prohibirá las corridas de toros si llega al Gobierno. Si a esa cínica actitud no se le puede llamar populismo, en el término más negativo de la palabra, tendrán que aclarara qué es. Porque, además, se puede sumar su inclinación a aparecer en programas que no son estrictamente políticos, sino de entretenimiento, como El Hormiguero, cosa que Pablo Iglesias, al que tanto le reprocha la derecha ser demasiado mediático, nunca hizo. 

Habrá que empezar a reivindicar el término positivo del término populista, el que explica que se trata de defender la reivindicación del rol del Estado como defensor de los intereses de la generalidad de una población, porque eso es lo que necesita este país, devolver al Estado su capacidad de defender a los ciudadanos frente a los abusos y latrocinios de los amos del dinero que vienen hurtándonos derechos y libertades desde hace decenios.

Y también resultará conveniente olvidarse de las acusaciones que hacen de populismo negativo ciertos elementos políticos, paradigmas de un cinismo insufrible, porque las críticas al populismo surgen en ellos según quien lo practique, y si se trata de engañar al pueblo, la casta tiene una probada capacidad para hacerlo.
Esquirlas


1ª.- Algunos medios especulan con la posibilidad de que Mariano Raxoi aborde una crisis de Gobierno antes de las elecciones, aunque dan por hecho que Gallardón, pese a haberse retirado parece que definitivamente la ultrareaccionaria Ley del Aborto, no dimitirá. Las mismas fuentes comentan que la decisión de Raxoi tendría que ver con la intención de recuperar votos para su partido ante los próximos comicios. Aunque da la impresión de que ni colocando en el Ejecutivo a uno de esos santos de palo que tanto invocan algunos de sus ministros logrará su propósito porque la ciudadanía sabe bien qué clase de ideología es la de los dirigentes del PP y a servicio de quiénes están. 

2ª.- La ultrareaccionaria Conferencia Episcopal no apoyará una manifestación antiabortista convocada por la no menos reaccionaria asociación Hazte Oir.org, dada las vinculaciones que mantiene con la ilegal y violenta El Yunque, que propugna la violencia para implantar la religión católica. Ese grupo está siendo investigado judicialmente después de que un juzgado diese por veraces las acusaciones de sus “métodos de control, infiltración y ocultación”, además de sus postulados violentos. El cardenal Rouco Varela, muy próximo a esas organizaciones tendrá que declarar en próximos meses, así como el obispo auxiliar de Getafe y director del Secretariado para la Doctrina de la Fe, José Rico Pavés. A ver si de una vez la Justicia toma cartas en el asunto y pone en evidencia lo que mucho sabemos, que la Iglesia Católica tiene mucho de secta peligrosa. 

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