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Las noticias que El País exagera y las que silencia.



Hace unos años los lectores acudían a las páginas del diario El País en busca de la información más seria que podía tenerse en estos territorios patrios. Últimamente esos mismos lectores acuden a sus páginas, o a su web, para comprobar hasta qué punto exagera unas informaciones y silencia otras, en una política editorial encaminada a satisfacer a sus amos: los tiburones financieros y el PP.  
 
Entre otros asuntos es significativo ver hasta qué punto El País le ha declarado la guerra a Podemos y a su líder, el catedrático y politólogo Pablo Iglesias. Después de pasar la campaña de las elecciones europeas excluyendo a esa formación en las encuestas de intención de voto, con el propósito de ocultar la existencia de esa alternativa, cuando no tuvo más remedio que aceptar el inesperado triunfo de una formación, que en tan solo tres meses y con un presupuesto muy escaso –sin depender del chantaje de los bancos que otorgan créditos-, consiguió cinco diputados al parlamento europeo, no ha cesado de dar noticias que puedan lesionar a ese partido y a sus dirigentes. Así no dudo en titular: “Las bases de Podemos se enfrentan a sus fundadores para exigir democracia interna”, cuando lo que sucedió fue que hubo un debate abierto, cosa que no sucede en los partidos que El País tanto respeta, y en los que el nivel de democracia interna es ínfima cuando no inexistente. 

El jueves volvió a la carga con otra noticia sobre las disensiones que se registran, según ese periódico, en el seno de Podemos, en lo que no es sino un sano ejercicio de democracia interna. Mas cualquier cosa le vale al antaño referente informativo para criminalizar una formación que da mucho miedo al poder establecido. Esos deben ser los motivos por los que titulaba sobre las elecciones en el seno de Podemos para designar una lista de personas que trabajen en la organización de lo que se pretende un proceso constituyente en el otoño y titula: “El círculo de enfermeras de Podemos presenta una lista alternativa”, cuando la noticia  que daban otros medios se acercaba más a la realidad: "Podemos abre la votación para elegir al equipo que preparará su asamblea constituyente".

Aunque no solo su enemiga a determinadas formaciones ajenas al bipartidismo dan idea de la deriva actual de El País. La importancia que se da a una noticia en portada, y cómo se da, lo dice todo de la línea editorial de un periódico. Y en los últimos meses las portadas de El País han sido significativamente sesgadas. Sobre todo a la hora de acallar protestas ciudadanas. Estuvo semanas silenciando la convocatoria de las Marchas de la Dignidad, y cuando se celebraron, sesgó la información reduciendo a una cifra grotesca el número de participantes, para dar mucha más importancia, siguiendo la consigna del Gobierno, a los altercados que muchos sospecharon fueron provocados por quienes estaban interesados en reventar y desprestigiar la protesta ciudadana, que al éxito de la convocatoria. 

El día en el que el Congreso votó el documento que da naturaleza jurídica a la abdicación de Juan Carlos I, silenció la protesta de los manifestantes de Rodea el Congreso a los que la policía impidió acercarse a la sede parlamentaria, en una política represiva impropia de un país democrático. En ninguna otra democracia, y hasta en regímenes que no lo son, se les ocurre a los gobernantes impedir que los ciudadanos se acerquen a las puertas de su parlamento porque se supone que es eso, suyo. Sin embargo, en este país se pone continuamente en evidencia que la supuesta sede de la soberanía nacional no es sino una fortaleza donde se encastillan los privilegiados mandamases que disponen todo según su criterio sin escuchar al pueblo. El País, tan aficionado a dar lecciones de democracia, y señalar como dictaduras a regímenes como los de Venezuela o Cuba, no publicó una línea dando información de una protesta en la que hubo más policías que manifestantes, y se prohibió a los ciudadanos que se acercasen a la sede de la supuesta democracia que es el Parlamento. 

