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El sentimiento republicano y la manipulación mediática de la que El País es el rey.




Las manifestaciones a favor de un periodo constituyente que permita a los ciudadanos pronunciarse, determinar si se opta por una monarquía o una república, jalonan toda la geografía del país. Cuarenta ciudades registraron ayer concentraciones multitudinarias para reclamar que se la escuche a la hora de determinar el modelo de Estado. Y catalanes y vascos reivindicaron a la vez su derecho a pronunciarse por su independencia, los últimos en una cadena de más de cien kilómetros que unió Durango con Pamplona y los primeros celebrando concentraciones con ‘castellet’ no solo en Catalunya sino en varias ciudades europeas.

 Poco le importa a la población que se manifestó si esa consulta parte de una referéndum, en que pronunciarse por una sencilla cuestión en la que se inquiera si quiere monarquía o república, o si se hace a través de una modificación constitucional –como la que tan fácil  resultó hacer al PSOE y al PP para poner la economía del país al servicio de la banca alemana y en contra de los derechos de los españoles- o de un nuevo periodo constituyente. Como dijo hace muchos años el presidente González ‘Negro o blanco el gato, lo importante es que cace ratones’, invocando un proverbio chino citado muchos años atrás por el dirigente chino Deng Xiao Ping. Al pueblo no le importa el método que se utilice, sino que se le permita expresar su voluntad y hacer oír su voz. 

Sin embargo, a los dirigentes acomodados en un poder inmovilista del que no quiere apearse, porque sabe que, de consultar al pueblo este le indicaría el camino de salida, se aferran al mensaje falaz de que la Constitución es inamovible, aún cuando bien cerca está la modificación a traición que llevaron a cabo los dos grandes partidos, con la introducción del articulo 135 que puso la economía española al pie de los caballos de las imposiciones de los mercados. Para llevar a cabo ese cambio, contrario a los intereses de los españoles, PSOE y PP no necesitaron más que un cruce de breves llamadas telefónicas y la celebración de un pleno en el que juntos perpetraron una verdadera traición a sus votantes. Sobre todo a los votantes del PSOE. Fue aquella decisión la que llevó a ese partido a un estado de debacle de la que saldrá muy difícilmente, si sigue apostando por los mismos principios que una derecha inmovilista, empeñada en ignorar la voluntad del pueblo y que cuenta para ello con la colaboración de unos medios de comunicación al servicio del poder, que ningunean y minimizan la importancia de los movimientos sociales. 

El acuerdo al que llegaron, no se sabe si en horas, semanas o meses, dada la falta de transparencia que ha rodeado el asunto, los dos partidos mayoritarios -hasta las pasadas elecciones-, para legislar cómo se producirá, a través de una legislación ad hoc, la abdicación y la sucesión en una nueva bofetada al sentir de la ciudadanía, al ignorar por completo lo que quiere una población cansada de ser mera convidada de piedra en una pseudodemocracia en el que el único derecho que se reconoce al pueblo es introducir una papeleta en una urna cada cuatro años para, a continuación, permanecer callado y pasivo a cualesquiera de las decisiones que toma el poder, por muy lesivas que resulten para él. 

Mas la ciudadanía está diciendo desde hace muchos meses que no le basta ese juego de apariencia democrática, en la que no se la escucha para tomar decisiones que la afectan. El clamor de la calle es ignorado por los dos grandes partidos y por una prensa sometida a los dictados del poder, porque, arruinada por la crisis, decidió venderse a los mercados y a los poderosos, haciendo dejación del primer deber de cualquier medio honrado que debería ser, ante todo, contar la verdad, reflejar una realidad que, sistemáticamente, viene falseando en los últimos años. 

El paradigma de esa bajada de pantalones informativa lo constituye el diario El País que, de ser un referente informativo durante los años de la mal llamada Transición, se ha puesto vergonzosamente al servicio del establishment, dando muestras tan zafias de manipulación como la del domingo 8 de junio, en cuya titular de portada, y a cuatro columnas, proclamaba: Una mayoría prefiere a Felipe VI que a un presidente republicano’, para contradecirse en el subtitular en el que informaba de que: ‘Un 62% de españoles quiere votar sobre la jefatura del Estado’. No es la única contradicción o manipulación de un periódico que lleva en los últimos meses varios ridículos a sus espaldas, como cifrar en 55.000 los más de un millón de participantes en las Marchas de la Dignidad, que ignoró por sistema, en los días previos a las elecciones europeas a Podemos, negándose a incluir a esa formación en las encuestas de intención de voto. La realidad electoral le dio la bofetada de que obtuviera cinco diputados. Su peculiar manera de ocultar la realidad se pone en evidencia en los últimos días en los esperpénticos pie de foto sobre las manifestaciones republicanas, cifrando estas en un número de participantes que las propias imágenes desmienten, o calificando como ‘varios manifestantes’, centenares de ellos. 

Por mucho que el poder y la prensa a su servicio quieran manipular la realidad, el descontento de la ciudadanía y su decisión de pronunciarse por las cuestiones que la afectan acabará imponiendo su voluntad. Este país ya no es la acobardada nación a la que se impuso un sistema de Estado con el miedo a los militares y los poderes fácticos. El pueblo está tomando conciencia de que su voz tiene que oírse y que el poder debe estar en sus manos y no en las de una élite que toma decisiones a su antojo de espaldas al sentir ciudadano.
 
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Comentarios

  1. Quieran o no estamos en una nueva época, por mucho que quieran tener amordazada a la prensa y comprada convenientemente.
    Podemos y lo haremos sólo es cuestión de tiempo.

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