Desde que se conociera la abdicación de Juan Carlos I, los titulares y artículos de opinión sobre el asunto recordaban más a la revista del colorín ‘Hola’ que a un medio supuestamente serio e imparcial. Las dosis de jabón dedicadas al monarca y a su sucesor, las acerbas críticas a quienes exigen un referéndum para pronunciarse libremente por el sistema de Estado que se quiere, y el ninguneo o minimización de las manifestaciones republicanas pusieron, una vez más, en evidencia la deriva oficialista del otrora periódico referencia del progresismo. Siempre al servicio del Ministerio del Interior y sus prebostes, no se coarta en crear en la ciudadanía un estado de alarma advirtiendo, como quieren los altos cargos de ese ministerio, del riesgo de un atentado el día de la proclamación del futuro Felipe VI, o señalando, como hizo el director general de la Policía, el muy reaccionario Ignacio Cosidó, del peligro que suponen los grupos anarquistas.

Resulta curioso ver de qué modo tan distinto titulan unos medios u otros, para darse cuenta de por dónde transita el otrora prestigioso El País. En tanto el diario digital ‘Público’ explica en su portada que cada español prestó a los bancos 1.300 euros y solo recuperó 37, en relación con el rescate impuesto al pueblo español por el Gobierno y la UE, El País titula la misma noticia con un aséptico: ‘El Estado recupera menos del 3% de las ayudas a la banca en capital desde 2009’. La noticia es la misma. Mas en tanto el diario digital señala que el dinero prestado a los bancos lo fue por todos los ciudadanos que lo han perdido irremisiblemente a favor de la casta especuladora, El País recurre a un impersonal ‘El Estado’ para quitar hierro al asunto, despersonalizándolo y haciendo pensar a los lectores que quien pierde dinero con los bancos es un ser inmarcesible y no cada españolito de a pie

Algo similar hizo el diario de Prisa con la sangrante noticia de que dirigentes del PP en La Rioja y Galicia se negaron a que se abriesen los comedores escolares durante el verano, con el fin de que puedan comer los niños de familias en riesgo de exclusión a causa de la crisis, con el argumento de que si se tomaba a cabo esa medida se ‘visibilizaría la pobreza’. El País informaba del asunto con un farragoso artículo sobre su debate en las Cortes galegas, sin cuestionar la moralidad de unos politicastros sin alma, más preocupados en negar la crisis que en atender a los ciudadanos. Hasta en el lenguaje utilizado por el periódico dirigido por Antonio Caño se percibe la deriva pacata y conservadora de ese medio, cuando alude a ‘familias necesitadas’, en lugar de expresar que se trata de muchos cientos de miles de víctimas de la exclusión social causada por una crisis que paga el pueblo cuando los causantes son otros; o de trabajadores perjudicados por la Reforma Laboral del Gobierno que ha empobrecido implacablemente a lo que en el pasado eran clases medias. 

Así, la manipulación del diario otrora propiedad de Jesús Polanco y ahora en manos de inversores como Lehman Brothers, entre otros, se percibe tanto en su modo de titular las noticias, la manera de contarlas o el modo de ocultar algunas, haciendo de ese diario un boletín al servicio del PP y el establishment.

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Comentarios

  1. Esto no tiene arreglo como no sea con un golpe de mano.
    Estoy muy desilusionado, pero no quiero caer en lo que ellos quieren, para machacarnos.Pelearé hasta que mis fuerzas se acaben.
    Un abrazo

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    Respuestas
    1. No tiene arreglo tal y como están las cosas. Pero lo arreglaremos. Podemos. Lo que no hay que hacer es cejar y desilusionarse, que es lo quieren ellos, efectivamente.
      Abrazo grande.

      Eliminar
  2. Una es el concepto de la democracia y otra cosa es su aplicacion:partidos, prensa, gobierno.

    Es normal y a pasado en cada momento de la historia, los del poder no lo quieren perder de ninguna forma, en todo los paises los grandes fuerzas se unen temporalemte para cerrar el paso a otro.

    El poder desgraciadamente corrompe de 1001 formas.

    Se deberia pedir que aparesca micro-sociedades en algunos barrios que experimenten formas diferentes de organizacion social, (como los llamados kibutz) y de alli sacar las concluziones. Es peligroso experimentar por un pais entero, asi, muchos cidadanos tendrian donde canalizar sus energias, corregir las ideas, ver las dificultades. Rebajeria la tension de la sociedad, todo seria mas plural.

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